Encuentro ocasional con un ángel

Historias de la calle y el verdadero valor de la gratificación como pago a una acción en provecho nuestro.

Ángel Gómez Giraldo

Caminando una tarde después de aguacero y un sol recuperado en Pereira, llegué hasta la esquina de la calle 23 con carrera 4a. donde se encontraba un puesto de dulces y cigarrillos antes de la pandemia, y uno podía saborear la vida en un confite.

Me detuve allí para saludar a una amiga que hacía meses no veía, tan bella la mujer que al verla el varón queda sin buenos pensamientos y con un deseo irreprimible de llevarla a casa.
Era pues mi obligación detenerme para saludarla y vivir la eternidad de un abrazo suyo en solo unos pocos minutos.

Con ella una señora en la edad que lleva a la mujer más a la iglesia que al club social.
Mi amiga y yo, tan dicharacheros, le permitimos entrar en la charla.
Con la señora en mención un niño de unos cinco años de edad, ambos rostros de visible distinción.
El del niño me llamó la atención por su belleza. Parecía un ángel pintado por Durero, el alemán poseedor de la fuerza expresiva de la figura.

El pequeño hacía sagrada presencia y silencio de estatua, siempre al lado de la señora que nos resultó bastante amistosa para ser la primera vez que tanto mi amiga y yo la tratábamos.
El pequeño no hacía sino observarnos. Tal vez se preguntaba sin sacar palabra: ¿Quiénes serán estos de tan abundante expresión?

Queriendo saber el parentesco que tenía el niño con la señora, indagué a esta:

Dama… ¿quién es el niño tan bello que la acompaña? ¿Quizás es su ángel de la guarda?
Antes de responderme se dirigió al niño y luego a mi con la mirada.
– Es mi nieto.

Les aseguro que lo dijo con evidente orgullo que vi en ese movimiento vanidoso de los labios que hacen las mujeres presuntuosas al hablar de sí mismas como de la familia.
El niño me miró embelleciendo más su rostro con una inocente sonrisa, pero continuaba estático, no movía siquiera la cabeza.

Hágase de cuenta una obra de arte de esas que es obligación crear para adornar el frontispicio de edificaciones consideradas de valor arquitectónico para la ciudad.

Continúa
La charla del reencuentro con mi amiga y del encuentro ocasional con la abuela y el nietecito se hacía tan amena que ninguno parecía estar dispuesto a la despedida y a continuar la marcha. De un momento a otro se presentó lo inesperado:
El niño sin pronunciar palabra, introdujo la mano en el bolsillo del pantalón y con la habilidad de un mago profesional, sacó un confite, Coffee Delight, y sin dejar el mutismo que mantenía me lo entregó como regalo.

Esta acción espontánea fue para mí y para las mujeres quienes se encontraban conmigo como la fresca brisa de una tarde de verano en la Perla del Otún.

De pronto y sin nubes en el cielo que amenazara lluvia escuchamos un trueno cual grito de hombre que ha sido condenado a pagar sus delitos en el infierno.
Sin embargo temiendo que el trueno fuera presagio de otra lluvia con tempestad eléctrica, decidimos separarnos.

Y para qué les cuento que a mí, gracias al encuentro con personas tan agradables me quedó hasta el día siguiente un sabor en la boca a Coffee Delight.

Posterior
Días después leyendo al filósofo antioqueño Fernando González, el mismo de Viaje a Pie, encontraría una frase suya muy coherente: “La belleza de las personas es como el timbre en la poesía”. Sin lugar a dudas hay seres humanos con belleza musical. Terminan en el teatro, el cine o el modelaje. A veces basta una sonrisa para hacer bello el rostro de una persona.

Antes de animarme a este relato de aspecto cotidiano le conté a una psicóloga amiga mía, de esas que se tornan en “componedoras” no del comportamiento sino del descomportamiento social de sus amigos más entrañables, sobre el encuentro vivido en el centro de la ciudad días antes, y opinó al respecto:
“Ángel, en cuanto al comportamiento del niño contigo obedeció a un acto inconsciente de la gratificación que es inherente al ser humano. Entienda que lo que hizo fue recompensarte por los elogios que le hiciste a su persona”.

Luego agregó: “Todos los individuos buscamos ser importantes y sobresalir socialmente para ser reconocidos en el grupo. Es el dar y dar. Si yo no doy, nadie me da”.

De la historia
En la misma historia universal encontramos ejemplos de recompensa:
Víctor Hugo en su inmortal obra “Los Miserables” cuenta de un obispo que habiendo caído en desgracia con Napoleón después de la revolución, perdió su jerarquía eclesiástica y su diócesis quedando como un simple seglar sin siquiera parroquia.
Meses después el obispo venido a humilde religioso hizo lo que pudo para estar cerca al emperador, y vaya que lo consiguió.

Como lo miraba fijamente y con gesto de admiración, Napoleón preguntó: “¿Quién es ese buen hombre que me mira?
El religioso se adelantó a responderle: ”Soy M. Myriel, vos miráis a un hombre bueno y yo miro a un grande hombre”.
Con tal deferencia se ganó la voluntad de Napoleón, de tal forma que lo volvió a nombrar obispo.

 

La belleza de los ángeles ha inspirado a todos los pintores a través de la historia.

Tardes de Pereira como para un encuentro ocasional con un ángel en la calle.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -