Colaboración especial
Arcadio González –
Archivo General de la Nación
Han pasado 158 años desde aquel 30 de agosto de 1863 cuando, en horas de la mañana, la ‘Ciudad Prodigio’ nació oficialmente a la vida republicana de Colombia.
Fue en la primera misa solemne oficiada por el padre Remigio Antonio Cañarte, quien en compañía de otras destacadas figuras púbicas de entonces dio vida a una de las poblaciones más pujantes de nuestro país.
Para conmemorar esta fecha especial, el Archivo General de la Nación quiere sumarse con la publicación de dos mapas originales, poco conocidos hasta el momento, y que son custodiados en el repositorio histórico de la entidad.
El primero, de 1863, corresponde a la zona comprendida entre las actuales Pereira y Manizales, en el que se muestran las posiciones y campamentos de los ejércitos beligerantes.
El segundo, de 1946, viene acompañado con un ‘Compendio histórico-Geográfico de Pereira’, un manuscrito que en 21 puntos resume lo que era la naciente población con datos tan curiosos como que para ese momento Pereira tenía 80.000 habitantes (hoy tiene 470 mil); su extensión territorial era de 455 km2, actualmente sobrepasa los 702 km2 (95,5% rural y 4,5% de zona urbana); el presupuesto de ese año fue de $4’357.583 mientras que el de la vigencia actual supera los $862.414 millones.
Este mapa histórico -que es de libre consulta en el AGN-, incluye además el himno original de la ‘Perla del Otún’ escrito por el poeta Julio Cano con música del maestro Luis A. Calvo; un listado de todas las escuelas rurales, las oficinas municipales, la distancia a las principales ciudades del país y hasta los principales radioperiódicos de la época.
Un poco de historia
El manuscrito del mapa reconstruye a grandes rasgos la historia de la ‘Ciudad de las puertas abiertas’. Cuenta que el mariscal Jorge Robledo fundó el 9 de agosto de 1540 a San Jorge de Cartago en el mismo sitio en donde hoy está Pereira; pero la población fue abandonada por sus primeros habitantes por razones económicas, y debido a los constantes asaltos de que eran objeto por parte de los indios Pijaos.
Decidieron, entonces, trasladarse al territorio que hoy ocupa la actual Cartago, Valle del Cauca fundada en 1691. Ese territorio permaneció abandonado por más de 150 años.
Sin embargo, en su libro ‘Apuntes para la historia de Pereira’, el considerado primer historiador de esta capital, don Carlos Echeverri Uribe -paisa de nacimiento-, dice que “172 años permaneció abandonada la localidad que ocupó Cartago”.
En 1840 el doctor José Francisco Pereira quiso reconstruir la desaparecida población de San Jorge de Cartago, pero fracasó en su intento ya que en ese año estalló la guerra civil en Colombia.
Y solo fue hasta el 24 de agosto de 1863 que el presbítero Cañarte en compañía de Félix de la Abadía, Jorge Martínez, Sebastián Montaño, Francisco N. Penilla y los jóvenes Elías Recio y Jesús M. Ormaza emprendieron marcha de exploración hacia el sitio de la ciudad abandonada.
En sus primeros seis años de vida, la reconstruida población se llamó Cartago-Viejo, pero en el mismo calendario pasó a llamarse Villa de Pereira “en honor del Dr. José Francisco Pereira”.
Echeverri Uribe dice en su libro que “hasta el 31 de diciembre de 1903 perteneció Pereira a la Provincia del Quindío del Departamento del Cauca, pero a partir de esa fecha en adelante, y a virtud de la Ley 9 del 16 de septiembre de 1903, que creó la Provincia de Robledo, con capital en esta ciudad, quedó formando entidad aparte, con los municipios de Santa Rosa, María, San Francisco y Segovia y los corregimientos de La Paz, Gutiérrez y Palestina” (sic).
Y como para mostrar que hoy como en 1921 -cuando escribió su obra- la vida no ha cambiado mucho en la actual ‘Querendona, trasnochadora y morena’, el maestro Echeverri escribió:
“En Pereira se vive fácil, relativamente: los que tiene grandes capitales viven de las rentas que estos les proporcionan; la clase acomodada vive del comercio de telas y la ganadería; los agricultores del producto del café y la caña de azúcar que son las principales plantas que se cultivan; los artesanos del producto de sus talleres, pues son muy activos y hábiles en sus respectivos oficios; la clase pobre vive del salario que se proporciona diariamente y que nunca le falta”.



