20 de julio de 2022

Alexánder Ríos Arboleda
Columnista

En un acto que parecería solemne se hizo la instalación del nuevo Congreso de República con la participación de los entes que la conforman Senado y Cámara. Con un bloque importante de congresistas del Pacto Histórico y otros de su línea de pensamiento, se dedicaron a chiflar el discurso del presidente Iván Duque, quien presentaba el informe final de su gestión. No obstante una vez él terminara y por el estatuto de la oposición tendrían la palabra para controvertir el informe.
Como bien lo han descrito varios de sus asistentes, ese acto parecía más una corraleja, por lo folclórico de la actuación de los referidos congresistas de oposición. Olvidando los nuevos y los viejos repitentes elegidos, que su eslogan de campaña hablaban de cambio, pero lo que se ha visto hasta el momento es más de lo mismo. Sin el más mínimo pudor abrazaron a sus contradictores de campaña para obtener las mayorías en el recinto, que permita el trámite de las leyes que quieren implementar para cristalizar su programa de gobierno. La repartija de las Presidencias, Vicepresidencias, Secretarías y cuanto puesto hay en el legislativo fue objeto del festín. Es tan grotesco el espectáculo que hasta tanto no se tramite la renuncia de un magistrado del Consejo Nacional Electoral designado para la Secretaría de la Cámara, no se podrá instalar la mesa directiva de esa corporación. ¡Que confianza la que se tienen!
Luego de la intervención del presidente, la oposición le da la vocería de su colectivo al más inverosímil personaje de la ex Farc Carlos Lozada, quien no guarda una pizca de respeto a los colombianos, no obstante ser señalado por sus víctimas de muchos desafueros entre otros el de pedófilo. Estos congresistas de oposición olvidan guardar cualquier consideración a los colombianos, cuando las víctimas de tantos delitos cometidos por “tornillo” están mencionadas en las audiencias de la JEP y escritas en los expedientes históricos de las barbaridades de estos delincuentes.
En el recinto del Capitolio lo que debió verse fue respeto e intelectualidad. Las cifras del presidente Duque es el resultado de 4 años de trabajo de los más difíciles en la historia reciente colombiana, especialmente por la migración venezolana y la pandemia mundial del COVID. No obstante se atendió con esmero las dos situaciones, con reconocimiento internacionalmente. Se avanzó en la transición energética. Se continuó construyendo infraestructura vial para ser más competitivos y los indicadores económicos los dejan al alza después de los días oscuros de la pandemia.
Duque hizo gala de demócrata y le deseó al nuevo gobierno el mejor de los éxitos, nunca se escuchó una amenaza velada de impedir el accionar de la nueva administración. A diferencia de lo que sí hicieron en su gestión los que asumen hoy el poder, como fue sabotear una y otra vez el andar de la Nación, con paros patrocinados por el narcotráfico y guerra masiva de mentiras, que le costó al país muchas pérdidas económicas y de vidas.
P.D. Lo que le faltaba a la semana, la captura de otro alcalde de Risaralda, esta vez el de Balboa. Esta plaga de la corrupción no para y continúa dejando perplejos a quienes deseamos que el manejo del erario, sea pulcro para consolidar el desarrollo de la tierra que vio nacer a sus gobernantes.

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