Roberto Vélez Correa o la clarividencia literaria

Un ocho de febrero detuvo su pluma feraz, sus proyectos y por supuesto su vida ejemplar. La partida de Roberto dejó un vacío enorme en el alma de sus amigos, en la cultura regional y nacional.

 

Conrado Alzate Valencia*

 

Casi todos los escritores de Caldas tenemos una deuda muy grande con Roberto Vélez Correa (Manizales, 1952 – Manizales, 2005), pues siempre estuvo pendiente de nuestro quehacer cultural y literario. Él reseñó en periódicos y revistas nuestras primeras creaciones. Nada se escapó de su ojo clínico, ni siquiera las publicaciones más modestas que circulaban en la región. Fue la voz, el amanuense y adalid de los silentes, de los tímidos, de los nadie. Vélez Correa hizo del lenguaje su casa y su vida. Y comenzó a escribir muy joven; tenía sólo 26 años cuando publicó su opera prima Retoños de piedra y 29 años cuando dio a conocer su novela Fantasmas del mediodía.

Roberto fue Docente de literatura de tiempo completo en la Universidad de Caldas; Docente del curso “Estudios de literatura hispanoamericana”, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León, España; Decano de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Facultad de Artes y Humanidades, de la Universidad de Caldas. Y Magister en Literatura Latinoamericana, Universidad de Colorado, Boulder, EE. UU.

Y más aún, dio a conocer entre otros, los siguientes libros: Retoños de piedra (cuentos, 1978), Fantasmas del mediodía (novela, 1981), Gardeazábal (ensayo, 1986), La pasión de las Gárgolas (novela, 1987), El eterno elusivo del poema (ensayo, 1994), Luces de Mackenna (ensayos, 1996), Bernardo Arias Trujillo: el escritor (ensayo, 1997), Misterios y encantos de la intertextualidad (ensayo, 1997), Los suicidas de la palabra (cuentos, 1997), De lo vivo, díscolo e insondable (columnas de opinión, 2000), El misterio de la malignidad: el problema del mal en Roberto Arlt (2002) y Literatura de Caldas 1967-1997: historia crítica (2003). Además, fue director de Hipsipila: revista cultural de la Universidad de Caldas.

Yo lo conocí en la Biblioteca del Banco de la República, en 1998, creo que fue en un recital organizado por los desaparecidos Juegos Florales de Manizales. Ahí estaba él, escuchando con atención a los poetas invitados. Recuerdo que una vez me encontré con él en un café de la carrera 23, y me pidió el favor de que le firmara Canción de Ahasverus, un libro ingenuo que yo acababa de publicar en memoria del poeta Carlos Héctor Trejos Reyes y con el cual había sido finalista en la Primera Convocatoria Departamental de Poesía Inédita (2000), de la Editorial Manigraf. Difícil de creer, ¡el maestro solicitándole un autógrafo a un aprendiz, a un desconocido!

Roberto Vélez Correa fue un trabajador concienzudo de la literatura regional, un enamorado de lo comarcal. Un buen ejemplo de cuento expreso en estos breves renglones es Literatura de Caldas 1967-1997: historia crítica, publicado en el 2003, donde aparecen muchos nombres e impresos de nuestro corpus literario. Es más, pocas veces se equivocó cuando habló del futuro de los artistas, ignorados en ese entonces. Muchos de los que él señaló con generosidad son ahora los grandes de Caldas y el país. Al respecto, el poeta Juan Carlos Acevedo Ramos, en el prólogo del libro La otra mejilla: aproximaciones críticas a la obra de Roberto Vélez Correa, señala: “…honesto hasta los huesos, decidió por cuenta y riesgo jugar a favor de nombres que no representaban nada en su momento para las letras nacionales, los mismos que hoy ostentan premios, publicaciones y continuidad en este medio”. Vélez Correa le dio nombre a los innominados y un sitial en los círculos literarios de la capital a quienes llegamos de otros meridianos.

Un homenaje editorial póstumo

Un buen homenaje póstumo que se le ha tributado es la publicación de La otra mejilla: aproximaciones críticas a la obra de Roberto Vélez Correa (Manizales: Centro de Escritores de Manizales Roberto Vélez Correa, 2005), una obra de 239 páginas que recoge más de 60 ensayos breves. Este impreso es una exegesis aleccionadora, justa y amena sobre la producción de Roberto Vélez Correa.

Por estas hojas de crítica literaria, discurren Fabio Vélez Correa, Ovidio Rincón P., José Miguel Alzate A., Adel López Gómez, Javier Arias Ramírez, Fernando Escobar Giraldo, Euclides Jaramillo Arango, José Luis Díaz Granados, Idelfonso Buitrago Arango, Jorge Eliécer Zapata Bonilla, Jonathan Titler, Orlando Sierra Hernández, Néstor Gustavo Díaz B., Álvaro Pineda Botero, Ángel P., Carolina Torres Posada, Germán Vargas, Carlos Arboleda González, Fernando Acosta Riveros, Hernando García Mafla, Manuel Simón Viola, Carlos Augusto Jaramillo, Marcela Castillo Villegas, Diana Hoyos Valdés, Ramón Illán Bacca, Juan Carlos Acevedo Ramos, Jaime Carbonell Parra, Jaime E. Jaramillo, Orlando Mejía Rivera, Flóbert Zapata Arias, Gloria Luz Ángel, Antonio María Flórez, Jorge Raad Aljure, Octavio Escobar Giraldo, Diego Fernando Hidalgo, Pablo R. Arango, Edgardo Escobar Gómez, Marcela Cerón Rubio y Carlos Fernando Alvarado.

Por otra parte, la muerte, ese tigre solapado que se mueve por los bosques del misterio y que llega cuando menos lo esperamos, le asestó un golpe brutal, un ocho de febrero detuvo su pluma feraz, sus proyectos y por supuesto su vida ejemplar. La partida de Roberto dejó un vacío enorme en el alma de sus amigos, en la cultura regional y nacional.

Marcela Cerón Rubio se despide del narrador y el ensayista con estas palabras sensitivas: “Ahora el verbo reposa en paz, con la tranquilidad del deber cumplido y con la satisfacción de saber que su obra excepcional, es el testimonio de un hombre que hizo de la palabra su propia vida, incluso esquivándole a la Parca”.

Y Orlando Mejía Rivera cierra La otra mejilla: aproximaciones críticas a la obra de Roberto Vélez Correa con un deseo alentador: “Mi amigo Roberto seguirá siempre vivo en sus obras. En el espacio mágico de la literatura los diálogos continúan más allá de la muerte. Sólo se muere con el olvido total y mientras a l g u i e n abra y lea uno de sus libros la vida lo seguirá tocando donde esté”.

Cabe señalar que hoy, 11 de julio, día en que concluyo estas notas biográficas, sale de este mundo el célebre pensador checo Milan Kundera, autor de La insoportableW levedad del ser. Otra vez el fatídico 11 juega siniestramente en contra de la literatura universal. En consecuencia, digamos que estas humildes líneas que ahora escribo desde la gratitud y la nostalgia intactas, pueden parecer una tediosa relación onomástica y bibliográfica, pero no es así. Es una pequeñísima guía para los que quieren conocer un poco sobre la vida y la obra de Roberto Vélez Correa, uno de los hombres más prolíficos que ha dado el departamento de Caldas. Se trata de un tímido acercamiento al escritor, al filósofo, al periodista, al académico, al filántropo, al humanista y ante todo al maestro inolvidable.

*Ciudad del Ingrumá, julio 11 de 2023

 

ROBERTO VÉLEZ CORREA

(1952 – 2005) Escritor, docente y crítico literario. Nació en la ciudad de Manizales, Departamento de Caldas, hijo del odontólogo Roberto Vélez Arango y de Angélica Correa de Vélez. Siendo muy joven su familia se trasladó al municipio caldense de Risaralda donde pasó la mayor parte de su juventud. Su amor por los libros y el arte lo heredó de su padre, gran lector y escultor aficionado que con su ejemplo no sólo lo influenció a él, sino también a sus otros tres hijos, Fabio, Gabriel y Jorge, quienes junto a Roberto formaron una importante familia de filósofos, escritores y artistas caldenses.

Durante la década de los setenta adelantó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, los cuales complementó con una maestría en Literatura en la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, de la cual se graduó con honores a finales de los años ochenta. Su obra se caracteriza por ser variada en géneros y temáticas, aunque sobresale su interés por el estudio de la literatura y los autores caldenses. Cultivó el cuento, la novela y el ensayo, además de la crítica literaria y sus constantes colaboraciones en periódicos y revistas.

Entre sus obras se destacan las colecciones de cuentos “Retoños de piedra” (1979), “Los suicidas de la palabra” (1999); las novelas “Fantasmas de mediodía” (1981), “La pasión de las gárgolas” (1987), así como sus estudios literarios “Gardeazábal: ensayo” (1986), “Luces de Mackenna” (1996) y “Literatura de Caldas 1968 – 1997” (2003).

Foto: Iberlibro
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Foto: UTP
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Se desempeñó como docente en diversas instituciones universitarias tales como la Universidad de Colorado, la Universidad de León en España, pero de manera más constante la Universidad de Caldas, en Manizales, de la que no sólo fue catedrático sino decano y director de diversas facultades y escuelas, tales como la Facultad de Artes y Humanidades y la Facultad de Filosofía y Letras. Se desempeñó como docente en diversas instituciones universitarias tales como la Universidad de Colorado, la Universidad de León en España, pero de manera más constante la Universidad de Caldas, en Manizales, de la que no sólo fue catedrático sino decano y director de diversas facultades y escuelas, tales como la Facultad de Artes y Humanidades y la Facultad de Filosofía y Letras.

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