La enfermedad del Presidente

Iván Tabares Marín

Varios columnistas hemos dudado de la salud mental del presidente Petro
porque conocemos sus memorias y por los numerosos síntomas y signos
clínicos que revela. En la página 62 de sus memorias relata Petro sus
síntomas emocionales o psiquiátricos que un médico diagnosticó como la
enfermedad o síndrome del soldado: delirios o síntomas paranoides (“ver
llegar un camión militar cerca y pensar que venían por mí”), caída del cabello,
ataques de pánico, “comencé a sufrir unas migrañas espantosas”. Todos sus
síntomas se debían, según él, al temor de formar parte de los grupos
guerrilleros del M – 19 del sur del país.

El hecho de ser presidente de la República, con sus numerosos fracasos y
errores, las denuncias de su hijo y de Armando Benedetti, el suicidio de uno
de los oficiales de confianza, el escándalo de Laura Sarabia y la confrontación
permanente con la Fiscalía, altas cortes, Procuraduría, medios o gremios
económicos, y los resultados adversos de sus programas, son eventos mucho
más graves que el terror de tomar un fusil. Es de sentido común suponer que
su estado mental no es el mejor para la gran responsabilidad que asumió sin
preparación.

Los defensores de Petro ignoran que muchas enfermedades mentales graves,
como la esquizofrenia simple, la psicopatía, el borderline o el narcisismo,
pasan desapercibidas para los no expertos y, mucho más, para quienes viven
la militancia en un partido como un culto o una secta religiosa y consideran a
su líder un mesías, lo cual es manifiesto en los comentarios de los petristas
en redes sociales y en la W Radio.

El caso del psicópata o antisocial es particularmente significativo porque el 1
por ciento de los ciudadanos son psicópatas y porque pasan desapercibidos
para sus familiares. En su familia puede haber un psicópata y usted no se ha
dado cuenta. Por eso resultan ridículas las defensas de la salud mental de
Petro presentadas por su ministro del interior y la muy inculta María José
Pizarro.

Entre los síntomas mentales de Gustavo Petro que todos los colombianos
vemos en sus acciones diarias sobresalen: miente continuamente, no tiene
autocrítica o no reconoce sus errores, culpabiliza a otros de sus fallas, delira
permanentemente; se cree un hombre especial que va a salvar el mundo de
su destrucción y a Colombia de los abusos de la mitad de los colombianos
que no votamos por él (mafiosos, blanquitos, autores de los falsos positivos);
es mitómano, con delirios de grandeza y de persecución, cínico, confunde sus
fantasías con la realidad; es incumplido como si los otros no merecieran
ningún respeto; es amoral como su campaña que “corrió las líneas de la
ética”.

Si Gustavo Petro tuviera autocrítica y estuviera convencido de su salud
mental, aceptaría un examen médico-psiquiátrico que le piden algunos
partidos; pero como no está obligado, nunca lo aceptará. Se acaba de
presentar un proyecto de ley en el Congreso que obliga al presidente a
realizarse un examen médico cada año.

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