La tarde que el sol se quitó la camisa en Pereira

El grabado proyectando su luz en la sala de exposiciones del Colombo Americano y la subjetividad de los conceptos.

Ángel Gómez Giraldo

La tarde fue de un sol infiltrado en el clima bipolar últimamente aquí.
– ¿El día?
– Viernes 24 de este mes, después de la conmemoración de la Aparición de María a los tres pastorcitos en Coba de Iria, sitio de Fátima, Portugal.
Esa vez no se encontraban putas ni travestis a la sombra de los árboles de mango como lo vemos ordinariamente.
Tampoco mimos caricaturizando a quienes se atreven a cruzar la plaza con la presencia de un “caripintado”.
Mejor dicho, no había ninguna actividad recreativa de frente al Libertador del que se asegura que tan solo se dejó desnudar de Manuelita Sáenz y del escultor Rodrigo Arenas Betancourt.

Llegando
Yo allí recién llegado analizando cosas y pensando en lo que podría estar escondiendo esta calma inusual.
En estas me encontraba cuando decidí avanzar hacia el semáforo que se encuentra en la esquina de la carrera 7a.
Decidido a pasar la calle más el semáforo en rojo me detuvo.
Fue bueno, porque descubro que a mi lado se encontraba silencioso como una de sus pinturas o esculturas el maestro Omar Bañol.
Antes de que me llamara la atención corrí a hablarle expresándole sorpresa por su presencia ya que en varios meses no lo había tratado personalmente.
La respuesta con que se me vino fue una invitación:
-Vamos Ángel a visitar la exposición de grabado en la sala del Colombo Americano.
Les juro que acepté sin pensarlo dos veces y entonces caminamos hasta la sede de este también centro cultural que es como una segunda casa para las personas amantes de la cultura y las artes.
Los relojes de los celulares marcaban ya las 4:00 de la tarde, y el sol continuaba aún con el torso desnudo pero en disposición de lanzarse por el abismo del oeste y dar paso a la noche.

En la sala
Ahora, la sala que se encontraba cerrada a esa hora se nos abrió de puertas para afuera para que ingresáramos, y lo hizo el guarda de seguridad de la institución, de tan buenas maneras que me pareció ver el mismito San Gabriel, Arcángel.
El salón como un cielito iluminado con grabados, técnica que se utiliza al transferir una imagen desde una plancha matriz sobre una lámina de papel, me ilustra el mismo Omar quien me sirvió de guía en esta muestra del arte del grabado.
Nos vimos pues de frente a La vida en la Muerte, obra que tiene la inspiración y el espíritu de una artista que deseo conocer de “yo a tú”, mejor dicho de interactuar con ella: Isabella Echeverri, de manos para el linóleo de lino, y del latín oléum, aceite, material usado para construir recubrimientos de suelos fabricados a partir de aceite de lino solidificado mezclado con aserrín, según expertos.
Ahora, unos pasos más y estamos frente a una obra cual ave del paraíso, de Jorge Augusto Noreña, intitulada Musa Platanal, elaborada con la técnica del Linóleo sobre papel dorado.
Pulcritud y luz en esta exposición y estética de la expresividad artística.
Y de verdad que el maestro Bañol con su silencio marrullero y yo con ojos bien abiertos, nos encontrábamos como en el paraíso.
Cuando considerábamos que la visita ya era suficiente, nos dispusimos a salir a la calle.
Fue cuando escuchamos una música para almas buenas sin saber de dónde venía.
Extraño, porque al ingresar no percibimos ningún sonido musical ambientando la exposición de grabado.
Al encontrarnos de nuevo en la calle se acabó el misterio.
En la acera de enfrente, el violinista saludando al público del centro de la ciudad con un brillante concierto, pálpito de albricias para más tarde hacer nuevos caminos.
Y vi bien al violinista, hombre de más de 3 décadas, de rostro, cabellos y barba dorada. Un vikingo navegando donde no hay mar.
-¿Tú nombre por favor?
-Jefferson Díaz, “Tyr” mi nombre artístico.
-¿Colombiano?
-Sí, colombiano “peliteñido”.
“Tyr” había interpretado con su maravilloso violín eléctrico una pieza musical de Scorpioms, banda alemana de rock y metal. Después de esto, y ya habiendo disfrutado de la exposición, partimos cada uno a sitios diferentes y no fuimos lo mismo. Fuimos corazón contento.

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