Diego Correa Trujillo, profesor de clase

El reconocido educador saca pecho al revelar en reportaje para este diario que 48 años ejerciendo la docencia sí son muchos para sentirse orgulloso de la profesión.

Ángel Gómez Giraldo.

Diego Correa Trujillo es el hombre quien todos los días le pone su sonrisa sutil a la Institución Educativa Jorge Eliécer Gaitán al oriente de Pereira donde el sol aparece más temprano.
Ejerce la docencia aquí con maestría y también con alegría, como no, si nació cuando se estaba estrenando el pasodoble Feria de Manizales, en 1957.
Con orgullo cuenta que lo hizo este mismo año en un municipio de Risaralda que al pronunciar su nombre deja en uno un sabor a café, Belén de Umbría, a la altura de El Cerro del Obispo, 1344 metros sobre el nivel del mar, y que es su principal atractivo turístico.
Fueron los padres del educador José Jesús Correa Isaza y Aura Rosa Trujillo Cardona, él con el porte del carriel sonsoneño y ella con la distinción física y espiritual que tienen las damas manizaleñas descendientes de la estirpe paisa.
Fue así como estos con sus 9 hijos hicieron una familia de reconocimientos en la región del Gran Caldas.
Recuerda a sus abuelos maternos en una casa grande donde cabían hasta los personajes de las leyendas que asustaban a los niños, entre éstos el duende, la patasola y las brujas que volaban en escoba.

A la escuela
“Niño, que apenas estaba aprendiendo a caminar, fui llegando hasta la Escuela Santander para después terminar como bachiller clásico en el Colegio Juan Hurtado en mi pueblo”.
Esto me lo cuenta el pedagogo al sacar los recuerdos de su memoria con las primeras respuestas de la entrevista para El Diario de Pereira como un reconocimiento a más de 4 décadas de ejercicio de la docencia.
También, aún sin motilar la rebeldía de la adolescencia, el joven belumbrense llegó con el nombramiento en el bolsillo como profesor del único colegio de ciclo básico oficial que en esa época tenía el Municipio de La Celia Risaralda.
“Recuerdo como si fuese ayer que el primer día de clase fui sorprendido al ver que tenía un personal de alumnos mayores que mi persona”.
Sin embargo mostraba prudencia y buen carácter vistiendo traje clásico de paño y corbata.

Tinto
Luego de estas revelaciones tomamos tinto negro y caliente, bebida que nos animó para continuar la charla periodística.
Posteriormente, teniendo más despierta la habilidad mental gracias a esta bebida colombiana, le disparo una pregunta más que no lo mata pero que sí le produce sobresalto:
¿Cuál fue su sentimiento cuando recibió ese primer nombramiento de profesor, ya que era apenas un muchacho que se creía dueño del mundo?
– Ángel, me encontraba por esos días en la Perla del Otún finalizando los estudios de pedagogía en la Normal Superior de la querendona y trasnochadora. Y cómo le parece que la noticia me hizo saltar como un niño, sabiendo además que podía continuar viviendo en una ciudad que no tiene puertas para entrar durante la noche a la fiesta y la rumba.
Tiene bien escrito en el tablero de su cerebro que llegó como profesor de colegio a La Celia en el año de 1979, Liceo de Occidente, al momento en que se inauguraba el bachillerato nocturno y la educación para adultos.
Más el joven siguió estudiando y sacando pecho con logros académicos y se vio enseñando en la escuela veredal cuando la Cuchilla de los Castro era una vereda de Pereira, hoy perteneciente al sector urbano con el colegio Rodrigo Arenas Betancurt.
Así fue como en la Universidad Libre realizó estudios de economía, ciencias políticas, administración educativa, y tecnología química.
Más todavía: especializaciones en pedagogía y docencia universitaria en La Gran Colombia, pedagogía y desarrollo humano en la Católica
Gracias a ello alcanzó cargos directivos como rector encargado y coordinador del colegio de Villa Santana.
Y estos son como los accesorios dorados de Diego Correa Trujillo, los que lleva sin aspavientos ni fanfarronadas de ninguna clase y que sin duda lo ubican en puesto de privilegio en el magisterio risaraldense.
¿Cómo veía la población al maestro de escuela y al profesor de colegio en aquellos tiempos en que usted empezó a ejercer?
-Con respeto y admiración, no solo porque vestíamos de traje y corbata sino porque el profesor no era un contador de chistes sino la persona que instruía. Y qué decir de las consideraciones hacia nosotros de los padres de familia, hasta nos alimentaban de gratis.

En el momento
Hoy por hoy el señor Correa Trujillo como lo señalé al comienzo, le pone una sonrisa sutil a la Institución Educativa Jorge Eliécer Gaitán de Pereira, y que nadie venga a decir que 48 años en el magisterio no son nada porque sí, son mucha clase.
Y digo que es más, maestro muy humano y bondadoso, esto para que se sienta satisfecho de permanecer en el ejercicio de la profesión, la más bonita porque es la que forma de ver al verdadero ciudadano.
Como ya la charla llega a las 2 horas, el profesor Diego se levanta de la silla en actitud de despedida pero antes de hacerlo subraya lo siguiente:
“Mi colegio Jorge Eliécer Gitán es el centro educativo que en Pereira realiza una gran labor social con una población importante de niños y niñas vulnerables de los barrios del oriente de la ciudad, todos con discapacidad cognitiva”.
– Chao, profesor.

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