Esta semana se completó el trabajo de los murales que en reconocimiento a la fiel hinchada del Deportivo Pereira, se realizaron en las paredes de una bodega, por el sector del Estadio Hernán Ramírez Villegas. El encargado de plasmar la pasión de la mayoría de los pereiranos es el artista urbano y escritor de graffiti, conocido como Simio y por eso, es el invitado a Punto Final.
Sebastián Serna, no le dice mucho a la gente, pero Simio es por decirlo de alguna manera, casi que una marca de ciudad. ¿Cuál es la historia de ese sobrenombre?
De pequeño fui muy hiperactivo, en uno de los colegios que estudié había árboles y como era tan travieso me colgaba, entonces los compañeros empezaron a decir ‘ve este parece un simio’, cuando me cambié para el José Antonio Galán, también empezaron a decir así y ya me fue gustando, entonces cuando uno es artista, uno busca un nombre en algún momento de la trayectoria, y como uno tiene que tener una chapa para firmar los graffitis, pues dejé ese nombre. Años después, en mi contacto permanente con las comunidades indígenas del sur de Colombia, en las tomas de Yagé, he podido ver la imagen de un simio y los indígenas dicen que ese es el mensaje espiritual.
Más despacio, vine a hablar de los murales del Depor y ya estamos en comunidades indígenas. Cuéntenos un poco más sobre este aspecto de su vida.
He tenido proyectos con la ONU, con los excombatientes de las Farc, con comunidades como las de Tokio y Villasantana, y con niños. Resulta que hace siete años trabajamos con firmantes del Acuerdo de Paz en Caquetá, entonces les propusimos hacer un festival de arte en la Selva, donde empezaron su proceso de reincorporación. He sido el único de los 80 artistas, que va cada año, entonces se formó un lazo de amistad, porque los festivales duran una semana, pero siempre me quedo un mes. El año pasado que se conmemoró otro año de la firma del Acuerdo, hicimos una actividad con los señores de la ONU que fueron hasta el caserío y fue muy chévere, porque las delegaciones que llegaron se involucraron en el festival y los pusimos a hacer graffitis, ellos nunca habían cogido un aerosol y les fue muy bien, porque les hice un croquis de la palabra unión y cada uno escribió una frase con referencia a la paz, mientras que los firmantes que solo habían cogido los aerosoles para escribir Farc-ep, los puse a hacer parte del mural.
Ahora sí, hablemos de murales del Pereira.
Pertenezco a la barra hace muchos años, desde chiquito voy al Estadio, me gustó más el parche de la barra que el de la tribuna familiar, entonces todos me conocen por lo de los graffitis y con el tiempo se hace una familia. Llegó un momento este año donde a uno de los líderes y a mí, nos surgió la idea de pintar la esquina donde se hace la previa de todos los partidos, ahí nos parchamos todos a tomar cervecita y a organizar qué se va a hacer a la salida. La idea era un solo mural y hablamos con el dueño de la bodega, nos dijo hágale, pinten la esquina que ustedes la cuidan. Pero eso fue un boom, porque todos los otros parches de la barra de Lobo sur se antojaron, entonces nos tocó volver a hablar con el dueño y decirle que ya era un proyecto mucho más grande y que queríamos pintar toda la bodega de punta a punta y de piso a techo, al día de hoy hicimos 16 murales, contando el homenaje que terminé antier y que fue un regalo mío para la barra.

Regresemos a su historia, cuando llegó el tiempo de terminar el colegio, ¿usted dijo que quería ser artista urbano?
Fue como un proceso de rebeldía, digámoslo así, porque desde pequeño dije nunca le voy a trabajar a nadie qué pereza y esa terquedad me a que cuando terminé el colegio, ya hacía graffiti, feo, horrible, hasta el cura me regañaba y todo, pues pasé por 13 colegios de todo Pereira, ya se imaginará. Con el tiempo uno pule las técnicas, sabe de teorías del color, entonces lo que uno hace sigue siendo graffiti, pero más atractivo a la vista de las personas.
¿Cómo se resuelven los conflictos cuando un grafitero raya el trabajo de otro?
Nosotros mismos, digamos que el graffiti tiene unas reglas que son digamos los niveles de graffiti; cuando hay firma, se evoluciona a una pieza rápida que es como una bombita rellenita, después pasa a al Quick o pieza rápida y de eso se pasa a la obra, que uno se puede demorar hasta tres días.
¿Cómo es la relación con la Alcaldía? Los contratan para proyectos o les mandan a tapar y cosas así.
Aquí en la ciudad hay un problema con eso internamente, hicimos una mesa de Graffiti, aquí no había de eso y la hicimos para manifestar lo que pasa. Digamos que la Alcaldía ha soltado varios proyectos de arte urbano, pero no como abiertos a los artistas, sino pordebajiados a los dos tres que siempre puntean. Entonces los pelados que hacen graffiti no pueden alcanzar sus aspiraciones por eso y no es correcto.
Se observa que trabaja muy bien los rostros, ¿en algún momento ha estudiado?
A mí por ejemplo me gusta hacer de todo, me gusta explorar todas las técnicas. No estudié, porque fui a la UTP dos veces de salir de bachiller a hacer el examen de admisión y no me quisieron recibir, es que la U tiene sus tapaos también, cuando eso ya sabía de lápices, un poquito de Historia del Arte, pues es lo que me gusta, el día que me presenté al primer examen había gente que ni siquiera conocía lo que era un lápiz 2B, y esa gente sí pasó, cuando uno los oyó al salir que decían me fue remal, entonces yo pensaba a mí me fue bien. Al año siguiente se repitió la misma historia, entonces me puse a pensar que obviamente era por plata, porque mi matrícula quedaba muy bajita, como de $200 mil y con los que yo iba eran de platica. Entonces no me bajonié y en esos años aprendí mucho, viajé demasiado.
Si uno tiene una pared y quiere que usted la pinte, ahí qué pasa.
Es un proceso muy sencillo, si no puedo ir a hacer la visita, a medir y tomar las fotos, pido la fotografía del espacio y la medida exacta, para dar un presupuesto en metros cuadrados, después hay que preguntar qué quieren ahí, si full realismo o algo sencillo, cuadramos el precio y empiezo a trabajar en el proceso creativo, hago un diseño y presento la idea. El precio que manejamos todos es de $300 mil, el metro cuadrado, cuando el diseño está concreto, los materiales van aparte, porque muchas veces se necesitan andamios y grúas.
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¿A qué se dedica cuando no pinta?
A estudiar lo indígena, si no estoy en alguna comunidad, estudio los antepasados, las medicinas ancestrales, o voy al río a estudiar lo Quimbaya, también en la moto trochando. Mi dualidad es que como me mantengo mucho en el caos de la urbe y llevo seis años viviendo en el área rural.
Dato
Por el Estadio, ese espacio lleno de murales, se convirtió en un corredor turístico, al que también le pensaron un nombre, el proyecto ‘La Calle del lobo’, ya está en el Concejo.
Cifra
50 festivales nacionales de arte urbano tiene en su récord personal, desde hace 9 años que empezó como escritor de graffiti.



