Se puede decir con toda seguridad que Jorge Emilio Sierra Montoya nació para escribir, en este sentido, más que un placer es un orgullo poder beber directamente de uno de los periodistas más formados y expertos de Colombia, de esos que ya no hay, porque el periodismo, como se conocía otrora, atraviesa una crisis de identidad, permanencia y esencia.
¿El mundo asiste a los últimos días del periodismo de calidad?
Realmente sí, sobre todo del periodismo escrito, en gran medida por los cambios tecnológicos que se han dado y que implican que internet, transmita información permanentemente y de alguna manera la gente y aún más, los jóvenes buscan la información ahí. Hasta los grandes medios han tenido que recurrir a eso y montar medios digitales, pero obviamente muchos periódicos y revistas han desaparecido. Sobreviven y se sostienen los grandes medios y algunos periódicos regionales, es una competencia muy difícil, porque los jóvenes no son muy amigos de la lectura, están muy aferrados a la imagen, se quedan ahí y no trascienden a la información, como suele ser la de los medios tradicionales que se tiene que investigar y estar muy bien documentada, para que sea confiable y busque ‘la verdad’ a través de diferentes fuentes y eso no se hace en internet, por eso es que la gente cree en los fake news y oponerse a eso es ir contra la corriente.
Háblenos sobre la digitalización del periodismo.
Esa decisión de reforzar mucho la parte digital, entre otras cosas para conseguir publicidad es un proceso que se debe hacer, porque es la principal fuente de ingreso de las empresas periodísticas, tienen que verse obligados a mejorar mucho y algunos medios han tenido relativo éxito, no digo que del todo, porque uno se pone a mirar los balances y siguen registrándose pérdidas, por eso han ido quedando en manos de grandes grupos económicos, que lo hacen en gran medida ni siquiera como negocio, pero consideran que es indispensable mantener dichos medios y los aprovechan para sus fines. Esto es al mismo tiempo malo para el periodismo, porque se pierde en gran medida la imparcialidad, toman partido de acuerdo con sus propios intereses y en las mismas redes salen contra eso, vea el caso de Elon Musk y X.
En cuanto a las fake news, ¿el daño empezó cuando la Corte tumbó la tarjeta profesional a los periodistas?
Si, creo que eso también influyó, aunque es un fenómeno mundial, no es solo local, porque como la gente puede montar en redes cualquier información, entonces inventan noticias, las lanzan y si es de carácter sensacionalista eso se riega, todo el mundo la comparte. Como en el cuento famoso de García Márquez, que en un pueblito le dicen a una señora que va a ocurrir algo muy grave allí y ella empieza a regar el chisme de manera que todo el mundo se asusta, y se van, cuando ya están en la fila de la gente que emigró; la señora le dice al hijo, si ve, lo que le dije, iba a pasar algo muy grave en el pueblo. Esa es la pelea que tengo con la gente y hasta en mi propia casa con mi señora, cuando me dice oiga (…) y yo le contesto que mientras no lo diga un medio serio, no es noticia. El daño que están haciendo es gravísimo, hasta por el lenguaje que utilizan, las reacciones cuando se insultan, eso se convierte como en una letrina. Ya es muy difícil controlar eso.
Según esto, ¿vale la pena ir a una facultad y estudiar periodismo?
Creo que el periodista se tiene que formar muy bien, para hacer un trabajo serio y responsable, eso finalmente se termina imponiendo, no creo que la crisis acabe con el periodismo en el sentido estricto, porque sigue habiendo noticieros de televisión y la radio. La información ahora sí que tiene poder, entonces se requiere gente muy bien preparada, por ejemplo, uno lo ve, sobre todo en canales internacionales, verdaderos trabajos de investigación periodística, se queda uno aterrado de la seriedad con que manejan toda la información y queda uno muy bien empapado, porque esto se globalizó completamente. Entonces si no se tienen periodistas preparados y con muy buena formación, no solo en periodismo, que yo digo tiene mucho de talento natural, ‘lo que natura non da, Salamanca no lo presta’. Normalmente la gente llega al periodismo y tienen la vocación de hacerlo, pero hay que formarse, dependiendo del campo en que se quiere trabajar, si va a meterse en la parte económica debe estudiar Economía, lo mismo con la política o la parte cultural, eso le da el contenido básico, para que si tiene la capacidad de hacerlo con el lenguaje característico que es todo un arte, con seguridad van a tener éxito, de lo contrario va a ser muy difícil que salgan adelante.
¿Usted cómo llegó al periodismo?
En ese entonces, no había facultades de periodismo, ni aquí en Pereira, ni en Manizales, pero empecé muy jovencito a escribir, estaba de estudiante en el colegio Rafael Uribe Uribe, y a mis 13 años, se despertó ‘el escritor’, entonces creé el periódico estudiantil, lo fundé y lo dirigí, pronunciaba todos los discursos, era más o menos el influencer y eso llevó a que mi abuelo materno que era una persona culta, más o menos, me dijo: usted tiene que publicar esto aquí en Pereira. En ese entonces era el antiguo Diario, el director era Alfonso Jaramillo Orrego, que tenía mucha influencia, era un periódico liberal y entré allá. Después, a los 15 años empecé a escribir en La Patria, que era el periódico regional de importancia, ya teniendo medio, escribí columna editorial, entrevistas, crónicas y ensayos, porque la fiebre mía fue el tema literario. En La Patria hice carrera, mientras estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas. Luego decidí irme a Bogotá a estudiar Ciencia Política, porque el periodismo me había llevado a ese tema en La Patria. En Bogotá llegué a ser jefe de Redacción de La República, hice entrevistas políticas en Cromos, que me rotaba con Gloria Pachón, la esposa de Galán. Como había trabajado en La República, me entusiasmé con la Economía y estudié la Maestría en La Javeriana, fueron en total 20 años.
Ahora, como miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, ¿Cómo ve el uso que se le da a la misma, por lo dinámica que es se nutre o sufre una modificación al punto tal de bajar ese nivel tan bello que tiene?
Ahí sí que hay crisis. La preocupación es muy grande, porque ahora el maltrato al idioma es enorme, en gran medida por desconocimiento, por la falta de lectura, si ni siquiera se leen los periódicos, mucho menos los grandes libros, a los muchachos no les da la cabeza para hacer ese salto y tampoco tienen interés en su mayoría, se vienen haciendo esfuerzos y proyectos. Hay gente que es optimista sobre la lengua castellana, porque el español ahora es una de las lenguas más populares en el mundo, pero las nuevas tecnologías simplifican mucho las palabras y para uno entenderlo se vuelve incomprensible.
Los últimos cinco minutos
¿Cuál es el olor de su infancia? Ese que lo lleva a donde uno fue feliz.
Si fuera García Márquez, diría el olor de la guayaba, pero nosotros somos de la zona cafetera y siempre nos persigue ese olor, el olor del café, porque incluso cuando uno vive por fuera, lo que uno añora es esta tierra. Viajé mucho por el mundo y comparaba los lugares emblemáticos con los paisajes tan bellos que tenemos. La obra del maestro Luis Carlos, que está llena de flores, frutas y olores, eso me llega al alma.
Cifra
20 de sus más de 30 libros, ya se encuentran en Amazon, son obras escogidas, porque ya no se consiguen en físico. “Le apunto a eso, porque hay que estar ahí, estar en internet”.
“A Borges le preguntaron, maestro, ¿usted cómo se imagina el cielo? Él respondió que como una biblioteca infinita, yo retomando eso, digo que la biblioteca infinita ya existe y está en Internet”.



