Los años que estuvieron a su lado los distintos músicos que formaron en sus
conjuntos, demuestran que eran bien tratados y les pagaba muy bien, además del
respeto y cariño.
José María Otero
Cualquiera de esas superproducciones de Hollywood sobre los avatares de la vida
de un famoso, o un libro de Dostoiewski ("El secreto de la existencia no consiste
solamente en vivir, sino en saber para qué se vive"), encontraría en la trayectoria
vital de este fenómeno, motivos de sobra para detallar minuciosa y gallardamente,
las andanzas de un hombre que nació y creció en la más cruel miseria, junto a su
ristra de hermanos y padres analfabetos y consiguió labrarse un lugar único y
preponderante de la música, teatro y cine argentinos.
Que sin saber música, supo fabricarse una guzzla con una lata de aceite
(trabajaba en una fábrica) vacía, y cuando hubo ganado algún dinero (vendió
periódicos cuando niño), fue pintor de brocha gorda en el que sería flamante
Congreso de la Nación, lustró zapatos, y con sus magros ahorrillos pudo
comprarse un violín de segunda mano en un cambalache y se dedicó a la música.
Como ejecutante, hizo giras, aprendió solfeo con un profesor de provincia y otras
cosas importantes de la música. Tocó en los boliches de la Boca en un trío armado
con Samuel Castriota y Vicente Loduca, se fogueó en la orquesta de los Greco y
les iría comprando instrumentos a sus hermanos menores: Humberto, Rafael,
Juan, Mario, a los que un día también les formaría orquestas, e incluso los dejaría
en Europa al frente de cada una de ellas.
Armó el trío Irusta-Fugazot-Demare, a quienes en París los entrenó y les consiguió
un trabajo definitivo en Madrid que les abriría puertas en distintos lugares del
mundo. Supo ir con su orquesta a la capital francesa y debutar con trajes de
gaucho sus músicos para gambetear las leyes del Sindicato de Músicos de dicho
país, que no admitían la competencia de extranjeros. Viajó con su conjunto y su
tango milonga a Nueva York, para actuar un lujoso night club
Lo cierto es que hablar de Francisco Canaro suena a fantasía por todo lo que hizo
en sus 76 años de vida, desde su nacimiento en San José de Mayo (Uruguay) y la
pobreza que lo envolvía. Fue su orquesta la que más grabó, una cantidad
impresionante. La que implantó definitivamente el contrabajo que había agregado
Roberto Firpo. El primero que tuvo dos cantores fijos. El primero en fusionar dos
orquestas: la suya y la de Firpo, para amenizar los carnavales del teatro Colón en
Rosario.
Podría decirse que no tuvo escuela, pero a punta de talento y coraje, fue
gremialista y compró el terreno donde se estableció Sadaic, defendiendo los
derechos de los autores. Fundó y presidió Comar, junto a Fresedo y Lomuto para
salvaguardar los derechos de intérprete. Y con Maffia, Brunelli y los Lomuto
también crearon la Sociedad Argentina de Directores de Orquesta. Armó aquellos
cortos cinematográficos de Gardel, dirigidos por Eduardo Morera. Gardel grabó 19
obras suyas. Creó las grandes Revistas Musicales de teatro con Ivo Pelay, en el
que estrenó algunos de sus tangos, milongas y valsecitos. Agregó numerosos
instrumentos musicales ajenos al tango, en su orquesta.
Animó los carnavales gigantes del Luna Park con su conjunto, durante 19 años,
nada menos. Ignoro el motivo, quizás fuera la envidia, pero lo cierto es que
cuando comencé a frecuentar el ambiente escuché muchas leyendas negras
sobre este hombre que se nacionalizó argentino a los 50 años y que dejó una obra
impresionante en forma de títulos. Una de aquellas frases insidiosas versaba
sobre su supuesta autoría en tantos temas. Aseguraban con énfasis que las
compraba. Horacio Salgán lo desmentiría con una frase irónica que aclaraba todo:
-Si las compró, las compró todas al mismo, porque tienen el mismo sello.
Los años que estuvieron a su lado los distintos músicos que formaron en sus
conjuntos, demuestran que eran bien tratados y les pagaba muy bien, además del
respeto y cariño. Creó y dirigió el quinteto Pirincho que durante unos 25 años
grabó y vendió tantos discos como su orquesta, aunque nunca actuaron en
público. La vida de Francisco Canaro pareciera demostrar que el día tenía más de
24 horas para él.
Hoy día, las grabaciones de Canaro vuelven a cobrar vida, pese a las
maledicencias, las críticas adversas y vuelven a ser carne de milongas. Porque su
ritmo bailable, su tango milonga, es atractivo para los bailarines, y tuvo cantores
que enriquecieron las obras, como Roberto Maida, Charlo -sólo para grabar-,
Carlos Roldán, Ernesto Famá, Francisco Amor y otros.



