Nadie le quita lo bailao

Tener personas a quienes admirar por estos días de pérdida de valores, imposiciones, y afanes superfluos, se complica cada vez más. Lo que más sorprende también es que ahora son de admirar los jóvenes. Víctor Alfonso Mejía Mejía es uno de esos jóvenes que se hizo realmente a pulso, cumple sus sueños uno a uno en orden y logró tener un lugar de reconocimiento en Pereira.

Un humano de poco humus

Para entender esta historia desde el principio, hay que trasladarse a Santuario, Risaralda, en la última década del siglo XX. Allí un niño, como todos los demás, de finca y padres campesinos, no siente la menor atracción por ir a coger café, como lo hacen sus hermanos, él lo que quiere es estudiar en el pueblo. Desafiar esa costumbre familiar le acarrea quedarse sin estrenar en diciembre, pero él va por algo más grande que lo que lleva puesto, él quiere ser.

Así es que cuando cumple 13 años, decide que quiere vivir en Pereira, para ello debe retirar los papeles del colegio y decirle a un primo que le dé posada, cosa que en efecto pasa pero solo un mes. El colegio más cercano a la casa del primo es el Aquilino Bedoya, un lugar que para Víctor, fue el comienzo de todo, porque el énfasis artístico de esa institución fue la chispa para el fuego que todavía hoy lleva en el corazón por la danza.

Duro, pero se pudo

“En el colegio se dieron cuenta de mi situación, casi todo el tiempo que estudié, allá me dieron el desayuno y el almuerzo”, comenta con el orgullo propio de haber vencido a la adversidad, obviamente en su camino aparecieron una serie de ‘mamás’ que lo adoptaron y por cuyas preocupaciones y cuidados, la vida fue un poco menos dura. Ellas son: Vilma Cuervo Arteaga (profesora en Santuario), Yaneth Rocha Pino (profesora de Danzas en el Aquilino y bailarina en el ballet folclórico de Risaralda, Michua), Ana María Mejía y Jimena Orozco, (sus formadoras en ballet clásico en la academia de la primera).

Momento en el que hace de Bolívar desnudo. Foto Nidia Paola Monsalve.

Víctor estudiaba en la jornada de la mañana y trabajaba el resto del tiempo. “Luego Yaneth me lleva al ballet, pero como todavía era muy jovencito, era el vestuarista, me aprendía todas las coreografías pero todavía no podía bailar, porque no tenía el cuerpo ni la edad”. Cuando estuvo en la Academia Ana María Mejía, estuvo becado y comenzó a viajar con Jimena a Bogotá, para tomar clases con el maestro Arturo Santana, del ballet de Colombia de Sonia Osorio.

“Una vez conseguí trabajo de impulsador en un almacén de grandes superficies, pero me echaron, como eso mantenía solo me puse a enseñarles a bailar a las compañeras, pero los supervisores vieron por las cámaras”. Fue el personero del colegio, para el momento del grado de bachiller ya tenía cierto recorrido en la danza, pues con el grupo del colegio también había salido a distintos lugares del país.

Bailar y bailar

“Viví en el vestuario del ballet cuando estaba ubicado en la calle 36 con carrera 6, dormía sobre las faldas, a pesar de que tuve muchas carencias, era muy feliz. Me fui a audicionar al Show del Café en el parque nacional y pasé, baile en el Parque del Café mucho tiempo, ya era parte también de los bailarines del ballet Michua y luego fui profesor. En 2014, me presenté a la convocatoria de Estímulos, estaba haciendo el pregrado en Licenciatura de la comunicación en la UTP”.

Se graduó pero nunca ejerció, porque su mundo es la danza. Cuando se ganó la convocatoria Estímulos, pensó en hacer un proyecto que desde el pregrado le daba vueltas en la cabeza, sobre la historia de la ciudad. “Hay que trasladar las historias al arte, para que sean entendibles. El maestro Jaime Ochoa, me pasaba la información y resultó ser la obra ‘Convite entre mi gente’, ahí hice el papel de Bolívar desnudo, nos presentamos en el teatro Lucy Tejada”.

¿Salió desnudo ante el público? “Al principio tenía mucho susto, porque había sido profesor en las Adoratrices mucho tiempo y las hermanas estaban en primera fila, cuando salí la gente se quedó callada en ese teatro y de un momento a otro, la gente aplaudía y aplaudía, porque la gente admiró mucho la figura. Pasa uno a entender que el cuerpo es una herramienta, esa información le llegó al alcalde y me dijo que hiciera otra presentación en la Plaza de Bolívar, pero allá no fui capaz de empelotarme”.

Sus puestas en escena son un trabajo de calidad en cada detalle.

Logro tras logro

Después de esta puesta en escena en 2015, nace la Fundación Cultural Cuerpo Convite, nombre que tuvo por 10 años, para darle paso al Ballet Ciudad Pereira. “Me puse a pensar que la ciudad tiene la Banda Sinfónica municipal, pero hace falta el ballet, para poder viajar a los festivales del mundo a representar a la ciudad, porque Pereira está como para esa esfera internacional”.

Víctor fue el director del musical ‘Encanto pereirano’, con más de 100 bailarines en escena, luego llegó ‘Navidad en el reino del café’ y ‘Perla salvaje’, que terminó con 140 artistas. “Ese bagaje me lo dio la especialización en ‘Las artes y la cultura’ de la universidad Javeriana de Cali, porque lo que yo buscaba era entender la dimensión de la dirección cultural y eso me ayudó mucho a que me convocaran en 2023 y 2024, como director de la revista de los Juegos Nacionales con 300 bailarines”.

A todas estas, ¿dónde quedó Santuario y la familia? “Siempre tuve guardado algo, mi primera meta es traer mi familia, desconectarlos de la finca porque nunca tuvieron nada, siempre fueron agregados y el campo los acabó mucho, ya están muy grandes. Ahorré mucho y en 2019, lo logré, les compré una casa, 14 años después de llegar a Pereira”. En este momento solo queda aplaudir, y aplaudir de pie.

Dato

El 10 de abril próximo se graduará como Magíster en Estética y Creación de la UTP.

“Si no  tomas el arte con responsabilidad, no te preparas ni haces dignidad, no lo vas a lograr; es como si un médico deja morir a los pacientes”.

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