Germán A. Ossa E.
Muchos años antes del 2000, ese año que los fanáticos de la adivinación y que creen en el Apocalipsis y que nos atemorizaron por ratos diciendo que en esta fecha el mundo se acabaría, en nuestra pequeña ciudad, Pereira, conocimos a este artista que nos enseñó a mirar el mundo de manera diferente, pues su imaginación e inteligencia, para todo, parecía no tener límites ni limitaciones. Su discurso, el que nos permitía escucharle de manera amena, gracias a su hablado con tonalidad de extranjero, aunque con un puro español de experto en muchas cosas, era impresionantemente enriquecedor, concreto y lleno de innumerables fantasías. Antes que nada, nos advirtió que este mundo tenía alientos para vivir muchos más, después de ese 2000 que ya nos estaba inyectando miedo y sobre todo, ese discurso, el suyo, lo descubrimos lamentablemente muy tarde, estaba lleno de magia, sabiduría, enseñanza y colores.
Un artista íntegro, es aquel que habla de arte, respira arte, secreta arte y hace arte. Héctor Ramírez realiza pinturas que se hacen evidentes en la imaginación de sus interlocutores mientras entabla una conversación; hace bellísimas obras de arte, mientras gesticula, abre los ojos y con sus movimientos, describe las más exóticas y admirables composiciones con sus performances, esos que complementan las ideas que fluyen como espuma desde su inmensa y transparente alma de creador y obvio, hace una y otra y muchas más, espectaculares e inimitables obras de arte, con sus pinceles, lápices, tintas, óleos, acrílicos y cuanto material se posa en sus manos y esparce en esas telas, láminas, cartulinas u hojas que por razón alguna, ha dispuesto en su caballete de trabajo, sea en su taller, en el campo o en el sitio que sus emociones infinitas lo indiquen.
Son millones de líneas las que han salido de su imaginación y se han enclavado en las telas que ya andan por el mundo; incalculables son también las figuras que ya embellecen las paredes de miles de Galerías de Arte que habitan este mundo y muchas más, son las obras de arte que este coloso del color, tiene habitando en los más predilectos espacios, lugares, paredes, muros y hojas de libros, que impactan en los ojos de aquellos afortunados que tienen la oportunidad de toparse con ellas.
Su arte no es abstracto, lo abstracto no llega al alma y lo suyo no solo le llega a ella, a la nuestra, a la de todos que conocemos sus pinturas, sus obras, sus creaciones, sino que la acaricia, la emociona, la toca, la palpa y la siente y cuando eso lo logra un artista, es sencillamente porque éste, está ungido de la fortaleza que le dan los dioses de la fantasía, la imaginación y la magia, lo que por tanto lo hace diferente de esos millones de admiradores que intentan imitarlo en muchas partes de este planeta que está repleto de copistas. Su arte sencillamente es no figurativo, no lo definen las formas repetidas de objetos fácilmente legibles, sino la concreción de las emociones que de él se desprenden, que es menos común.
Si hubiera una forma científica de esculcar en una pintura la música que hay en ella, es muy probable que en todas las creaciones de este talentoso hacedor de encantadoras piezas de arte, encontremos las más perfectas melodías que sirven para aliviar de la tristeza y la nostalgia, el dolor que aqueja al mundo, pues Héctor llena con sus colores, sus ligeros trazos, sus definidos refugios de luz y sombras y sus lógicas composiciones pictóricas, todas esas superficies que otrora blancas, se convierten en descifrables partituras que nos endulzan nuestros sueños y mucho más, nuestras esperanzas.El arte debe llevarnos hasta allá.
De este artista, y gracias a unos coleccionistas de obra importante de creadores del mundo que hay en nuestro medio, podremos ver en la 4ta. Muestra de Arte en la famosa Feria “Sabor a mí” que se llevará a cabo en Expofuturo entre el 30 de mayo y el primero de junio del presente año, varios de sus más interesantes trabajos. No nos los podemos perder.
*Crítico de Cine y de Arte



