Cáncer en mascotas: prevención, diagnóstico y tratamiento

Con el aumento de la esperanza de vida en perros y gatos, el cáncer se ha convertido en una de las principales enfermedades crónicas que enfrentan las mascotas. “Más del 50 % de los perros mayores de 10 años pueden desarrollar algún tipo de cáncer”, afirma el médico veterinario Nicolás Pedraza, CEO de Vetic y fundador del proyecto Veterinario Sin Bata, una iniciativa que apuesta por la innovación y la educación en el sector veterinario.

En la clínica, Pedraza se especializa en el diagnóstico y tratamiento integral de enfermedades complejas en mascotas, entre ellas el cáncer. En perros, los tumores más comunes son los de piel, como los mastocitomas, que muchas veces se presentan como “bolitas” o masas visibles. También son frecuentes los linfomas, los hemangiosarcomas (que afectan órganos como el bazo o el corazón), y los tumores mamarios en perras no esterilizadas. En gatos, predominan el linfoma, los carcinomas de células escamosas (comunes en orejas y nariz por exposición solar), los tumores mamarios y los fibrosarcomas.

“Cada tipo de tumor tiene su propio comportamiento. Por eso, la detección temprana es clave para lograr un tratamiento eficaz”, señala Pedraza.

Señales de alerta

Detectar el cáncer en etapas tempranas puede hacer la diferencia. Algunas señales de alerta incluyen la aparición de masas, heridas que no cicatrizan, pérdida de peso sin causa aparente, falta de apetito, sangrados inusuales, cojera persistente, dificultad respiratoria o cambios de comportamiento como decaimiento o irritabilidad.

“El riesgo aumenta con la edad, pero también influye la raza y el entorno. Razas como Boxer, Golden Retriever, Pastor Alemán y Rottweiler presentan mayor predisposición. En gatos, los de pelaje claro o razas como el Siamés también son más susceptibles, especialmente a cáncer de piel”, explica.

Prevención

Según Pedraza, los factores de riesgo para el cáncer en mascotas incluyen la edad, la genética, las hormonas y el entorno. “En animales adultos y senior debemos hacer chequeos frecuentes. Esterilizar a las hembras a tiempo reduce el riesgo de tumores mamarios. Además, hay que proteger del sol a los animales de pelaje claro y cuidar su dieta”.

El humo del cigarrillo, pesticidas, ciertos productos de limpieza y una alimentación inadecuada también pueden aumentar el riesgo. “La buena noticia es que muchos de estos factores se pueden manejar con pequeños cambios de hábito y observación constante”, asegura.

Diagnóstico

El proceso diagnóstico comienza con la observación clínica. A partir de allí, se aplican herramientas como la citología (extracción de células mediante aguja fina), biopsias, pruebas de imagen (radiografías, ecografías, TAC, resonancia magnética), y exámenes de sangre.

“Con estas herramientas podemos determinar el tipo de tumor, si es benigno o maligno, y su nivel de avance. Esto nos permite diseñar un tratamiento personalizado que busque siempre el bienestar del paciente”, explica.

Tratamiento

“El objetivo del tratamiento oncológico no es solo alargar la vida, sino que esa vida siga siendo plena”, subraya Pedraza. No todos los casos requieren quimioterapia. En algunos, la cirugía es suficiente; en otros, se opta por radioterapia, inmunoterapia o cuidados paliativos.
“Cada decisión gira en torno a una pregunta clave: ¿Cómo logramos que el paciente viva más, pero sobre todo, que viva mejor?”, se pregunta el veterinario.

Los tratamientos se adaptan a cada caso considerando edad, tipo de cáncer, estado general y carácter del animal. “Nos enfocamos en minimizar efectos secundarios, controlar el dolor y asegurar que la mascota siga comiendo, paseando y disfrutando de su entorno familiar”.

Vivir bien

Una de las ideas centrales que Pedraza comparte es que muchas mascotas con cáncer pueden llevar una vida casi normal. “Si el tratamiento está bien planificado, muchos pacientes pueden seguir sus rutinas sin sufrir. Incluso si el cáncer no es curable, podemos mantener la calidad de vida con terapias paliativas efectivas”.

El éxito no se mide solo en tiempo, sino en bienestar. “Queremos que la mascota siga siendo parte activa de la familia, que mueva la cola, que pida caricias, que juegue. Que sea feliz, incluso durante el tratamiento”.

“No dejemos que el miedo nos paralice. El cáncer existe, pero también existen recursos y profesionales para tratarlo bien. No se trata solo de luchar contra una enfermedad, sino de acompañarlos con respeto, dignidad y mucho cariño”, concluye.

 

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