Las enfermedades parasitarias en perros y gatos son un tema de salud que, aunque parece cotidiano, sigue generando graves consecuencias cuando no se detectan a tiempo. Así lo advierte Diego Alejandro Cuartos Castañeda, médico veterinario, quien señala que existen tres grandes grupos de parásitos que deben vigilarse con especial atención en los animales domésticos.
“Si hablamos de perros y gatos, podemos hablar de tres grupos de parásitos de importante cuidado o prevención: los gastrointestinales, los hemoparásitos y los gusanos del corazón”, explicó Cuartos, al precisar que cada uno presenta riesgos diferentes y, en algunos casos, altos índices de mortalidad si no se trata oportunamente.
Parásitos gastrointestinales: los más comunes
El primer grupo corresponde a los parásitos intestinales, conocidos popularmente como “gusanitos”, que afectan el sistema digestivo de las mascotas. Estos se transmiten a través de huevos presentes en ambientes contaminados, especialmente en zonas verdes o parques donde conviven varios animales.
“Es supercomún que se transmitan en lugares con alta recurrencia de mascotas. Por eso la gente acostumbra desparasitarlos cada tres meses”, indicó el médico. Sin embargo, aclaró que hoy la recomendación clínica es más precisa: realizar exámenes de materia fecal para identificar el tipo de parásito y suministrar el medicamento adecuado, en lugar de aplicar tratamientos generales de manera rutinaria.
Las infestaciones intestinales pueden provocar diarrea, vómito, pérdida de peso e incluso desnutrición severa, ya que los parásitos compiten con la mascota por los nutrientes ingeridos. “Es importante mantenerlos siempre con la desparasitación al día, orientados por el veterinario de cabecera”, insistió.
Hemoparásitos: los más peligrosos
El segundo grupo son los hemoparásitos, transmitidos por vectores como pulgas y garrapatas. Estos organismos microscópicos ingresan al torrente sanguíneo y afectan los glóbulos, debilitando progresivamente al animal.
“Es lo que comúnmente la gente conoce como fiebre de garrapatas, aunque en realidad son parásitos como la anaplasmosis o la babesiosis, que engañan al sistema inmune y desgastan silenciosamente a la mascota”, señaló Cuartos.
El riesgo radica en que estas enfermedades no producen síntomas iniciales claros. En muchos casos, los animales solo muestran señales cuando el daño está muy avanzado, lo que dificulta el tratamiento. “Lastimosamente en la zona no tenemos la cultura de hacer exámenes preventivos y es común que los pacientes lleguen con cuadros muy avanzados, cuando ya no se logra hacer nada por ellos”, lamentó el veterinario.
Por esta razón, recomienda realizar pruebas de sangre preventivas cada seis meses, o incluso cada tres en animales con mayor exposición, como los que viven en fincas o en ambientes rurales con presencia constante de garrapatas.
Gusanos del corazón: una amenaza poco diagnosticada
El tercer grupo corresponde a las filarias, conocidas como gusanos del corazón, que afectan principalmente a los perros. Aunque son menos frecuentes, estudios sugieren que en Colombia pueden estar subdiagnosticadas.
“Las microfilarias logran entrar al torrente sanguíneo y, en casos extremos, pueden llenar literalmente el corazón de gusanos”, explicó Cuartos. Para prevenir estas infestaciones recomienda realizar pruebas periódicas y utilizar medicamentos como la milbemicina, que protege contra parásitos intestinales y también contra este tipo específico.
Signos de alerta en las mascotas
Los parásitos afectan de maneras diversas, pero existen síntomas generales que los tutores deben aprender a reconocer. “El primer signo de alarma es el letargo: cuando una mascota activa se vuelve repentinamente perezosa, debemos sospechar que algo anda mal”, advirtió.
Otros síntomas incluyen sangrado nasal (común en hemoparasitosis), vómito y diarrea (en infestaciones intestinales), o cambios drásticos en el comportamiento rutinario de perros y gatos.
¿Pueden transmitirse a los humanos?
En cuanto al riesgo para las personas, Cuartos señaló que la mayoría de los parásitos mencionados no son de transmisión directa al ser humano. No obstante, advirtió que existen excepciones: “Si por mala higiene una persona ingiere huevos de Dipylidium, un parásito que habita en el intestino de los perros, sí podría haber riesgo de contagio”.
La clave está en la prevención
El especialista enfatizó que prevenir siempre será la opción más sencilla, económica y efectiva. “La prevención siempre va a ser lo más barato y lo que menos va a afectar a la mascota”, puntualizó.
En ese sentido, recomendó a las familias confiar en la orientación del médico veterinario y no en consejos populares sin fundamento. “Todavía escuchamos cosas como que si el perro come pasto se purga solo. Eso es un mito y, sorprendentemente, aún en 2025 sigue ocurriendo”, cuestionó.
Finalmente, recordó la importancia de evitar que los animales se expongan a ambientes con alta carga parasitaria, como sanitarios comunitarios en conjuntos residenciales, y de realizar controles clínicos periódicos. “En animales jóvenes debemos hacer pruebas de sangre al menos una vez al año y, en mascotas mayores, aumentar la frecuencia de los chequeos veterinarios”, concluyó.


