Razas potencialmente peligrosas, realidades y recomendaciones

El debate sobre las razas de perros clasificadas como potencialmente peligrosas sigue presente en la opinión pública. Noticias de ataques, normativas exigentes y una cultura de estigmatización generan temor y confusión. Pero ¿Qué hace realmente peligrosa a una raza? El médico veterinario Juan Miguel Pineda Cardona, cofundador de Integral Vet Eje Cafetero, ofrece claridad sobre el tema desde la ciencia y la experiencia.

“Estas razas no son agresivas por naturaleza, pero sí tienen características físicas que, si no se manejan con responsabilidad, pueden representar un riesgo”, explicó Pineda.

Raza potencialmente peligrosa

De acuerdo con el veterinario, la definición parte principalmente de su conformación corporal: tamaño grande, peso considerable, musculatura desarrollada y temperamento fuerte. “Estas razas tienden a ser dominantes, no agresivas”, enfatiza.

En Colombia, razas como el pitbull terrier, rottweiler, fila brasilero, akita inu, dóberman, dogo argentino, mastín napolitano, entre otras, se incluyen dentro de esta clasificación legal. Sin embargo, el problema no está solo en la genética, sino en el entorno en que se desarrollan.

“Un pincher puede ser mucho más agresivo que un pitbull, pero la diferencia está en la potencia de la mordida. El problema no es la raza, sino cómo se cría y en manos de quién está”, argumenta Pineda.

¿La crianza hace la diferencia?

Totalmente. El especialista explica que estas razas, al ser más activas y territoriales, necesitan tutores con un estilo de vida dinámico, capaces de ofrecer espacio, ejercicio y atención.

“Son perros que requieren actividad física diaria. Si no canalizan su energía de forma saludable, pueden presentar problemas de comportamiento. Además, como en los niños, el refuerzo positivo y negativo influye en su desarrollo emocional”, comentó.
La clave está en la socialización temprana y el adiestramiento desde cachorros. Exponerlos desde pequeños a otros perros, personas, niños y estímulos cotidianos evita que reaccionen con miedo —que es una de las principales causas de la agresión—.

“Un perro que ataca suele ser un perro que tiene miedo. Por eso es tan importante que desde bebés se les enseñe a confiar, a interactuar y a entender quién es el líder de su manada”, añadió.
Obligaciones legales

En Colombia existen normativas claras para los tutores de estas razas. El incumplimiento puede acarrear sanciones.

“El uso del bozal es obligatorio en espacios públicos. Si no se cumple, la persona puede recibir un comparendo”, explicó. Además, se deben usar correas resistentes, mantener al perro bajo control, tener la cartilla de vacunación al día y, en espacios privados, advertir con señalización sobre la presencia de estos animales.

“Más allá del cumplimiento legal, estas medidas también son una forma de respeto hacia los demás y de protección para el mismo perro”, afirma Pineda.

Recomendaciones

Lejos de desaconsejar la tenencia de estas razas, el veterinario invita a informarse y prepararse.

“Lo primero es no estigmatizar. El pitbull, por ejemplo, es una raza amorosa, protectora, que puede convivir perfectamente con niños si está bien criada. Pero no es para cualquiera: se necesita una persona con liderazgo, tiempo y energía”, recalcó.

Para Pineda, más allá del físico, lo esencial está en el compromiso. “Tener un perro de estos no es una moda ni una forma de intimidar. Es una responsabilidad enorme que requiere amor, disciplina y conciencia”, puntualizó.

Empatía y educación

Finalmente, el médico insiste en que la clave para evitar incidentes no es la prohibición, sino la educación. Los medios, dice, también tienen un papel importante en no reforzar estigmas que afectan la percepción pública.

“Invito a las personas a acercarse a estas razas sin prejuicios, a conocerlas, a asesorarse con profesionales y a entender que todo perro, sin importar su tamaño o fuerza, refleja lo que ha vivido y aprendido con su tutor”, concluyó.

La convivencia responsable entre humanos y animales no depende del miedo ni de etiquetas, sino del respeto, el conocimiento y la disposición para ofrecer una vida digna y segura a quienes consideramos parte de nuestra familia. Porque, como bien lo resume Juan Miguel Pineda: “El perro no nace peligroso. El peligro, muchas veces, lo genera el desconocimiento”.

 

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