El 15 de julio de 2005, 10 docentes risaraldenses fueron nombrados en periodo de prueba al ganar el Primer Concurso de Méritos de la Comisión Nacional del Servicio Civil. Entre los ganadores solo había dos mujeres, Martha, la voz de la historia de hoy, una compañera y ocho hombres.
Martha Uribe Castaño se define ante todo como docente normalista y a nadie le quitan lo bailao, actualmente se desempeña como rectora de la Institución Educativa Jesús de la Buena Esperanza.
20 años en el sector público y sin deberle velas a ningún santo. Eso permite ganar un concurso, que a mucho pesar de un tiempo para acá volvieron a ser recipiente de la politiquería que no perdona espacio, ni forma. ¿Dónde estaba cuando el gobierno decidió darle espacio a los méritos? “Nunca he estado en un cargo público por influencias políticas, reconozco sí que esa primera oportunidad para concursar, fue en esta ciudad que me adoptó como una hija a pesar de ser antioqueña y haber estudiado en Popayán”.
Así tenía que ser
Juan Manuel Arango fue el primer alcalde que tuvo en cuenta, como explica la rectora, “que al sector educativo se debe llegar con méritos. En 1996, concursé por primera vez para maestra de aula, porque esa es mi base. Gané, yo quería estar en la ciudad, no me interesaba ningún otro municipio del departamento, entonces me hicieron la entrevista y pasé”.
La ubicaron en un sector que si al día de hoy todavía tiene sus complicaciones, qué se puede decir de hace dos décadas: “Me enviaron a Puerto Caldas, una comunidad bastante vulnerable, los niños en una situación socioeconómica muy difícil y yo con todo el amor del mundo dije ese es mí sitio. Me tocó el inicio del fenómeno del niño y empecé a sentir lo que era el sector público, porque mi experiencia provenía de los colegios privados”.
Martha empezó a generar procesos, porque en ese tiempo la comunidad tenía las calles polvorosas. “Me iba con los niños a hacer educación física a las canchas, pero me lo disfruté. Paralelo a eso presenté ante el Ministerio una propuesta que se basaba en equidad de género desde las aulas y me llamaron a Bogotá, fue algo muy bonito y me dije si puedo hacer esto como maestra, cuánto más como rectora y empecé a soñar”.
Su segunda estación fue en El Dorado, “no le he tenido temor a las comunidades vulnerables. Cuando el Ministerio dice que va a empezar un proceso de meritocracia a través de un concurso con la Comisión Nacional del Servicio Civil, pensé, esto es para mí”. Era 15 de julio de 2005.
Experiencia
Más despacio. ¿Había que hacer lo mismo que ahora, ir al banco y pagar el pin? “Creo que la dinámica no ha variado mucho y desde ese mismo momento hubo enfrentamientos con los sindicatos que alegaban por qué el sistema había abierto el espectro a todo tipo de profesionales. Y yo nunca he visto eso como malo, hay profesionales con muy buena pedagogía y hay licenciados muy malos, solo tienen cartones, aclaro que hablo del ejercicio docente y no de la persona”.
Está completamente convencida que la educación es una misión y no un trabajo. “Va más allá de un empleo. En ese sentido siento que el Concurso no ha variado mucho, veo que lo que sucede es que se ponen muchas trabas después de ganar el concurso y al hacer el tema administrativo, muchos empiezan a dilatar el proceso, dicen que quieren es una prórroga y las instituciones y las administraciones frenadas, porque no llega el profesional que necesitan para cubrir esa vacante y han sucedido exabruptos terribles, como posesionarse después de un proceso larguísimo y se presentan para renunciar. Eso es desgastante para las secretarías y las instituciones educativas”.
Proceso
Los pasos para lograr un nombramiento actualmente toman años, porque los que se encuentran en las provisionalidades demandan y montan tutelas en contra de los concursos. ¿Siempre fue así? “No, pienso que mientras se estabiliza, porque ahora se presenta mucha gente, antes no éramos tantos”.
La rectora tiene una anécdota inolvidable con respecto a estos procesos: “Cuando me fui a presentar para concursar como rectora, llegué al Inem y afuera había una cadena humana que me impedía el ingreso, eran colegas del sindicato que no me dejaban pasar según ellos, ‘porque los directivos son enemigos de los maestros’. Me pareció aterrador porque esa no es mi mentalidad. Tuve que entrar a la fuerza”.
“No creo en la manipulación de los concursos, defiendo la meritocracia, la seguiré defendiendo y tampoco denigren si no pasan”.
La señora Uribe Castaño recomienda totalmente los concursos a las nuevas generaciones, por el hecho de tener independencia, coherencia y ética profesional. Cosa que se pierde cuando se llega por recomendación política.



