‘Madrucafé 97’, punto de encuentro del relevo generacional de la caficultura

Tres jóvenes universitarios, con arraigo en las actividades del campo, están al frente de uno de los más icónicos sitios de café de especialidad en Marsella, Risaralda.

Óscar Osorio Ospina

Andrea, Valeria y Jacobo, tres jóvenes universitarios cuya edad no supera los 27 años, son un testimonio vivo de que el relevo generacional en la caficultura sí es posible.

Además de su juventud y del amor por el café, los tres están trabajando en un sitio que en muy poco tiempo se ha convertido en icónico para los amantes de una buena taza de la bebida nacional y en un lugar de encuentro para los habitantes y los visitantes de Marsella. Se trata de “Madrucafé 97”, un original sitio de café que María del Carmen Henao abrió este año en una casona llamada “La Madrugada”, con más de 100 años de antigüedad y ubicada muy cerca de la Casa de la Cultura.

Este trío de jóvenes lo conforman Andrea Escobar Nieto, 22 años, bachiller del Instituto Agrícola de Marsella y estudiante de Ingeniería Agronómica de la Universidad Unisarc, a un año de graduarse; Valeria Gaviria Motato, 25 años, egresada Instituto Estrada quien cursa Administración Ambiental en la Universidad Tecnológica de Pereira y Jacobo Salazar, 27 años, estudiante de Ingeniería Agroindustrial de la UTP y egresado del Instituto Estrada. Andrea ejerce como administradora, mientras que Valeria y Jacobo se desempeñan como baristas, pasteleros y son el motor del negocio.

“Madrucafé 97” tiene como símbolo un colibrí y es un sitio de encuentro y de tertulia y donde se podrá disfrutar de un buen café y de platillos especiales, así como también es posible encontrar cinco marcas locales de cafés de especialidad.

Andrea Escobar pertenece a una familia cafetera que posee una finca en la vereda Buenavista llamada “El Bosque”, la cual está dedicada a café y plátano, con una agricultura amigable con el medio ambiente y un enfoque agroecológico que se enfoca, principalmente, en la inocuidad de sus productos.

“No pensé en trabajar con el sector cafetero. Cuando empecé la carrera yo decía que prefería el aguacate, frente al café, pero en el colegio tuve como bases del café y un ejemplo a seguir que fue una profesora que tenía un proyecto de café en el Instituto Agrícola. En ese momento pensé en seguir ese ejemplo, pero nunca imaginé tener una marca propia de café. Después, con el tiempo, tuvimos una aguacatera en la finca, empecé a estudiar agronomía y con el aguacate nos pasaron diferentes problemáticas que están viviendo la mayoría de productores de aguacate, como son problemas de semillas, además del cambio y la variabilidad climática”, anota Andrea, quien además ingresó a la Asociación de Cafés de Alta Calidad Aroma de Marsella y así resultó involucrada en el mundo del café.

Por distintas circunstancias, la vida le permitió conocer a María del Carmen Henao, una marsellesa por adopción, nacionalizada en Italia y residente en Estados Unidos, quien el pasado mes de julio abrió la tienda de café “Madrucafé 97”.  Allí trabaja junto a Valeria y a Jacobo para sacar adelante este proyecto, del cual se enamoró, según sus propias palabras: “Le tengo el mismo amor que le tiene ella y aquí estamos dando todo con el alma”.

Reconoce que les ha ido muy bien y que cada día es un aprendizaje, guiado por María del Carmen, la promotora del proyecto, que está innovando en forma permanente su portafolio de servicios y productos.

De izquierda a derecha: Valeria, Jacobo y Andrea

En “Madrucafé 97” es posible degustar un tinto, un americano o un expreso en un ambiente acogedor, lleno de colores y decorado con muy buen gusto, un café con alma, como dice su lema.

El lugar cuenta con una tienda de cafés especiales que ofrece cinco marcas locales: Madrucafé 97, Bellavista, La Comadreja, El Bosque Marsellés y Café Don Rey, Horizontes y la línea de cacao de Bellavista, un área de cafetería con diferentes tipo de preparación de café, incluido un sifón japonés que es la más reciente novedad, un patio para asados y eventos, un área de alojamiento con una habitación familiar con capacidad para seis personas y dos para parejas y una cava que se está terminando de adecuar.

“El pueblo nos ha dado muy buena acogida, nos hemos llenado de gente muy bonita que ha venido a conocernos y a disfrutar y les ha encantado el local. Le hemos metido el corazón y todo el empeño, estamos dando el 100%”, señala esta universitaria volcada ahora al campo del café.

Andrea Escobar tiene bien claro que el campo, a pesar de lo que algunos afirman, está lleno de oportunidades para las nuevas generaciones. Y, de paso, cuestiona que algunos padres fueron quienes les inculcaron a sus hijos que la caficultura era una especie de estigma: “Tenemos que dejar de ver el campo y la caficultura como una actividad que no nos va a dejar salir adelante, ni nos deja proseguir. Los papás les decían a sus hijos: estudien porque pesa menos un lápiz que una pala. Gracias a Dios a mí nunca me dijeron eso, me mostraron el campo muy bonito como lo que en verdad es, y no ver la finquita como algo diminutivo o como un paseadero a donde ir cada ocho días”, asegura Andrea Escobar.

Agrega que “la finca hay que verla como lo que es, como una empresa, si se sabe trabajar bien y se sabe manejar eso, la finca es una empresa que le da para tener una vida digna. Pero también, hay que dejar ese pensamiento de que nos tenemos que tapar en plata. Hay que valorar también la tranquilidad, la paz, la felicidad que valen mucho más que cantidades de dinero”, afirma.

En su caso particular, la finca familiar ya tiene también su propia marca de café que han venido comercializando con positivos resultados. Se trata de El Bosque Marsellés, fruto de procesos amigables con el medio ambiente: “No es solo tener la marca y listo, sino llegarles a otros productores para decirles que podemos hacer caficultura sostenible y amigable, que podemos ver resultados y que no es solo tener la finquita como un paseadero”.

Madrucafé 97, Marsella (Risaralda)

Es así como en Marsella Andrea, Valeria y Jacobo están demostrando que el relevo generacional en el campo sí es posible, que la caficultura es un buen negocio y que el café es una excelente bebida y una fuente inagotable de nuevas experiencias.

Y, de paso, están consolidando el sueño de María del Carmen Henao de hacer de “Madrucafé 97” un sitio de café por excelencia, en una bella casa de balcones coloridos, donde predominan los tonos azules, un espacio para el alma. Allí muchas cosas se fusionan, como la tranquilidad, el buen café, la amistad, convirtiéndose en un sitio ideal para trabajar, para leer, para el descanso, para una reunión de trabajo o para ver un partido de fútbol en una cava que es el corazón de la casa.

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