¡NAVIDAD!
La Virgen viajó a Belén
para tener a su hijo;
José, su esposo, la guiaba,
montada sobre un burrito.
Cuando llegaron al pueblo,
nadie les daba su abrigo
y se fueron a un establo,
con mula y buey como amigos.
Allí nació el Niño Dios
en cuna humilde, sencilla,
que en verdad era tan sólo
pajitas, formando un nido.
La estrella brillaba en lo alto,
titilando de alegría,
y los ángeles cantaban,
honrando al recién nacido.
Los pastores, entretanto,
de sus rebaños corrían,
dispuestos a presenciar
aquel sagrado prodigio.
Y por eso, desde entonces,
hace más de veinte siglos,
celebramos Navidad
al ritmo de villancicos.
Es una historia de amor,
como papá Dios lo quiso,
para su enviado del Cielo,
encarnado con su espíritu.
¡Gloria al Señor de señores!
¡Gloria a Jesús, el Dios niño!
CANTOS NAVIDEÑOS
Princesita: canta, canta,
que estamos en Navidad.
El Niño Dios va a nacer,
el Niño Dios nacerá.
Canta alegre un villancico,
canta otro y otro más,
que tus notas musicales
hasta el cielo llegarán.
Agita tu pandereta,
y en el tambor, rataplán,
y haz que las maracas suenen
con su ritmo celestial.
Canta a la Virgen María,
a san José, buen papá,
y cántale a los pastores,
a las flores y a la paz.
Canta a los tres reyes magos
-Melchor, Gaspar, Baltasar-
que le llevan sus ofrendas
al gran rey universal.
Canta alegre, princesita,
que estamos en Navidad.
Tus cantos harán que el Niño
venga rápido al hogar.
Canta a la estrella en lo alto,
arriba, en el más allá,
que su luz es también tuya
y brilla donde tú estás.
A LA VIRGEN MARÍA
Encendamos las velitas
en este mes de diciembre
porque regresa la Virgen,
muy contenta, desde el Cielo.
Cruza por entre las nubes,
que le abren paso en silencio,
mientras, en lo alto, la luna
le ilumina su sendero.
Las estrellas, que titilan,
la contemplan desde lejos,
y el viento suave, tranquilo,
la va meciendo en su vuelo.
Sus ojos son dos luceros
que descienden en la noche,
envolviendo al universo
con hermosos resplandores.
Papá Dios es quien la envía,
cual regalo navideño,
en su níveo vestido
y con sus manos abiertas.
Así vuelve cada año,
en este mes de diciembre,
para estar en Navidad,
junto a su hijo, en el pesebre.
Coro:
Canten niños, salten, rían,
que ya María está cerca;
vean cómo su sonrisa
es la de una madre buena.
EL CABALLITO AZUL
“Sobre el caballito azul,
parado allí, en el pesebre,
el Niño Dios va a traerte
los regalos desde el Cielo”.
Esto decía la madre
a su hijo, el más pequeño,
quien en los sueños veía
aquel corcel en su vuelo.
Lo miraba galopar
-tas, tas, tas-, sin detenerse,
pasando por entre nubes
y alcanzando las estrellas.
En un lucero muy blanco,
tan blanco como la arena,
el Niño Dios recogía
juguetes y más juguetes.
Cuando llegaba, cansado,
sudoroso y sin aliento,
el caballito volvía
a ocupar su antiguo puesto.
Y al levantarse temprano,
corría alegre el pequeño
con afán, desesperado,
por ver a Jesús de nuevo.
Se acercaba hasta el caballo,
entre un montón de paquetes,
y le agradecía mucho
por ser un amigo bueno.
La madre, que le observaba
con cariño, desde cerca,
oraba para que el niño
no perdiera su inocencia.
EL NIÑO DEL SOL
Un niño salió cantando,
cantando con su canción;
llevaba en sus manos blancas
una esperanza y un sol.
En sus pies traía un mar,
y en su pecho, un corazón,
un corazón que latía
como el corazón de Dios.
Si alguna vez lo encontráis,
como lo he encontrado yo,
decid que nadie le ha visto,
decid que nadie lo vio.



