Neverg Londoño Arias
En la mañana de un martes con sol y diciembre despedimos a mamá. Las lágrimas salían limpiando el alma para acunarla en el lugar de siempre, donde los recuerdos son gratos y la vida se detiene; allí donde su alegría y sus palabras llenaban los espacios de la casa. Nunca antes en la vida y en las vidas de sus hijos se había sentido tanto dolor atosigando la garganta para lanzar al viento un grito, ese lamento triste de “los ¿porqué?”.
Todo había quedado suspendido en un instante, vencida por el cansancio de la vida que se iba en silencio frente al árbol que recogía lluvias y trinos, vientos y saludos; de cara al sol y mirando al cielo como buscando su lugar en las estrellas. Recordó la vida campesina, el saludo de las mañanas frías con olor a café recién servido y las tardes de sol, la casa con olor a deberes y las largas jornadas de las cosechas frente a las exigencias de los patronos. En ese instante final sintió la presencia de todos sus hijos y los encomendó al dios de sus oraciones. El ángel guardián que la acompañaba quedó en silencio.
Muchos rostros se acercaron un día después a mirar toda la tristeza junta, posiblemente a compartir, talvez a ayudarnos a sentir que hay dolor en los desprendimientos, que los recuerdos también se construyen desde la tristeza, y que los instantes hacen parte esencial de las nostalgias, esos dolores en el alma que se llevan para siempre.
Todo ha pasado ya. Queda solamente el refugio de la oración y el recuerdo de las palabras tristes de esa última canción de Kany García que nos movió el alma:
“Allí miré tu foto en la nevera… sonrío al descubrir tus mil maneras para quererme”. “Hoy como cada tarde te imaginaba”. “Confieso que me haces falta para decirme: “todo va a estar bien”… “Lloré porque tu voz no está en la casa, reí porque me amaste con todo tu ser, es una mezcla que me agarra el alma y rompe en cada esquina de mi ser”. “¿Y cómo no? Si eras mi todo ¿Y cómo no?”.
“La noche buena se vuelve más fría y en abril se caen todas las flores y siento que me hablas cada día en mil canciones. Miro al cielo y no me basta, y tus fotos que me engañan Y me hacen creer que hoy llamas en la tarde para saludarme”.
Ayer despedimos a la mamá, “nadie comprenderá jamás nuestra tristeza”.

