Juan Holguín es el jefe de protocolo de la Alcaldía de Pereira. Desentraña los secretos de una disciplina que va mucho más allá de los buenos modales.
La trayectoria de Holguín abarca desde la gerencia de agencias de modelos hasta la organización de multitudinarias posesiones políticas. Explica cómo el protocolo sirve como un código de comunicación esencial para la actividad pública y empresarial en una ciudad que no para de crecer.
Protocolo
Lo primero antes de entrar en un mundo que a veces suele tornarse complicado para quienes no lo manejan, es saber a ciencia cierta de qué se trata. “De la manera más simple, el protocolo es un código de comunicación. Mientras que la etiqueta social son los usos que nos enseñan en casa (no abrir la boca con comida, saludar a los mayores, no apoyar los codos en la mesa), para un relacionamiento amable, mientras que el protocolo tiene que ver con lo público. Son normas preestablecidas y leyes, como el trato a la bandera, el comportamiento frente al himno nacional o las precedencias de las autoridades en un acto. Sirve para ordenar las relaciones y permitir que grupos heterogéneos convivan y se comporten adecuadamente”.
¿Cómo es el engranaje para coordinar a tantas personas en la producción de un evento?
Uno se vuelve un productor. En la Gobernación de Risaralda redacté un manual de protocolo y eventos, y ahora en la Alcaldía estamos sacando uno que explica cómo planificar, presupuestar, ejecutar y evaluar cada acto. Esto implica coordinar frentes que la gente no imagina: luces, montaje, flores, catering, invitaciones y confirmaciones. Se requiere un equipo con experticia en logística y una gran planificación para que todo se desarrolle de la mejor manera”.
El universo de lo público
Su camino hacia el protocolo fue particular. ¿Cómo empezó todo? “Hace años fui gerente de una empresa de modelaje y allí empecé a relacionarme con los eventos. Recuerdo que incluso me encargaron la preparación de unas reinas para el reinado del pasillo en las Fiestas de Pereira, sin ser yo preparador de reinas. Advertí que tenía habilidades y afinidad por esto, y como era amigo de muchos políticos, me llamaron para asesorar una posesión de gobernador. Fue un reto grande porque nunca había trabajado en lo público; me tocó estudiar muchísimo, pero me fue bien y desde ahí empezaron a reconocerme en estas funciones”.
¿Cómo ha complementado su formación? “Tengo estudios de Derecho. Luego empecé a dictar clases en áreas de hotelería y turismo, y me tocó investigar a fondo sobre vinos, servicio de mesa y bar. He sido como una esponja absorbiendo conocimiento; asesoré incluso el servicio del hotel más importante de la ciudad formando a los meseros. Al final, todo termina en una mezcla de estudio, observación, algo de intuición y olfato, sobre cómo deben ser las cosas”.
Una fiesta montañera
Ya del todo en el ruedo y entre tantos eventos, ¿cuál ha sido el más notorio que recuerda? “Tengo muchos, pero uno grabado en la memoria fue cuando Risaralda fue el departamento invitado para ANATO, porque cumplía 50 años. El día anterior, Argentina (país invitado) hizo una fiesta espectacular con pasto natural traído de la sabana y un videomapping carísimo para aquella época. El gobernador me preguntó si estábamos listos y yo le dije que nuestra fiesta sería ‘montañera’.
¿Se entendió el concepto montañero? “¡Sí! Llevamos nuestra comida, flores endémicas y meseros con atuendos típicos, todo lo llevamos desde aquí. El Gin Tonic lo convertimos en ‘aguardiente tonic’. Fue un éxito total; entraron más de mil personas y ver a alemanes, franceses y españoles bailando música parrandera fue emocionante. Al final los aplausos fueron estruendosos”.
Una posesión sin precedentes
De los momentos de crisis, ¿qué puede contar? “La posesión del actual alcalde y el gobernador fue muy grande y muy dura, porque decisiones de última hora ‘revolcaron’ el protocolo. Los posesionados decidieron quitar las barreras para estar cerca de la gente y el protocolo se cayó al piso. Monseñor y el general se quedaron sin silla porque la gente se volcó hacia adelante”.
¿Qué hizo como director de protocolo? “Cuando el orden desaparece hay que guardar la calma y no hacer un ‘show’ de nervios. Mi último bastión era la tarima, ahí me atrincheré, esa sí era mía y yo mandaba, les dije: ‘esto no me lo toca nadie’, porque era lo que iba a salir en todas las fotos y en la televisión. Al día siguiente, el alcalde Mauricio Salazar reconoció que el protocolo era necesario y pidió que, de ahí en adelante, todo se atendiera al mismo. El protocolo se actualiza, por ejemplo, el alcalde no usa corbata, pero es juicioso con su chaqueta y se deja asesorar en detalles”.
Planificar el 2026
¿Qué tiene en mente para el año que comienza? “Me siento muy cómodo con el alcalde, es un escenario maravilloso. Mi gran reto es hacer un evento académico o seminario de protocolo donde pueda vincular incluso a los periodistas, porque para ustedes es clave entender este tema”.
“Pereira crece y requiere más protocolo, especialmente con la llegada de inversionistas extranjeros”.
Para Juan Holguín es necesario, por ejemplo, que se sepa recibir a los japoneses, “hay que saber cómo saludarlos, no se les puede ir a dar el abrazo paisa”.



