Por Pilar Salcedo Jiménez
Con más de 50 años de experiencia en el mundo del coleccionismo, el numismático colombiano Pedro Pablo Hernández se ha consolidado como una de las principales autoridades en billetes y monedas del país.
A sus casi 80 años, este nariñense, radicado desde hace décadas en Antioquia, es el autor del que hoy es considerado el catálogo más completo de numismática colombiana, una obra de consulta obligada para coleccionistas y comerciantes.

La más reciente edición de su libro, la novena, salió al mercado en diciembre pasado y reúne prácticamente el 98 % de las monedas y billetes que han circulado en el territorio colombiano, desde la época del Nuevo Reino de Granada hasta la actual familia de billetes del Banco de la República.
El volumen, que pesa cerca de un kilogramo y cuenta con fotografías a color y precios detallados según el estado de conservación de cada pieza, se agotó rápidamente entre coleccionistas y comerciantes especializados.

Hernández explica que el proceso de elaboración del catálogo ha sido largo y riguroso. Para cada edición ha contado con la colaboración de coleccionistas de todo el país, quienes le han prestado piezas originales para ser fotografiadas. Además, antes de salir al mercado, el libro es sometido a revisión por expertos, con el fin de ofrecer una guía confiable de precios, basada no solo en su experiencia, sino también en el consenso del sector.


Entre los datos más llamativos que recoge su obra está el del primer billete emitido en el territorio colombiano: un billete de un real, hecho a mano en Cartagena en 1813. Aunque se trata de una pieza histórica, su valor comercial no es el más alto.
Los más costosos
Según Hernández, los billetes más costosos son los emitidos por el Banco de la República en 1923, especialmente el billete de 500 pesos de ese año, del cual solo se conocen tres ejemplares y cuyo valor depende de su estado de conservación.

El autor destaca que el interés por la numismática en Colombia creció de manera significativa tras la pandemia del COVID-19, cuando muchas personas comenzaron a invertir en billetes y monedas como una alternativa financiera. Hoy, ciudades como Bogotá, Medellín, Cali y Pereira cuentan con comunidades activas de coleccionistas y eventos especializados. En la capital risaraldense, incluso, se realiza anualmente un encuentro numismático que convoca a aficionados de la región.
Más allá del aspecto comercial, Hernández subraya el valor cultural del coleccionismo. Cada moneda y cada billete, afirma, cuentan una historia y permiten entender momentos clave del país. Por eso, su propósito con el libro no es lucrativo, sino didáctico: acercar a niños, jóvenes y adultos al estudio de la numismática como una herramienta de aprendizaje y preservación de la memoria histórica.
El dato
Actualmente, el investigador trabaja en dos nuevas publicaciones: una dedicada exclusivamente a monedas y fichas —un medio alternativo de pago utilizado antiguamente en haciendas y empresas— y otra centrada en billetes y documentos en papel. Con estos proyectos, Pedro Pablo Hernández busca seguir ampliando el legado de una disciplina que, más que una afición, se ha convertido en su vida y en una referencia obligada para el coleccionismo en Colombia.
Este billete de 1923, es el más costoso. Del mismo solo existen tres ejemplares.



