En esta nueva etapa cronológica constituye un placer continuar aportando reflexiones, críticas y enseñanzas en este medio informativo. Las columnas leídas profusamente por Internet, según el número de visitas registradas, son gratificantes debido a una consideración en abstracto.
Muchos del segmento privilegiado pertenecen al grupo de los inteligentes y un reducido número de ignorantes trasciende y, como Zalamea, crece y crece la audiencia. Por razones culturales los imbéciles, definidos como aquellos que saben pero se hacen los “güevones”, van poco a poco adquiriendo conciencia o dicho de otra manera: de la cultura y saberes algo se les está pegando.
Los bestiales o tontos también se ponen pilas, no muchos, pero no hacen impositiva y absurdamente lo que otros les digan. En filosofía contemporánea, aun parroquial, la unidad cuerpo y espíritu se siente de tal manera que la identidad y pertenencia de individuos colectivizados avanza produciendo cambios reales en el relacionamiento y racionalización humana.
Estos cuentos narrados y por narrar tienen la característica de la contemporaneidad sin abusar de la posverdad por su difícil cognitivo en el espectro de la prospectiva o la especulación. Se cuentan desde la vivencia sin abusar de la academia transcrita como suele hacerse, en particular, por aquellos imbéciles en busca del poder omnímodo imaginado, sin concreción, esto en razón a la ideología representativa de formas religiosas, políticas y reguladoras o derecho.
Las leyendas se relatan en territorios multidimensionales a través de sus propios atributos procurando siempre conservar identidades y pertenencias, para evitar el repetido error de imaginar decretando un territorio inexistente. Ya lo decía el personero municipal de Pereira, un costeño amable y sagaz: “los POT de la Ciudad son ilegítimos”. Acentuaba esa postura el excontralor departamental de Risaralda, siendo en la actualidad, palabras huecas o lanzadas al viento tormentoso de la imbecilidad política.
En el Orbe, el Ordenamiento Territorial es y seguirá siendo el reconocimiento de una realidad palpable así los políticos, utilizando un imaginario como el Orden, surgido del carácter mismo de propiedad en momentos o hechos históricos, se enfoquen y crean la idea de legalidad por encima de la legitimidad. El territorio siempre es y será el espacio donde habitan humanos (otros seres) que le dan sentido. Comprender esta verdad es aceptar la sustancialidad del universo, aunque al parecer no es tan simple.
La imaginación humana parece que no tiene límites moviéndose en función de la dinámica popular; ayer colectivos primitivos hoy capitalistas sin mercado. Se pasó por fortuna relativa del esclavismo mugiente al esclavismo del dinero, conservando siempre el poder dependiente de unos por voluntad de los otros mayoritarios. Los humanos sin saber la verdad, la cierta, ya hablan de la posverdad utilizando la actual inteligencia artificial que tiene mucho, diría mejor, demasiado de imbecilidad.
Ha corrido mucha agua debajo del puente; es mucho el aprendizaje, demasiada la información. El cerebro adquiere más neuronas, pero los humanos pierden inteligencia, no les gusta pensar, permiten que otros decidan por ellos. La inteligencia artificial impone gobiernos que se atrasan políticamente imponiéndose el populismo de cualquier vertiente, derecha, centro e izquierda, la unidad familiar como núcleo central de la sociedad se destruye, entre otras cosas, porque nunca ha existido.
Lo sustentable se vuelve insustentable, lo sostenible se politiza decretando territorios inexistentes, siendo los humanos víctimas y victimarios del insuceso, todo gracias al otro gran invento, la democracia, donde el demos lo constituyen algunos inteligentes abusados por imbéciles que tienen y tendrán el control de los bestiales o tontos.
lumica74@hotmail.com.

