En el eje cafetero tenemos la presencia de varios pueblos y un territorio lleno de señas de lo ancestral, pronto se verá a la luz el Parque Arqueológico del Salado Consotá y habrá que promover más iniciativas.
John Harold Giraldo Herrera
Colombia al ser una nación plural, olvida sus orígenes. Acumulamos deudas culturales y educativas con lo que nos pertenece. Una de ellas, es que al ser uno de los países con mayor concentración de lenguas propias, solo se dedica a hablar el llamado idioma oficial y lo demás parece decoración o no interesa o lo peor: es tratado con menosprecio o subvaloración. Luego de reconocer 115 Pueblos de Origen de los más de 800 que existen en Latinoamérica, se posiciona como uno de los de más riqueza cultural, más que México que ostenta una defensa más férrea de su ancestralidad, o que Perú que posee huellas inherentes en su ADN como nación. Eso sí, nuestra población en número es cercana al 3% de la población y aunque son más de 50 millones de indígenas en LA, en Colombia muchos se niegan en auto reconocerse por un proyecto de país que los ha negado, o les ha hecho sentir vergüenza de su raíz.
En la Maestría en Lingüística, que hace poco hizo una renovación de su propuesta de estudios liderada por el doctor Leandro Arbey Giraldo, involucró, por mí sugerencia, un seminario denominado: Lenguas de Origen de Colombia, y ya hicimos el primer ejercicio con una cohorte en la que participan más de diez estudiantes, al hacer un panorama de las más de 78 lenguas que se hablan en la actualidad en Colombia y desde una pedagogía inmersiva y regenerativa, hicimos contacto con la lengua Umbra en Ciudad del Tiempo, en el territorio del resguardo Escopetera y Pirza. Poco se hace en lo educativo por estudiar y menos apropiar tal fuerza comunicativa. Deberíamos tener un macro proyecto que nos hiciera no solo conocedores de esas lenguas sino también hablantes. La corporación Oshun liderada por Paula Arcila ha planteado la idea de colocar en los megabuses palabras en idioma embera.
La diversidad que se pierde en toda Latinoamérica por falta de iniciativas es una muerte que opaca y empobrece nuestra capacidad como humanidad. Homogenizar y estandarizar es también un acto de terror. Todavía hay jóvenes y niños que creen que ser indígena equivale a ser salvaje o incivilizado o peor aún, como decía la constitución del 86: seres sin alma. Dicho de otra manera, seres humanos que no merecen ni mención. Lo que sabemos, sin idolatrar o poner como supremacía a unos sobre otros, es que esa gente, convive de manera más armoniosa con lo natural y a veces necesitan menos (gastan menos el planeta) y todavía muchos ejercen actos de desagravio a la madre tierra por lo que todos y todas le causamos, como la ceremonia de Benekúa en noviembre que hacen los embera o el Bëtscnáté para el pueblo Kamëntsá o el Atun Puncha para los Inga o ni que decir de los Pagamentos constantes que hacen en la Sierra Nevada de Colombia. Hechos de consagración por la vida y de reconciliación. Si al mundo le sorprende las versiones de la película Avatar, es desde luego por un grado de empatía con nuestra única casa conocida, pero salen y se cruzan con un indígena y lo humillan o le miran como inferior.
Obliga al estado
El caso es que al existir la ley 1381 del 2010 que obliga al estado a proponer el cuidado y la preservación de sus lenguas, lo que tenemos como dicen los mayores y mayoras de los Misak, es que el futuro se encuentra atrás. Al recuperar y revitalizar tanto saber y práctica y las lenguas, es como dijera el recordado Nelson Mandela: “Si hablas a una persona, en una lengua que entiende, sus palabras llegarán a la cabeza. Si le hablas en su propia lengua, las palabras irán a su corazón”. Nos falta sentipensar bonito y agradecer y poner en el justo lugar los legados que se han conservado y no podemos expresar que no se ha hecho, como el reconocimiento del viche, las parteras, los tejidos, la medicina propia, la educación, entre otros, pero no se pueden quedar en el papel o en las voluntades de mandatarios, personas o gestores; si la cultura no se extiende perece, sino la abrigan las personas no es.
En la academia
Por eso es tan oportuno que personas como Bárbara Muelas, sean hoy junto con la afro Mary Grueso, honorarias de la Academia de la Lengua en Colombia y que sus voces cubran esos vacíos de segregación que nos alimentaron y que en las escuelas, colegios y universidades, se insista, como lo hiciera Abadio Gren, en postular programas como la Licenciatura de la Madre Tierra en la U de Antioquia. Nos unimos en la Universidad Tecnológica, con un seminario que abre posibilidades para que se tenga presente que más de 78 lenguas nos habitan y que existen unas por impedir que se extingan o que quizás solo las hable unas pocas familias (hay que actualizar el mapa sociolingüístico del país), como el caso del Umbra, que fue marcado por jerarcas de la iglesia católica como demoníaco o que lo mejor solo sea que al decirse culto se hable español y no una rareza por ahí.
En Colombia tres idiomas ancestrales poseen mayor número de hablantes. El wayuunaiqui, que es el idioma del pueblo Wayúu (con más de un millón de hablantes) el nasayuwe (de los Nasa) y el embera con más de doscientos mil hablantes cada uno. Pero en cambio hay algunos idiomas que no poseen ni cien hablantes, o que por situaciones de colonización a los niños y jóvenes ya no les interesa hablarlo por una creencia de sentir que es mejor y más rentable hablar español, portugués o inglés. Por eso mama Bárbara dijo en su discurso que: “este honorable espacio de palabras y saberes, sea entonces ese fogón común desde donde nuestras voces puedan seguir caminando, enrollándose y desenrollándose juntas, para construir una Colombia más justa, más diversa, y profundamente orgullosa de todas sus raíces culturales”.
Los orígenes
Me he pasado una parte de la vida caminando los orígenes, yendo a lugares que no son solo paradisíacos por sus paisajes sino por sus gentes y de ese modo he desaprendido, y al tiempo he ubicado la necesidad de revitalizarme con la sabiduría de los hermanos y hermanas de los Pueblos de Origen, incluidos los pueblos raizales, los afro, room, y otros que tienen como patria también el suelo colombiano y de ahí que sin ser un experto sino más un entusiasta, haya publicado cinco libros dedicados a estas circunstancias:
-Dos libros de relatos (Mini narraciones ancestrales (2023) publicado por la editorial de la Universidad Tecnológica de Pereira
-Relatos regionales (2020) por la Secretaría de Cultura de Pereira
-Los Guardianes de la Tierra por el Ministerio de Cultura (2011)
-Y dos más que han sido premiados por la convocatoria de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Pereira: Kurmadó: como un río de Chaquiras (2023) (sobre la presencia embera en la ciudad) y Rastros y rostros, Bordes y Testimonios (2025) (perfiles de personas de Pueblos de Origen y de otras latitudes) que será lanzado este año. Así como he hecho documentales y cortos sobre el tema.
En el eje cafetero, tenemos la presencia de varios pueblos y un territorio lleno de señas de lo ancestral, pronto se verá a la luz el Parque Arqueológico del Salado Consotá y habrá que promover más iniciativas. Pero si en lo educativo no se gesta el estudio de lo que nos pertenece, corre el riesgo de perderse.
* Docente Titular Universidad Tecnológica de Pereira. haroldgh@utp.edu.co



