Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos atraviesan uno de sus momentos más tensos en décadas y tendrán un punto de inflexión el próximo 3 de febrero de 2026, cuando el presidente Gustavo Petro se reúna con su homólogo estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca. Analistas advierten que se tratará de una cita marcada por la asimetría de poder, con una agenda sensible que podría redefinir el rumbo político, diplomático y económico del país.
El encuentro se da tras meses de confrontación verbal y desconfianza mutua. Trump llegó a calificar a Colombia como un “país enfermo”, acusó al Gobierno de permitir la operación de “fábricas de cocaína” e incluso mencionó la posibilidad de una intervención militar para combatir el narcotráfico. Las declaraciones se intensificaron luego de que Petro rechazara el despliegue de fuerzas estadounidenses en Venezuela, operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero.
Desde Colombia, la respuesta no fue menos dura. Petro acusó a la administración estadounidense de promover la “supremacía blanca”, lo que llevó la relación bilateral a uno de sus niveles más bajos. El clima comenzó a cambiar tras una llamada telefónica de casi una hora, calificada como “positiva” por ambas partes, que abrió la puerta al encuentro presencial en Washington.
Narcotráfico, migración y sanciones: los temas clave
La lucha contra el narcotráfico será el eje central de la conversación. Petro defenderá su modelo, asegurando que ha logrado incautaciones récord de más de 2.000 toneladas de cocaína, aunque enfrenta cuestionamientos internacionales por el aumento en la producción. Estados Unidos, por su parte, insistirá en resultados concretos en erradicación y control territorial.
Otro punto sensible será la migración. Trump mantiene su política de deportaciones masivas, mientras que Petro ha denunciado públicamente el trato “inhumano” a los migrantes. El Gobierno colombiano buscará acuerdos que eviten una crisis humanitaria y logística por los vuelos de repatriación.
En la agenda también figura la situación del presidente Petro frente a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac), luego de versiones que mencionan su nombre en la llamada lista Clinton, en el marco de la política de ‘Paz Total’. El mandatario insistirá en que su estrategia apunta a la pacificación del país y no tiene vínculos con organizaciones ilegales.
Expertos advierten tensiones y expectativas desiguales
Para Camilo González Vides, profesor de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana, la reunión refleja una relación “totalmente asimétrica”. “La expectativa está más del lado de Colombia que de Estados Unidos”, afirmó, señalando que el país depende del respaldo norteamericano en temas como seguridad, narcotráfico y cooperación al desarrollo, especialmente tras la eliminación de Usaid en territorio colombiano.
González recordó que, pese a las tensiones, Estados Unidos sigue viendo a Colombia como un socio estratégico, herencia de iniciativas como el Plan Colombia, y destacó que retomar el diálogo puede favorecer el control de los flujos de narcotráfico que pasan por Venezuela.
Sin embargo, el experto advirtió que varios asuntos no tendrán una definición inmediata. La certificación antidrogas quedará en manos del próximo gobierno estadounidense, mientras que Washington mantendrá la presión por mayores controles a los cultivos ilícitos y resultados claros de la ‘Paz Total’.
La reunión del 3 de febrero no solo pondrá a prueba la capacidad diplomática de ambos mandatarios, sino que podría marcar el rumbo de la relación bilateral en un contexto regional y global cargado de tensiones, donde Colombia se juega buena parte de su estabilidad política y su posición estratégica en el hemisferio.



