Tiene razón Vicky Dávila en estar molesta con su grosería. Tiene razón Alvaro Uribe en estarlo por su traición y también la tiene la izquierda petrista por su injerencia perturbadora en la consulta. Roy Barreras ha traicionado o maltratado a todo el mundo por lo que su candidatura debiera estar condenada al fracaso. Pero la historia no avala necesariamente ese resultado. Han existido políticos con la habilidad de cambiar de bando múltiples veces y sobrevivir a la desconfianza que despiertan sus veleidades. Como el icónico caso de Joseph Fouché, político francés del siglo XVIII que fue monarquista, revolucionario, napoleónico y de nuevo monarquista. A todos los traicionó y a todos los sobrevivió llegando a ser el hombre más rico del país. En Colombia también han existido políticos de esa calaña desde las guerras de independencia plagadas de cambios de bando por parte de los combatientes. En épocas más modernas, para no tener que hablar de Santos, cuando se dio el golpe de estado contra Laureano Gómez en 1.952 cientos de sus amigos le dieron la espalda siendo notoria la traición de Lucio Pabón a quién había criado como un hijo y se declaró partidario de Rojas Pinilla, para militar después en el frente nacional sin ningún pudor. Para concluir: Roy Barreras no está acabado, ni de lejos, es un actor principal en la política independientemente del fastidio que causen sus giros sorpresivos porque en esta, como en la vida, el éxito se mide por la capacidad de adaptarse y sobrevivir a los cambios. De golpe lo vemos de director de prisiones del presidente De la Espriella.
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