El pereirano Carlos Andrés Mejía nació en Venezuela, es pereirano porque aquí se formó y vivió los años más importantes para un ser humano, la etapa cuando se hacen los amigos para toda la vida y se vive el primer amor.
Mejía es un músico cuya carrera empezó a los 20 años de edad, sí tiene una familia musical, pero en sus planes profesionales no tuvo presente esta fuerte herencia. Todo empezó en Manizales, cuando cursaba quinto semestre de Ingeniería de Alimentos, tras lo que se puede llamar una epifanía cinematográfica. En esa historia un pianista y su forma de interpretar el piano, lo llevó a encuentro consigo mismo que le dijo que su espíritu no estaba para otra cosa que para la música y después del difícil momento de comentar en su familia que dejaba de lado la ingeniería, la pasión no tuvo límite.
Entre tintas y flautas
Se entregó al piano y la dirección de orquesta, se formó en Manizales y su natal Venezuela le puso la cereza al pastel antes de radicarse por una década en República Dominicana. De regreso en esta tierra, empezó a liderar el grupo Fractal Ensamble y el Pereira Music Fest, promoviendo una visión del arte donde la disciplina y el afecto son los motores de la creación musical.
Sus padres son caldenses, al casarse se radicaron en Cali, donde lo más lógico era que nacieran sus hijos, pero la bonanza petrolera de los años 70, hizo que sus padres migraran, tiempo después regresaron a Pereira para fundar la litografía Génesis, Carlos creció en un entorno donde la música era algo natural pero no profesional. Su abuelo materno fue un flautista aficionado y reportero gráfico, quien en una proeza de gestión, logró llevar la Sinfónica de Colombia a su lejano Manzanares a finales de la década del 50. Esta herencia de ‘hacer que las cosas pasen’ marcaría su futuro.
Amor a primer oído
La película Shine, sobre el pianista David Helfgott, lo dejó cautivado con el Concierto n.º 3 de Rachmaninov. Así, como quien abandona todo por amor a pesar de cualquier obstáculo, comenzó un proceso de formación intenso y tardío en la Universidad de Caldas, donde bajo la guía de la exigente maestra Marina González —formada en el Conservatorio de Moscú— aprendió que el arte requiere una templanza absoluta y mucha resiliencia ante la frustración.
Del Caribe a la dirección europea
Su talento y disciplina lo llevaron a Caracas, donde estudió Dirección de orquesta con el maestro Alfredo Rugeles en la Universidad Simón Bolívar. Tras años de formación en Venezuela y cursos de perfeccionamiento en la prestigiosa Escuela Superior de Música Franz Liszt en Alemania, Carlos se radicó en República Dominicana. Allí, se desempeñó como director asistente de la Sinfónica Nacional y lideró proyectos como la Sociedad Proarte Latinoamericana y el coro de la Junta Central Electoral, consolidándose como un gestor y director de referencia en el Caribe.
El llamado del terruño
A pesar del éxito en el exterior, la Pandemia y un llamado interno lo impulsaron a regresar a Colombia, a finales de 2020. “Simplemente sentí que tenía que venir”, afirma Mejía, quien regresó a Pereira sin un empleo asegurado pero con la firme intención de aportar al panorama cultural de la ciudad. Desde entonces, ha fundado junto a otros artistas el Fractal Ensamble y el Pereira Music Fest, espacios que buscan profesionalizar la oferta musical local y crear puentes con el mundo. Su próxima escala será Andorra, donde el 15 de marzo dirigirá un programa de canción francesa, llevando una vez más su batuta desde el corazón de Risaralda hacia los escenarios internacionales.
“No hay nada más extraordinario que una persona encuentre algo a lo cual dedicarse de manera súper apasionada, porque la satisfacción está garantizada”.
Carlos Andrés deja un sello de pasión en todo lo que emprende, tiene convicciones absolutas y le queda mucho por hacer en el campo musical.



