Cuatro años de la invasión a Ucrania

Sebastián Arango Náder

Esta semana se cumplieron cuatro años del inicio de la invasión rusa a Ucrania, la más reciente ocupación de Rusia a los territorios eslavos orientales. Una conmemoración que recuerda el inicio de la campaña militar presentada por el presidente Vladimir Putin como una “operación militar especial” adelantada, según él, para garantizar la seguridad de su país y defender a las comunidades rusoparlantes de la región oriental del Donbás.

Con la ayuda de grupos paramilitares, los primeros días de la invasión fueron vertiginosos y los invasores alcanzaron a llegar a las puertas de Kiev, la capital ucraniana. Ataques aéreos y movimientos terrestres simultáneos hicieron pensar que la caída de Ucrania, o por lo menos del gobierno de Volodímir Zelenski, iba a ser una operación rápida. Sin embargo, la resistencia de los ucranianos y el apoyo de los países occidentales lograron contener la avanzada de los invasores rusos.

Tras cuatro años, nos acostumbramos a las noticias sobre bombardeos y combates en Ucrania, un conflicto que parece lejano. Es cierto que tiene lugar a miles de kilómetros y pocos son los civiles colombianos que habitan esas zonas, sin embargo, en un mundo tan interconectado, no debemos ignorar su impacto global.

Son varios los elementos que nos acercan a la realidad ucraniana, por ejemplo, la presencia de miles de mercenarios colombianos en el frente de batalla. Según un informe del centro de pensamiento Atlantic Council, entre 300 y 550 connacionales han muerto desde el inicio de la invasión, participando en su mayoría en la defensa ucraniana. Los militares colombianos resultan una fuerza entrenada y disponible para suplir carencias estratégicas y de tropas. Algunos vacíos en la transición a la vida civil explican su reclutamiento para conflictos como el ucraniano o el sudanés: una oportunidad económica de alto riesgo para sus vidas y la tranquilidad de sus familias en Colombia.

Otro de los efectos de la guerra en Ucrania ha sido la carestía en productos como el trigo y los abonos agrícolas. La invasión rusa afectó la producción ucraniana y los intercambios a nivel mundial. Su impacto se siente en Colombia, en especial, en los costos de la producción agrícola y, por ello, en los precios que pagamos por nuestros alimentos.

Estos son algunos ejemplos de la presencia del conflicto ucraniano en nuestras vidas. Pero, a nivel general, debemos recordar la guerra en Ucrania como la defensa de los valores que identifican a Occidente. Los ucranianos, en cabeza de Zelenski, contienen el avance de un régimen corrupto y autoritario. Van cuatro años, miles de muertos, millones de desplazados y pocas esperanzas para la solución del conflicto. Aun así, frente a la tragedia, la resistencia ucraniana es un ejemplo de valor y dignidad frente a las ambiciones expansionistas y codiciosas del tirano de Moscú y sus aliados.

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