Por: Rubén Darío Franco Narváez
“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, sentenciaba el periodista y escritor uruguayo Eduardo Germán María Hughes Galeano. Esa premisa es el alma de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs); entidades que, sobre el papel, nacen para llenar los vacíos donde el Estado no llega y para ser la voz de quienes el sistema ha silenciado.
Hoy, 27 febrero 2026, en el Día Mundial de las ONGs, Risaralda se enfrenta a una dualidad compleja. -El control de estas entidades, a cargo de la Gobernación y la Cámara de Comercio, se torna laberíntico ante la coexistencia de organizaciones nacionales, extranjeras y aquellas “piratas” que operan en la sombra.
Sin embargo, la maleza no debe impedirnos ver el bosque. Es imperativo exaltar a quienes han convertido la misión social en una hoja de ruta ética. Instituciones como la Sociedad de Mejoras de Pereira – ProRisaralda, motor de competitividad; la Fundación Revivamos, que protege el milagro de la vida en los recién nacidos; Copesa, centrada en el desarrollo económico y social; son ejemplos de gestión. A ellas, se suman: YMCA Risaralda; la Fundación Moi Pour Toi -con su valioso aporte suizo- y la Fundación Kayros. Especial mención merecen la Red de ONGs de Personas con Discapacidad; y las organizaciones de mujeres, como la Corporación Stella Brand, la Escuela Guadalupe Zapata y la Comisión S.E.R., baluartes de justicia y equidad.
No obstante, la celebración no puede ser ciega. Al evaluar su papel, surge mi pregunta incómoda: ¿Realmente funcionan todas en nuestro territorio?
La respuesta exige un bisturí crítico. -No es secreto que muchas organizaciones han extraviado su norte, contaminándose de una “avasallante politiquería” que desvía recursos hacia intereses particulares. La verdadera labor social debe estar descontaminada de la cultura del “Cómo Voy Yo” (CVY). Cuando una ONG prioriza el lucro personal, deja de ser un refugio de esperanza para convertirse en un negocio de la necesidad.
Como decía, el expresidente de Mozambique, Samora Machel: “La solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda mutua entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo”.
Apoyar a una ONG honesta es fortalecer el tejido social; pero exigir transparencia no es un ataque, es el único escudo para proteger la esencia misma de la solidaridad risaraldense.

