La Casa Blanca confirmó este lunes que recibió una carta del presidente venezolano Nicolás Maduro dirigida a Donald Trump, pero desestimó su contenido al calificarlo de “ilegítimo” y lleno de “muchas mentiras”. La portavoz Karoline Leavitt reiteró que para Washington el régimen de Maduro no es reconocido y que la política de la administración Trump hacia Venezuela “no ha cambiado”.
“Francamente, creo que Maduro repitió muchas mentiras en ella”, afirmó Leavitt en rueda de prensa. Además, subrayó que Trump está dispuesto a usar “todos los medios necesarios” para detener lo que describió como el tráfico de drogas letales procedente del régimen chavista hacia Estados Unidos.
En la misiva, Maduro expresaba su disposición a mantener conversaciones directas con Richard Grenell, enviado especial de Washington, y rechazaba las acusaciones de vínculos con el narcotráfico. El mandatario venezolano alegó que su país ha sido víctima de “fake news” y advirtió que una escalada militar traería un “daño catastrófico a todo el continente”.
El contexto de esta carta es la creciente tensión bilateral, marcada por el despliegue de buques y aeronaves de EE. UU. en el mar Caribe bajo el argumento de combatir al narcotráfico. Washington ha hundido ya cuatro embarcaciones atribuidas a estas actividades, tres de ellas con origen en Venezuela, lo que ha provocado duros reclamos desde Caracas.
A este cruce de acusaciones se sumó un episodio que agitó aún más el ambiente político: Donald Trump se burló públicamente de las milicias ciudadanas venezolanas. En su red Truth Social, el presidente estadounidense publicó un video de entrenamientos militares de civiles en Venezuela acompañado de un mensaje sarcástico: “ULTRASECRETO: Hemos sorprendido a la milicia venezolana en entrenamiento. ¡Una amenaza muy seria!”.
El gesto fue interpretado como una muestra de desprecio hacia la estrategia de defensa impulsada por Maduro, mientras el gobierno venezolano insistió en que los ejercicios son parte de la preparación frente a lo que considera la “amenaza imperial” de Estados Unidos.
Las diferencias entre Caracas y Washington, lejos de reducirse, parecen profundizarse con cada movimiento militar y cada intercambio de declaraciones, en un escenario en el que las tensiones crecen al mismo ritmo que la incertidumbre en la región.



