Al lado de la tulpa, conversamos con la gobernadora del cabildo indígena de la UTP y el alguacil primero.
En la Universidad Tecnológica de Pereira, en el bloque 13, epicentro de cientos de hallazgos arqueológicos de culturas ancestrales, se encuentra la tulpa, un espacio de diálogo y de familiaridad, donde el fuego que representa la vida está siempre encendido, excepto cuando llueve.
Este es el espacio donde diversas comunidades indígenas de la UTP se agrupan y gestionan para mantener vida su identidad.
Angie Tatiana Escobar Termal, una joven de 23 años, lidera como gobernadora del cabildo indígena de la UTP, que este año, en 2025, cumple 15 años.
Justamente en este lugar, conversamos con Angie y con el alguacil primero del cabildo, Víctor Tabarquino, de 22 años.
Los dos portan sus bastones de mando, cada uno diferente de acuerdo a su rango, llenos de simbolismo. El bastón de Angie, es diferente al de Víctor. Los bastones representan el liderazgo y la conexión con la Madre Tierra. Están elaborados en madera chonta.
Angie es estudiante de quinto semestre Licenciatura en Básica Primaria, es del resguardo indígena Guachucal, pueblo de Los Pastos, departamento de Nariño. El nombre Guachucal significa “pueblo en lo alto del agua” y fue fundado en 1535.
El mandato de Angie, que se extiende hasta el 2026, tiene un profundo sentido de pertenencia y responsabilidad, siendo testimonio de un proceso de selección democrático basado en la unidad y defensa de sus tradiciones.
El proceso electoral para ocupar cargos dentro del cabildo indígena de la UTP se realiza en una minga, una reunión que reúne a todos los estudiantes indígenas de diversas etnias y se usa el voto cantado, un sistema tradicional.
A través del voto cantado, cada miembro exprese su apoyo por candidatos de la comunidad, quienes serán elegidos para ocupar roles claves, como gobernadora, vicegobernadora, tres alguaciles, tesorera y fiscal, entre otros como los secretarios. Desde hace dos años se elige también la guardia indígena, los cuidadores.
Pastos, emberas, Ingas del Putumayo, Ingas de Nariño, Siapidaara, Embera chamí, kamëntsa Nasa, Yanakuna, entre otros, son algunos de los pueblos indígenas presentes en la UTP, con 900 estudiantes de distintas carreras.
A pesar de su juventud, Angie no es la primera mujer en ocupar este cargo, pero sí es una de las más jóvenes dentro de una tradición de liderazgo indígena.
“Ser gobernadora indígena es una gran responsabilidad”, comenta, “es defender los derechos de mis compañeros, estar presente en los procesos políticos y culturales y ser el puente entre la universidad y nuestra comunidad.”
A su lado, Víctor Manuel Tabaquino Morales, un joven de 22 años y alguacil primero, refuerza la importancia de la unidad dentro del cabildo.
“El alguacil primero se encarga de supervisar las labores o actividad del Cabildo siempre trabajando en conjunto con los demás, apoyando y gestionando los procesos”.
Víctor es estudiante de quinto semestre Administración Ambiental, es de la etnia embera chamí, pertenece al resguardo de Escopetera y Pirza de Riosucio, Caldas y como sus hermanos de etnia, enfrenta a los desafíos de estudiar en una ciudad ajena a su cultura.
La comunidad indígena en la UTP está compuesta por cerca de 900 estudiantes, de los cuales entre 90 y 100 participan activamente en las actividades del cabildo. La diversidad de etnias es amplia, incluyendo pueblos como los Pastos, Embera, Inga, Camza y Yanacuna, entre otros.
A pesar de las diferencias culturales, la unión es un principio fundamental. “Cada pueblo mantiene sus símbolos y costumbres, pero todos somos una familia”, enfatiza Angie.
Uno de los grandes desafíos que enfrentan los estudiantes indígenas en la UTP es la discriminación, que afecta tanto su vida académica como social. Por eso la permanencia en las aulas y que los estudiantes no dejen la carrera, es un objetivo primordial.
Sin embargo, la comunidad indígena ha logrado crear espacios donde se fomenta la integración y el respeto mutuo. “En nuestro cabildo, nos sentimos respaldados. El apoyo de nuestros compañeros es fundamental para enfrentar los obstáculos, desde la discriminación hasta las dificultades emocionales que conlleva vivir lejos de nuestras comunidades”, señala Víctor.
Además de los desafíos internos, los estudiantes indígenas han enfrentado obstáculos con la universidad para la creación de la “Casa del Pensamiento”, un espacio cultural destinado a la preservación y difusión de la cultura indígena. “Este espacio es fundamental para nosotros. No solo es un lugar físico, sino también un símbolo de resistencia cultural. Queremos que la universidad entienda que este espacio es necesario para fortalecer nuestra identidad”, afirma Angie.
Los pilares simbólicos que la comunidad había levantado en el campus fueron removidos sin previo aviso, lo que provocó una reacción firme, según indicaron los jóvenes a este medio. “No estamos pidiendo permisos para construir, simplemente queremos mantener viva nuestra historia, nuestra cultura. Si nos quitan los símbolos, nos volvemos a levantar”, expresa Víctor con determinación.
El esfuerzo por mantener viva la cultura indígena en un contexto universitario moderno no es sencillo, pero para los jóvenes líderes como Angie y Víctor, la lucha por la preservación de su identidad es una batalla diaria.
“La resistencia no es solo en los actos de protesta, sino también en el amor por lo que somos. No queremos que nuestra cultura se pierda”, concluye Angie.


