No solo los congresistas: estos funcionarios públicos también tendrían ajuste salarial por decreto del Gobierno Petro

La decisión del Gobierno nacional de eliminar la prima especial de servicios para los miembros del Congreso de la República no solo impactará el bolsillo de los parlamentarios. El alcance del Decreto 0030 de 2026, que entrará en vigencia a partir del 20 de julio de ese año, se extiende a otros altos cargos del Estado cuyos ingresos están atados, por ley, a la remuneración de los congresistas.

La medida, presentada por el Ejecutivo como parte de una estrategia para racionalizar el gasto público y ajustar la política salarial a la realidad económica del país, redefine el esquema de ingresos en la cúspide de la administración pública colombiana.

El fundamento legal del ajuste

El impacto más allá del Congreso se explica por dos normas clave. La primera es el artículo 187 de la Constitución Política, que establece que la asignación de los congresistas se reajusta anualmente con base en el promedio ponderado de los cambios salariales de los servidores de la administración central.

La segunda corresponde al principio de equivalencia salarial, mediante el cual los sueldos de otros altos funcionarios del Estado se fijan tomando como referencia el ingreso de los parlamentarios y de los magistrados de las Altas Cortes. En la práctica, cualquier modificación al salario del Congreso repercute en cascada sobre otras ramas del poder público.

Los cargos que sentirán el impacto

De acuerdo con la normativa vigente, los funcionarios que quedarían cobijados por este nuevo tope salarial incluyen a los magistrados de las Altas Cortes: Corte Constitucional, Corte Suprema de Justicia, Consejo de Estado y Consejo Superior de la Judicatura.

A ellos se suman los jefes de los principales organismos de control, como el Procurador General de la Nación, el Contralor General de la República y el Defensor del Pueblo, cuyos ingresos históricamente han mantenido una equivalencia con los de los congresistas.

Otros cargos de alto nivel, como el Registrador Nacional del Estado Civil y los magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE), también están sujetos a estos criterios de ajuste. En la misma línea, el Fiscal General de la Nación y los magistrados del Tribunal de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) conservan un esquema de remuneración alineado con el de los parlamentarios y magistrados, lo que los hace susceptibles a la nueva política salarial.

Así quedarían los salarios

Hasta ahora, un congresista devengaba cerca de $51.512.446 mensuales. Con la eliminación de la prima de servicios —que asciende a $16.914.540—, el ingreso mensual pasará a ser de aproximadamente $34.597.906 desde julio de 2026.

Por efecto de la equivalencia legal, los magistrados de las Altas Cortes quedarían con un salario bruto muy cercano a ese nuevo estándar, estimado en alrededor de $31,2 millones mensuales.

En el caso de los organismos de control, los ajustes serían más notorios. El Procurador General de la Nación, que en 2025 recibía cerca de $55.313.179 mensuales sumando todos los factores salariales, vería reducido ese monto para los nombramientos posteriores a 2026, al entrar en vigencia el nuevo tope máximo de remuneración.

El Contralor General de la República, cuya asignación básica y gastos de representación rondaban los $21.855.508 en 2025, alcanzaba ingresos superiores a los $45 millones gracias a primas y bonificaciones. Con el nuevo esquema, esos ingresos deberán ajustarse a los límites definidos por la normativa actualizada.

Por su parte, el Defensor del Pueblo pasaría a percibir un salario alineado con el de los magistrados de Altas Cortes, que oscilaría entre $31 y $35 millones mensuales. El Registrador Nacional del Estado Civil también vería reducido su ingreso, al quedar sujeto a la eliminación de beneficios adicionales y a la misma escala salarial de los altos jueces y congresistas.

Un cambio de fondo en la cúspide del Estado

Aunque el Gobierno ha enfatizado que la medida no afecta derechos adquiridos de los actuales funcionarios, el decreto sí marca un giro significativo en la política salarial para quienes lleguen a ocupar estos cargos a partir de 2026. En la práctica, el ajuste redefine los ingresos máximos permitidos en la cima del sector público y abre un nuevo capítulo en el debate sobre la austeridad, la equidad y la remuneración de los altos dignatarios del Estado en Colombia.

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