En la “Tierra del Alma y el Arte” se conserva su legado, una obra donde dialogan la geometría, los efectos ópticos y la memoria cultural del territorio.
Uno de los hijos ilustres de Roldanillo es Ómar Rayo Reyes, pintor, grabador y escultor colombiano. Hijo de Vicente Rayo y María Luisa Reyes, cursó estudios de dibujo en una academia de Buenos Aires. En la década de los cuarenta fijó su residencia en Cali, donde trabajó realizando caricaturas y tuvo un breve paso por la Escuela de Bellas Artes.
En 1948 se trasladó a Bogotá, ciudad en la que se desempeñó como ilustrador de publicaciones como El Siglo, donde retrató a los asistentes de la IX Conferencia Panamericana. Su condición de artista autodidacta le permitió fortalecer su formación a través de los viajes y del contacto directo con el arte y otros creadores. De ese proceso surgió un lenguaje propio, el “Bejuquismo”, caracterizado por figuras alargadas y estilizadas inspiradas en las formas del bejuco.
Durante los años cincuenta recorrió Latinoamérica para realizar exposiciones, establecer vínculos con artistas y convivir con comunidades indígenas. Esa experiencia fue decisiva para su obra, al integrar elementos geométricos que marcaron gran parte de su producción. Incursionó en el grabado en relieve con técnica de talla dulce o intaglio y, en pintura, desarrolló composiciones abstractas y efectos ópticos, con predominio del blanco, negro y rojo. A lo largo de su carrera realizó más de 200 exposiciones y alcanzó reconocimiento internacional. Falleció el 7 de junio de 2010 en Palmira.
Entre sus series se encuentran “Agedóptero en la red”, dedicada a su esposa, y “Los juguetes de Sara”, en honor a su hija. En 1981 inauguró el Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano, diseñado por el arquitecto mexicano Leopoldo Gout, un espacio que alberga cerca de 2.000 obras y salas, biblioteca y talleres, integrados a la vida cultural del municipio.



