En un histórico paso hacia la justicia y la verdad en Colombia, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha decidido imputar a los máximos líderes del antiguo secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) por crímenes de guerra que incluyen reclutamiento forzado y violencia sexual contra menores de edad. Esta decisión se da en el marco del macrocaso 07, que investiga las atrocidades cometidas contra niños y niñas en el conflicto armado. Los imputados, Rodrigo Londoño, Jaime Alberto Parra, Milton de Jesús Toncel, Pablo Catatumbo, Pastor Alape y Julián Gallo, deberán responder ante la JEP como principales responsables de estas políticas que afectaron a miles de menores y que configuran graves violaciones de derechos humanos.
La Sala de Reconocimiento de Verdad de la JEP anunció que estas imputaciones reflejan una realidad que marcó el conflicto armado: el uso de niños y niñas en combate y su sometimiento a tratos crueles, violencia sexual, torturas y homicidios. Según las investigaciones de la Jurisdicción, entre 1996 y 2006 fueron reclutados 18.677 niños y niñas. Este número incluye menores de 15 años que, a pesar de su vulnerabilidad, fueron forzados a integrar las filas de las Farc, soportando condiciones inhumanas y una vida llena de violencia y abuso.
Para llegar a esta decisión, la JEP se basó en un análisis exhaustivo de 77 informes presentados por organizaciones de víctimas y ocho de instituciones del Estado, así como en más de 1.000 testimonios de familiares de niños y niñas desaparecidos. Este conjunto de pruebas permitió reconstruir las historias de 805 menores reclutados, de los cuales el 56% eran niños y el 44% niñas. Estos testimonios y evidencias detallan la magnitud de las violaciones de derechos humanos a las que fueron sometidos.
La JEP identificó cinco patrones macrocriminales en estos crímenes: el reclutamiento y utilización de niños y niñas en el conflicto; malos tratos, torturas y homicidios de menores dentro de la guerrilla; violencias reproductivas que afectaron a niñas reclutadas; violencia sexual y agresiones basadas en prejuicios hacia menores con diversas orientaciones sexuales e identidades de género. Según la investigación, estos niños y niñas lograban salir de las Farc de diversas maneras, ya sea mediante la deserción, captura, reincorporación tras el Acuerdo de Paz, o, en algunos casos, por abandono al padecer heridas o enfermedades.
Entre los casos más emblemáticos documentados por la JEP se encuentra la Operación Berlín, llevada a cabo entre noviembre de 2000 y enero de 2001. Durante este operativo militar, fueron identificados al menos 201 menores de 15 años en la Columna Móvil Arturo Ruiz de las Farc. Los testimonios y documentos oficiales indican que estos menores fueron expuestos a experiencias traumáticas que incluyeron tratos crueles, torturas y abusos, así como una constante amenaza contra su vida y su integridad física.
El impacto de estos crímenes continúa hoy en día: alrededor del 28% de los menores reclutados aún permanecen desaparecidos. En colaboración con la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) y el Instituto Nacional de Medicina Legal, la JEP ha recuperado 47 cuerpos esqueletizados, identificando a ocho menores. Estos esfuerzos han permitido esclarecer el destino de algunas víctimas y ofrecer respuestas a sus familiares, quienes, a pesar de la falta de recursos y el temor a represalias, han continuado con una incansable labor de búsqueda.
A partir de esta imputación, los líderes del antiguo secretariado de las Farc tienen un plazo de 30 días hábiles para decidir si reconocen o no los hechos y su responsabilidad en estos crímenes. En caso de aceptación, la JEP organizará una audiencia pública con la participación de las víctimas para avanzar hacia un proceso de verdad y reparación. Sin embargo, si niegan los cargos, el caso será remitido a la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP, y de ser hallados culpables, podrían enfrentar condenas de hasta 20 años de prisión.
Este proceso representa un avance crucial en la búsqueda de justicia y reparación para las víctimas de uno de los capítulos más oscuros del conflicto armado colombiano. La imputación contra el antiguo secretariado de las Farc visibiliza el sufrimiento de miles de niños y niñas que fueron convertidos en herramientas de guerra y abre una nueva puerta para sanar las profundas heridas que dejaron estos crímenes en la sociedad colombiana



