La transformación en los procesos de aprendizaje son ahora desafíos críticos para los académicos, provocados por la Inteligencia Artificial.
La evaluación ha tomado un giro significativo con la integración de la inteligencia artificial (IA). Para el docente Wilmar Ospina Mondragón, la IA no solo plantea retos, sino también oportunidades para redefinir cómo se mide el aprendizaje de los estudiantes. “Yo lo que hago es proponer una evaluación proactiva, donde los estudiantes son quienes diseñan sus actividades de acuerdo con sus competencias y habilidades”, comenta Ospina. Este enfoque se aleja de los métodos tradicionales, permitiendo que cada estudiante elija cómo demostrar su comprensión.
Habilidades y creatividad
Según Ospina, este método fomenta una mayor creatividad y personalización en el proceso de aprendizaje. Por ejemplo, un estudiante interesado en la fotografía puede elegir capturar una imagen que ilustre un concepto específico, como los actos de habla, y explicar su relevancia a través de la imagen. Otro estudiante, apasionado por el baloncesto, podría mostrar cómo estos actos se manifiestan en una escena deportiva. “Es más efectivo que cada estudiante trabaje con lo que sabe, en lugar de simplemente resolver un cuestionario predefinido”, determina el profesor.
Este enfoque no solo promueve el aprendizaje activo, sino que también se alinea con lo que la ley educativa establece: que el estudiante debe saber qué hacer con lo que sabe. La evaluación, entonces, se centra en el “hacer de los saberes”, un cambio de paradigma que Ospina considera crucial para el futuro de la educación.
Integración tecnológica
El docente subraya la importancia de integrar tecnologías en la educación, especialmente las herramientas de inteligencia artificial, como parte fundamental de sus evaluaciones. “Yo en mis clases siempre integro las tecnologías; creo que son vitales si se les da el uso pedagógico pertinente”, afirma Ospina. Este enfoque va más allá de permitir que los estudiantes utilicen la tecnología a su discreción, pues en muchas ocasiones, es el profesor quien debe guiar el uso de estas herramientas para maximizar su valor educativo.
IA en el aula
Un ejemplo claro de esta integración se observa en un taller de aptitud verbal que Ospina ha desarrollado. Aquí, los estudiantes trabajan con el significado de palabras, inicialmente desde su propia comprensión, para luego verificar su significado en el diccionario de la RAE, una aplicación que Ospina les pide descargar. Tras escribir un cuento basado en estas palabras, los estudiantes utilizan la inteligencia artificial para generar imágenes que representen sus narraciones.
La IA no solo se limita a la creación visual, sino que también se emplea para generar versiones alternativas de los cuentos que los estudiantes han escrito. “Comenzamos a hallar y a buscar diferencias entre el escrito de ellos y lo que hace la inteligencia artificial”, explica Ospina. Este ejercicio permite realizar un análisis gramatical y sintáctico, comparando el trabajo humano con el producido por la IA, enriqueciendo así el proceso de aprendizaje.
Herramientas pedagógicas
Para Ospina, la tecnología en el aula es una herramienta pedagógica esencial, no un distractor. Desde el uso de televisores, podcasts, hasta la interacción con plataformas y redes sociales, la tecnología es utilizada para buscar información, compartir contenido y, en última instancia, potenciar el aprendizaje de los estudiantes. “Las utilizo constantemente”, dice Ospina, enfatizando que su objetivo es siempre pedagógico, asegurando que estas herramientas complementen y refuercen las capacidades de sus estudiantes.
Habilidades críticas y creativas
El docente Wilmar Ospina Mondragón aborda la evaluación de habilidades críticas y creativas en un entorno donde la inteligencia artificial (IA) puede generar contenido de manera automática, con un enfoque que combina ética y pedagogía. “Hay que explicarle a los estudiantes algo que podríamos llamar ética tecnológica o cibernética”, señala Ospina. En su práctica educativa, cuando se trata de actividades como la redacción de reseñas críticas, ensayos o comentarios, es consciente de que la IA podría fácilmente realizar el trabajo por los estudiantes.
Para contrarrestar este riesgo, Ospina propone un enfoque donde se adelanta al uso de la IA por parte de los estudiantes. “Lo que hacemos es darle un paso adelante al estudiante y decirle: busque, escriba a la inteligencia artificial, por ejemplo, un ensayo sobre determinado tema, léalo y ahí tiene ideas para que escriba el suyo”, explica. De esta manera, la IA se convierte en una herramienta de indagación bibliográfica, donde los estudiantes utilizan la tecnología para obtener ideas, pero luego deben producir sus propios textos en el aula, bajo la supervisión del docente.
Frase: “Es importante acomodar el currículo, a las ofertas que dan las herramientas tecnológicas”.



