La explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes (ESCNNA) es una vulneración de los derechos que se materializa mediante la utilización del cuerpo, imágenes o representación de una niña, niña o adolescente con fines sexuales.
Cada 23 de septiembre se conmemora este día donde se considera como el peor delito que existe contra la niñez y adolescencia. En Pereira, cobra especial relevancia debido al impacto, un problema que afecta a los más vulnerables y que está estrechamente vinculado con factores como la pobreza, la falta de acceso a educación y servicios de salud, y la descomposición familiar.
Sandra Ospina, coordinadora del Comité de Lucha contra la Trata de Personas de la Secretaría de Gobierno de Pereira, explica que la ciudad ha venido reforzando sus estrategias para combatir la explotación sexual. “La Alcaldía, en colaboración con entidades gubernamentales y no gubernamentales, ha implementado campañas de sensibilización en los sectores más vulnerables, además de brindar atención integral a las víctimas”, señala Ospina.
Según ella, una de las mayores dificultades radica en la falta de denuncia por parte de la ciudadanía, lo cual hace que muchos casos queden invisibilizados. “Es fundamental que la comunidad participe activamente en la denuncia de estos delitos. Si no visibilizamos este problema, será muy difícil erradicarlo”, manifestó.
Las cifras
Según la base de datos del Sistema Penal Oral Acusatorio (SPOA), Risaralda ocupa el puesto número 19 entre 30 departamentos que registran casos de ESCNNA. Actualmente, el departamento reporta 8 víctimas en 7 casos registrados, con una tasa del 3,54%. Entre los 5 delitos cometidos están: pornografía con menores, inducción a la prostitución, explotación sexual comercial de menores, utilización de medios de comunicación para ofrecer actividades sexuales y proxenetismo con menores de edad.
Así mismo, han identificado dos picos de aumento significativos en los registros. En 2017, se reportaron 67 víctimas, y en 2021, la cifra alcanzó las 66 víctimas. No obstante, desde entonces ha habido una disminución gradual en los casos.
Aunque las cifras más recientes son alentadoras, con 7 víctimas registradas en 2024, la problemática sigue siendo una amenaza constante para los menores más vulnerables de Risaralda. La responsabilidad recae en todos los actores sociales: desde las familias y la comunidad, hasta las autoridades, para asegurar que la niñez crezca en un entorno libre de explotación.
Daño psicológico
La situación es aún más compleja al considerar los aspectos psicológicos relacionados con la explotación sexual. El Dr. Guillermo Valencia, psicólogo, explica que la paidofilia, la atracción sexual hacia los niños, está relacionada con una sexualidad inmadura: “La perturbación conductual de las personas que tienen sexo con niños lo que buscan y les gusta el sexo con ellos. Esa parafilia se conoce con el nombre de paidofilia. Lógicamente, esto va a corresponder con una sexualidad inmadura y presenta altos componentes de inmadurez psicosocial y psicoafectiva en la persona mayor que practique ese comportamiento con niños”.
Valencia resalta que la paidofilia implica una dinámica de dominación en la que el adulto no es capaz de establecer una relación de igualdad con el menor: “Aquí el deseo del paidófilo es someter al niño, y eso no puede provenir de una estructura psicológica muy sólida. Es un adulto psicológicamente inmaduro”.

El impacto de estos abusos en los niños puede ser devastador. “Algunos niños saben sortear la situación y aprender a dejarlo atrás, pero otros pueden quedar marcados por la culpa que sobreviene más tarde. Esto afecta su autoestima y su desarrollo sexual”, afirma Valencia. Resalta que, a menudo, los niños no comprenden el abuso en el momento en que ocurre, y es con el tiempo, al desarrollar el juicio moral, que pueden evocar esos eventos y sentir la carga de la culpa.
Resignificación
Jimmy Alexander Abello, fundador y director de la fundación Malabareando las Calles, lleva cuatro años trabajando en Pereira con niños y niñas en situación de calle, explotación sexual y trabajo infantil. “Nosotros recogemos a los niños que dormían en la calle, que pedían comida en la Plaza de Bolívar o que estaban en la Circunvalar cuidando carros o haciendo malabares. Los traemos a nuestra ‘Casa de los Sueños’ y, a través del arte, la música, el teatro y el deporte, les ayudamos a sanar”, dice Abello.
La metodología que utiliza la fundación se basa en sanar el alma de los niños y adolescentes. “Primero hay que sanar y perdonar, luego todo empieza a fluir. El arte es el vehículo que usamos para desdramatizar los episodios de abuso y explotación que han vivido y resignificarlos, permitiendo que no se queden atrapados en el victimismo”, comenta.
La recuperación de cada niño o niña varía dependiendo de su historia personal, el tiempo que pasó en la calle y las actividades que realizaba para sobrevivir. Sin embargo, Abello resalta que estos son procesos de largo aliento: “No es algo que se resuelva en seis meses o un año, se necesita tiempo para generar vínculos de confianza y lograr que los menores dejen atrás esa vida en las calles”.
Dato destacado
Se ha identificado que el 75% de las víctimas son niñas y adolescentes, mientras que el 25% corresponde a niños y niñas de 0 a 13 años. Respecto a la edad de las víctimas pertenecen al grupo de adolescentes.



