Una última bendición: fieles de todo el mundo rinden homenaje al Papa Francisco

La solemnidad invadió la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde miles de fieles se reunieron para despedir al papa Francisco, quien dejó un legado de humanidad y cercanía que marcó a católicos de todo el mundo. A apenas concluido el funeral, una pancarta con el mensaje “ADIÓS, PADRE” emergió en el corazón de la plaza, reflejando el profundo dolor colectivo que se apoderó de los presentes.

Desde la madrugada, los asistentes se agolparon en las calles cercanas al Vaticano, muchos de ellos sin descanso o con apenas unas horas de sueño, para estar lo más cerca posible del cortejo fúnebre de un pontífice que trascendió las fronteras de la religión. Entre ellos, un significativo número de jóvenes y mujeres que por primera vez vivían la pérdida de un papa en funciones.

El silencio se apoderó de la plaza antes de que la ceremonia comenzara, solo roto por los ensayos del coro y el suave zumbido de un dron que sobrevolaba el área. A los pocos minutos del inicio del funeral, una religiosa dirigió el Rosario en una muestra de devoción antes de que la ceremonia comenzara con la solemnidad que el evento demandaba.

Dentro de la basílica, figuras internacionales como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, estaban presentes, destacando la magnitud geopolítica del evento. Mientras tanto, en el exterior, los fieles vivían una emotiva despedida con aplausos cerrados al paso del féretro, que fue trasladado por los ‘sediarios’ hacia Santa María la Mayor.

La emoción fue palpable cuando el ataúd, cubierto con una alfombra y con un cirio encendido a su lado, fue colocado frente al altar, donde los cardenales concelebrantes tomaron sus puestos. A lo largo de la ceremonia, los aplausos resonaron en la plaza, en momentos clave de la homilía del cardenal Giovanni Battista Re, mientras los presentes, con banderas de países como Colombia, España y Polonia, mantenían un respeto reverencial.

Para muchos, como los españoles José Miguel Gómez y Pilar López, fue un día agridulce. “Para nosotros es un día de alegría, pero también de esperanza”, comentó Gómez, mientras su esposa compartía el impacto que el papa tuvo en sus vidas, especialmente con su llamado a los cristianos a “salir ahí fuera, a hacer ruido”. Un ruido que, en el funeral, se transformó en un profundo silencio de admiración y respeto por un líder cuya vida y obra dejaron una huella imborrable en millones de corazones.

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