Liliana Cardona Marín
Ser profesional en Colombia, en la mayoría de los casos, requiere un esfuerzo extra aparte de sacar adelante las materias y hacer un buen trabajo de grado. Se trata del día a día, ir bien desayunado a enfrentar las exigencias normales de la educación superior o llegar en la noche y encontrar comida, un lugar seguro dónde estudiar hasta altas horas de la noche y privacidad para descansar.
Muchas chicas de zonas alejadas o rurales de Risaralda y más zonas del país son buenas estudiantes, les gusta proponerse retos, como lograr la profesionalización que las otras mujeres de su familia no pudieron alcanzar por diversas razones, entre ellas las grandes distancias desde sus casas con las capitales donde se encuentran las universidades.
Las hermanas Vicentinas son reconocidas en la ciudad por su atención a los más necesitados y el trabajo en pro de las niñas. El Hogar San Vicente no pudo continuar albergando a las menores a raíz de los requerimientos del ICBF en cuanto a los profesionales que deben atender a esta población, porque la comunidad religiosa no se encuentra en la capacidad económica de contratarlos.
Es así como esa capacidad instalada para 30 cupos no se podía desaprovechar y en 2019, el hogar se convirtió en Fundación San Vicente de Pereira, allí reciben a las jóvenes después de estar en una entrevista con la hermana Gloria Edith Muñoz abogada y especialista en Gerencia Social, quien es la coordinadora del programa, ellas deben demostrar que su necesidad es real, presentar puntaje del Sisbén, el cupo en la universidad de su preferencia, también que son personas sanas y autónomas a través de un certificado médico.
La casa universitaria
En el primer piso está el patio interno, el salón comedor, la cocina grande de toda la comunidad y una más pequeña que se comunican por una ventana. En la pequeña, cada una se prepara el desayuno, porque en la nevera hay lo necesario para ello. Las chicas tienen asegurada una alimentación balanceada con tres comidas y dos refrigerios.
Cada una de las habitaciones individuales cuenta con cama sencilla, armario, silla y mesa de estudio. A las estudiantes que no tienen computador, las hermanas les prestan. La sala de televisión es inmensa, está en el segundo piso, amoblada con grandes poltronas que también les han donado.
En el momento hay hospedadas ocho jóvenes que están en diferentes universidades gracias a sus promedios, becas o crédito con el Icetex, por esto último es que a cada una se les hace un ahorro producto de las ventas y al final de su carrera no tendrán que pagar una deuda tan grande. Las personas interesadas en un cupo pueden escribir al correo hogarsanvicentep@gmail.com o comunicarse al 3206778582
Las ventas de las muchachas
Cada último sábado de mes entre 8:00 a.m. y 4:00 p.m., en la Casa Universitaria los afanes se redoblan. Las hermanas elaboran 300 empanadas, en algunas oportunidades aborrajados acompañados de salsas varias para venderlas en la puerta a $1.500, allí aprovechan a los glotones ocasionales para invitarlos a entrar y conocer El Closet, que son prendas de vestir, zapatos y accesorios que han recibido en donación los precios arrancan en $2.000.
Con el dinero recaudado es que también las universitarias pagan los pasajes diarios y subsanan gastos propios como fotocopias. El sistema de padrinos también funciona, así que si usted quiere acompañar el proceso de una futura profesional, en la Fundación lo esperan con los brazos abiertos. La comunidad pide que los donantes generen conciencia y las prendas estén en buen estado, limpias, porque en ocasiones les da tristeza lo que les llevan.
Karen en el SENA

Esta niña inmensa de 17 años es de Nóvita (Chocó), primero llegó donde unos conocidos a terminar el bachiller en Puerto Caldas, porque la educación en su pueblo no es de buena calidad. Lleva dos años sin ver a la mamá, primero porque la Pandemia la encerró recién llegada y segundo, porque teme que en cualquier momento los grupos armados que hacen presencia allá declaren un paro armado que la deje sin poder venir a estudiar. A Karen Daniela Mosquera Martínez, no le llamaba mucho la idea de administrar, porque lleva la medicina en su corazón, pero empezó con Asistencia Administrativa y a futuro ya piensa en la Administración de Empresas.
Alejandra en Área Andina

María Alejandra Henao Estrada es de Cartago, está en cuarto semestre de Terapia Respiratoria gracias a un promedio de 4,5 que le otorga descuento en la matrícula y al crédito del Icetex. El próximo semestre empieza las prácticas en hospital, tiene 19 años y extraña ‘el nido’, como ella lo llama, pero la acogida de las hermanas la han hecho extrañar menos su casa.
Leydy en la UNAD
Esta estudiante de Zootecnia nació en Pereira, pero las vueltas de la vida la llevaron a Florencia, Caquetá. Regresó para profesionalizar los conocimientos que adquirió en una de las sedes del Sena, al sur de Colombia, como técnica en Explotaciones Agropecuarias Ecológicas y tecnóloga en Producción Agropecuaria. A Leydy Johana León González, solo le faltan seis materias para terminar y opina que vivir en comunidad es bonito, porque se aprende a aceptar y amar al otro, con lo bueno y lo malo.
Sor Isabel Cristina Pérez en la venta de empanadas. Los clientes opinan que las salsas son el secreto de sus ventas.
Karen Mosquera, sor Gloria Edith Muñoz y Leydy León
Este es el closet de las universitarias de la casa universitaria Fundación San Vicente Pereira.



