La ingeniería ha sido un motor clave del bienestar humano, más allá de los avances tecnológicos. Aunque normalmente se asocia con progreso tecnológico, su propósito es resolver problemas que mejoren la vida de las personas. “La ingeniería toma los conocimientos de las ciencias básicas y los aplica para resolver problemas del ser humano”, explicó Jorge Iván Romero Gélvez, Director del Área Académica de Industrias y Tecnologías Digitales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Romero destacó que, aunque la ingeniería parece centrarse en la lógica y los números, su objetivo final está profundamente relacionado con la sociedad. Un claro ejemplo es el impacto de los teléfonos inteligentes, que transformaron la educación al permitir acceso inmediato a la información. Pero la transformación no se detiene allí. Hoy, la inteligencia artificial generativa se ha convertido en una herramienta esencial para las actividades diarias, marcando otra revolución tecnológica.
Sin embargo, esta rápida evolución tecnológica ha generado desafíos, especialmente en el ámbito educativo. Formar ingenieros conscientes de su impacto social es un reto fundamental. Romero señala que los ingenieros deben entender que su conocimiento tiene el objetivo de mejorar la vida humana, no solo la del presente, sino también la de las futuras generaciones. En este contexto, la sostenibilidad se vuelve clave, pues los recursos no son infinitos.
Uno de los grandes desafíos actuales es el sesgo de la información. “Cada disciplina tiene su propio enfoque, y este sesgo puede dificultar la toma de decisiones que beneficien a todos”, afirmó Romero. Para superar esto, propone una actitud de aprendizaje constante y apertura a otras disciplinas.
Además, la educación en ingeniería enfrenta el reto de enseñar a los estudiantes a discernir entre la gran cantidad de información disponible, para tomar decisiones fundamentadas en fuentes confiables. “Uno de los grandes desafíos es enseñarles a contrastar información”, explicó Romero. Las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial generativa, pueden ser tanto aliadas como amenazas, dependiendo del uso que se les dé. Las “alucinaciones” de la IA, como los deepfakes, complican la distinción entre lo real y lo falso.
Por ello, es esencial que los estudiantes comprendan los procesos matemáticos y estadísticos que sustentan las herramientas digitales. “Esto no solo les permitirá evolucionar, sino también usar estas herramientas de manera responsable y efectiva”, concluyó Romero.
Este enfoque educativo es vital para la formación de ingenieros que puedan contribuir al progreso social y a la sostenibilidad de manera ética y responsable.




