Tauromaquia en debate: entre la prohibición en Colombia y las voces que la defienden en el mundo

La Sala Plena de la Corte Constitucional ratificó recientemente la Ley 2385 de 2024, que prohíbe en Colombia las corridas de toros, el rejoneo, las novilladas, becerradas y tientas. La decisión, que también incluye la prohibición de toros coleados, corralejas y peleas de gallos, busca impulsar una transformación cultural basada en el respeto hacia los animales.

En medio de esta coyuntura, la tauromaquia vuelve a estar en el centro del debate internacional, con posturas enfrentadas entre quienes consideran que se trata de una práctica cruel e innecesaria y quienes defienden su valor cultural, económico y simbólico.

Las críticas a la tauromaquia

El zoólogo y activista Jordi Casamitjana, referente internacional en defensa de los animales, sostiene que las corridas de toros no son un espectáculo de igualdad, sino ejecuciones ritualizadas en las que el toro llega ya debilitado por heridas previas antes de ser atravesado por la espada del torero.

Para él, este desenlace no constituye un arte, sino la representación moderna de sacrificios religiosos antiguos. Casamitjana también subraya que no solo los toros sufren: caballos utilizados en rejoneo y corridas portuguesas son expuestos a espuelas, embestidas violentas y técnicas que limitan su visión, causándoles dolor y estrés.

Además, advierte que la tauromaquia se mantiene en gran medida gracias a la financiación pública. Solo en España, afirma, los aportes superan los 571 millones de euros anuales, a los que se suman más de 130 millones provenientes de la Unión Europea. Sin estos recursos, la industria difícilmente podría sostenerse.

La defensa de la tradición

En contraste, los defensores resaltan que la tauromaquia es más que un espectáculo: constituye un patrimonio cultural que, según ellos, conecta al ser humano con ritos ancestrales. El matador mexicano Diego Silveti la describe como un arte cargado de simbolismo y espiritualidad.

Desde la perspectiva económica, la Fundación Toro de Lidia asegura que esta práctica genera miles de empleos, especialmente en zonas rurales, y sostiene ecosistemas como la dehesa, ligada a la cría del toro de lidia. Asimismo, el sector turístico encuentra en las corridas un atractivo para visitantes nacionales e internacionales que buscan vivir la experiencia en plazas históricas.

Un debate abierto

Mientras los críticos argumentan que la tauromaquia es una forma de explotación animal que debe erradicarse, sus defensores insisten en que se trata de un arte vivo y un motor económico con impacto cultural y social.

La prohibición en Colombia se suma a decisiones similares en regiones como Cataluña y Canarias en España, así como en distintas áreas de México, lo que refleja un cambio en la percepción social hacia estas prácticas. No obstante, el futuro de la tauromaquia en el mundo continúa abierto, en medio de tensiones entre la tradición, la ética y la cultura.

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