La historia de cómo María Corina Machado, principal figura de la oposición venezolana, logró salir de Venezuela para llegar a Oslo y recibir el Premio Nobel de la Paz parece más un guion de película que un episodio de la política latinoamericana. Sin embargo, ocurrió en cuestión de 48 horas, entre carreteras llenas de retenes militares y un arriesgado cruce por el mar Caribe.
Según reveló The Wall Street Journal y otros medios internacionales, la operación comenzó el lunes en la tarde, cuando Machado abandonó el suburbio de Caracas donde permanecía escondida desde agosto de 2024, fecha en la que pasó a la clandestinidad tras ser señalada por el gobierno de Nicolás Maduro de conspiración, incitación al odio y terrorismo.
Un viaje disfrazado y entre retenes
Para burlar la vigilancia, la dirigente se colocó una peluca y un disfraz. Así emprendió un recorrido por carretera de alrededor de diez horas hasta un pequeño pueblo pesquero en la costa venezolana. En el trayecto, ella y el reducido grupo que la acompañaba tuvieron que superar, sin ser detectados, al menos diez puestos de control militar, de acuerdo con fuentes cercanas a la operación.
El objetivo era llegar antes de la medianoche del lunes 8 de diciembre a la costa para iniciar la segunda etapa de la fuga: un viaje en lancha por el mar Caribe hasta la isla de Curazao.
A las cinco de la mañana del martes, Machado subió a una embarcación de pesca junto con sus acompañantes. Las condiciones del mar no eran las mejores: fuertes vientos y oleaje complicaron la travesía. La red venezolana que ha facilitado la salida de otros opositores al exterior alertó al Ejército de Estados Unidos de que en esa lancha viajaba la líder opositora, con el fin de evitar cualquier confusión o interceptación en medio del despliegue militar estadounidense en la zona.
“Coordinamos que ella iba a salir por una zona específica para que no volaran la embarcación”, declaró a la prensa uno de los implicados en la logística, en alusión a las operaciones que desarrolla Washington contra embarcaciones sospechosas en el Caribe.
Mientras la lancha avanzaba, aviones F-18 sobrevolaban el Golfo de Venezuela, en una de las incursiones más cercanas de aeronaves estadounidenses al espacio aéreo del país sudamericano en los últimos meses, según las mismas fuentes.
Escala en Curazao y vuelo rumbo a Oslo
Hacia las tres de la tarde del martes, Machado arribó a Curazao, exhausta por el trayecto. Allí fue recibida por un contratista privado con experiencia en operaciones de extracción. Se registró en un hotel y pasó la noche en la isla, mientras en Oslo se afinaban los detalles de la ceremonia del Nobel de Paz, a la que inicialmente no se sabía si podría asistir debido a la prohibición de salida del país que pesaba sobre ella.
Al día siguiente abordó un avión ejecutivo proporcionado por un socio en Miami, que la llevó finalmente a la capital noruega. Para entonces, su hija ya había recibido el galardón en su nombre, después de que el Comité Nobel reconociera su “incansable trabajo en la defensa de los derechos democráticos del pueblo venezolano y su lucha por una transición pacífica hacia la democracia”.
Machado llegó de madrugada a Oslo, donde se reencontró con su familia y ofreció sus primeras declaraciones públicas en casi un año. Confirmó que contó con ayuda del gobierno de Estados Unidos para poder salir de Venezuela y agradeció a las personas que arriesgaron su vida en la operación.
Una laureada en el exilio… por ahora
La opositora de 58 años, que ya había recibido en 2024 el Premio Sájarov y el Václav Havel de derechos humanos, enfrenta ahora el dilema del retorno. El fiscal general venezolano advirtió que, al abandonar el país, sería considerada “fugitiva”, y mantiene abiertas investigaciones por presuntos delitos de conspiración y terrorismo.
“Estar en la oposición en Venezuela y enfrentarse al poder de Nicolás Maduro es muy peligroso”, reconoció Machado en Oslo, donde también aseguró que su objetivo sigue siendo regresar a su país y “poner fin a esta tiranía muy pronto”, aunque evitó detallar cómo y cuándo pretende hacerlo.
Por ahora, se prevé que la dirigente emprenda una gira por países europeos para sumar respaldo internacional a la causa venezolana y, eventualmente, viaje a Estados Unidos para fortalecer apoyos políticos.
Mientras tanto, su escape en peluca, disfrazada y a bordo de una lancha de pesca ya forma parte de los episodios más dramáticos de la larga confrontación entre la oposición venezolana y el régimen de Nicolás Maduro, y añade un nuevo capítulo a la historia de líderes que han debido desafiar fronteras y prohibiciones para reclamar, en nombre de sus pueblos, un lugar en los foros internacionales.



