Desde este domingo, los vapeadores desechables han quedado oficialmente prohibidos en todo el Reino Unido, marcando un giro radical en la política de salud pública y medio ambiente del país. La medida, impulsada por el gobierno británico, busca frenar el creciente uso de estos dispositivos entre menores de edad, reducir los residuos electrónicos y prevenir la contaminación por sustancias químicas.
La nueva legislación prohíbe la venta de cigarrillos electrónicos desechables, tanto con nicotina como sin ella, en cualquier punto de venta —ya sea en tiendas físicas o en línea. Sin embargo, los dispositivos reutilizables seguirán permitidos. Las autoridades otorgaron un período de seis meses para que los comercios agotaran su inventario, y a partir de ahora, quienes incumplan la normativa se exponen a multas que comienzan en 200 libras esterlinas (aproximadamente 260 dólares), y que pueden escalar hasta sanciones ilimitadas o incluso penas de cárcel en caso de reincidencia.
El Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido justificó la decisión señalando que el uso de vapeadores desechables entre jóvenes “es excesivo” y que la medida busca frenar “su alarmante aumento en los patios escolares y la avalancha de basura que inunda las calles del país”.
Las cifras respaldan la preocupación: se estima que hasta cinco millones de vapeadores desechables se descartan cada semana en el Reino Unido. Muchos terminan en vertederos o arrojados en la vía pública, sin un tratamiento adecuado. A diferencia de otros productos electrónicos, estos dispositivos no se pueden recargar ni rellenar, y su reciclaje exige un proceso manual complejo. Las baterías que contienen suponen, además, un alto riesgo de incendio en plantas de reciclaje y representan una amenaza para la fauna y el medio ambiente.
El Reino Unido se suma así a una tendencia global en la que diversos países buscan regular o restringir el mercado del vapeo. Australia, por ejemplo, prohibió en 2023 la venta de cigarrillos electrónicos fuera de farmacias, mientras que Bélgica se convirtió este año en el primer país europeo en vetar los dispositivos desechables. En Estados Unidos, California lidera el camino con regulaciones estrictas.
No obstante, la medida británica ha generado reacciones mixtas. La Asociación de la Industria del Vapeo del Reino Unido (UKVIA) expresó su preocupación por posibles efectos adversos. “Nos preocupa que esta prohibición aliente a los exfumadores que ya han hecho la transición de los cigarrillos, que matan a 220 personas cada día en el Reino Unido, a volver al tabaco combustible o a optar por cigarrillos electrónicos no regulados”, advirtió John Dunne, director general del gremio.
Además de la prohibición, el gobierno británico también está avanzando en otras regulaciones, como restricciones a los empaques llamativos, la publicidad y los sabores de los cigarrillos electrónicos, en un intento por evitar que resulten atractivos para los más jóvenes.
Con esta medida, el Reino Unido se posiciona como uno de los países más activos en la lucha contra los riesgos del vapeo desechable, buscando un equilibrio entre el derecho a la salud, la protección del ambiente y la necesidad de evitar que las políticas públicas terminen provocando efectos contraproducentes.



