Desde una lectura política enfocada en Risaralda, el panorama electoral para la Cámara de Representantes muestra un escenario abierto, competitivo y aún en proceso de reacomodo de fuerzas, especialmente al interior de los partidos tradicionales.
En el Partido Liberal, el umbral clave está en los 70 mil votos. Si la lista logra superar esa cifra, el liberalismo risaraldense tendría una opción real de alcanzar una segunda curul, algo que hoy depende más de la cohesión interna que del potencial electoral.
Actualmente se evidencian dos sectores claramente alineados: uno que respalda a Maicol Lopera y otro que acompaña a Fredy Arias, mientras que Aníbal Hoyos mantiene una dinámica propia, por fuera de esa polarización.
“La expectativa dentro del liberalismo es que, faltando pocas semanas para la elección, se produzca una convergencia estratégica hacia un solo nombre que maximice el rendimiento electoral de la lista”, consideran analistas políticos como Marco Pérez, JJ Arias, Nelson Palacio, Álvaro Restrepo Arenas y Octavio Cardona.
En la lista del Partido de la U, el análisis desde Risaralda ubica como principales jalonadores de voto a Juliana Enciso y Diego Ramos.
Juliana se consolida como una candidata fuerte en términos de reconocimiento, carisma y gestión, con un trabajo previo que mostrar. En contraste, Franyela Bermúdez, aunque con menor experiencia política, cuenta con el respaldo de una estructura poderosa, asociada a la casa Salazar Noreña, un factor que en el departamento sigue siendo determinante. A este grupo se suma Carlos Mario Gil, cuya trayectoria y capacidad de mantenerse competitivo sin una maquinaria tradicional lo posicionan como un actor relevante.
“En términos reales, los cuatro nombres compiten en condiciones muy parejas, con el ingrediente adicional del respaldo de Cambio Radical a la lista de la U, lo que fortalece su alcance territorial”, afirman.
En ese mismo contexto, resuena la lectura de analistas locales como Álvaro Restrepo Arenas, director de Palabras Mayores, quien señala que un eventual respaldo político de Habib Merheg, exesposo de Juliana Enciso, podría ser decisivo para asegurarle una curul, reflejando cómo en Risaralda los apoyos simbólicos y las alianzas personales siguen teniendo peso electoral.
El Partido Conservador, en concepto de los mismos analistas, aparece como la tercera fuerza en términos de solidez, con una baraja de candidatos que combina experiencia y bases sectoriales. Juan Carlos Rivera aporta recorrido político y un caudal estimado cercano a los 15 mil votos– que puede ser mayor dada su trayectoria- mientras que Andrés Tamayo se apoya en la dupla del senador Gustavo Moreno.
A ellos se suman liderazgos como Atenea Castro y Nelson Guisao, este último con ascendencia entre los motociclistas, un nicho electoral que no es menor en el departamento. Por su parte Atenea Castro es hija del recordado dirigente conservador ya fallecido, Pacho Castro.
En cuanto al Centro Democrático y el MIRA, en Risaralda se observa un fenómeno de traslado de voto uribista, donde parte del electorado tradicional del CD también está marcando por el MIRA, diluyendo la fuerza exclusiva de una sola lista y fragmentando ese espectro ideológico.
Por el Partido Verde, Rodrigo Toro, pese a las polémicas que lo rodean, mantiene un nivel de recordación que podría traducirse en una votación entre 20 y 25 mil votos, cifra que lo deja en una zona competitiva, aunque no definitiva.
“Finalmente, en el plano institucional, el anuncio de que el gobernador Juan Diego Patiño solicitará un gobernador ad hoc para las elecciones introduce una variable adicional al clima político de Risaralda, en un contexto donde la transparencia y las garantías electorales serán observadas con especial atención”, consideran los analistas locales.
El dato
En las pasadas elecciones a Cámara en 2022, en Risaralda, el Partido Liberal Colombiano obtuvo 82.772 votos, la Alianza Verde 60.737, el Partido Conservador 41.021 y la coalición MIRA-Justa Libres 34.092 votos.
Leyenda:
En síntesis, desde Risaralda se perfila una contienda cerrada, fragmentada y altamente dependiente de alianzas de último momento, donde la disciplina interna de los partidos y la capacidad de unificar esfuerzos serán determinantes para definir quiénes llegarán a la Cámara de Representantes.



