El control político por las supuestas infiltraciones del jefe de disidencias en la Fuerza Pública terminó en un cruce de señalamientos personales, alusiones al expresidente Uribe y reclamos por la política de ‘paz total’.
Lo que inició como un debate de control político por los presuntos vínculos de funcionarios del Gobierno con alias ‘Calarcá’, jefe del Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF) de las disidencias, terminó convertido en uno de los choques más tensos del año en el Senado. Un fuerte agarrón entre los senadores Paloma Valencia (Centro Democrático) e Iván Cepeda (Pacto Histórico) acaparó la atención del recinto y de la opinión pública.
El escenario era el debate sobre las revelaciones de los llamados “archivos de Calarcá”, que apuntan a eventuales contactos de esa estructura armada con miembros del Estado y altos mandos militares. En medio de las explicaciones pendientes del Gobierno, el pulso político se desbordó.
Valencia arremete contra la ‘paz total’ y los gestores de paz
En su intervención, Paloma Valencia, senadora y precandidata presidencial del Centro Democrático, apuntó directamente contra la política de “paz total” del gobierno de Gustavo Petro y contra el propio Iván Cepeda, a quien señaló por su papel en los diálogos con el ELN y otros procesos de negociación.
“Este debate parece que le molesta al Pacto Histórico y al senador Iván Cepeda, que se ausenta y desaparece cada vez que salimos a hablar del caos de la Paz Total. No les gusta que les digan la verdad que Colombia merece saber”, lanzó Valencia desde su curul.
La congresista aseguró que alias ‘Calarcá’ fue dejado en libertad “gracias a la famosa resolución que convierte a los criminales en gestores de paz”, figura que ha sido usada por el Ejecutivo para dar cabida a voceros y enlaces en procesos de diálogo. Según Valencia, esa decisión habría permitido que “personajes que tenían azotadas varias regiones” mantuvieran poder en los territorios.
La senadora fue más allá y afirmó que Cepeda habría estado presente en reuniones con el general Juan Miguel Huertas, oficial mencionado en los archivos de ‘Calarcá’ por presuntos contactos con las disidencias, insinuando una línea de conexión entre el congresista, mandos militares y el jefe guerrillero.
Cepeda responde con Uribe y la condena de Santiago Uribe
La réplica de Iván Cepeda no se hizo esperar y llegó cargada de señalamientos históricos contra el uribismo. El senador del Pacto Histórico centró su contraataque en la figura del expresidente Álvaro Uribe Vélez, jefe natural del Centro Democrático, y en la reciente condena de su hermano, Santiago Uribe.
“El cerco en torno al expresidente Uribe, porque no solamente fue objeto ya de una condena judicial, primer expresidente en la historia condenado en primera instancia, sino que ahora su hermano, su hermano Santiago, ha sido condenado a veintiocho años por criminal de lesa humanidad y gestor de grupos paramilitares. Es un jefe paramilitar hoy por hoy el señor Santiago Uribe”, afirmó Cepeda, elevando la tensión en el recinto. Blu Radio+1
Luego, se dirigió directamente a Paloma Valencia con una batería de preguntas sobre lo que, a su juicio, debía conocer el expresidente respecto a los crímenes que se investigaron en la hacienda La Carolina:
“La obvia pregunta que debe asaltar a cualquiera (…) es si su hermano sabía. ¿Sabía de lo que pasaba en La Carolina? ¿Sabía que allí se hacían polígonos, se asesinaban campesinos? ¿Sabía si los apóstoles eran doce o trece?”, ironizó Cepeda, en referencia al grupo paramilitar conocido como “Los Doce Apóstoles”. El Tiempo+1
“No me vaya a mandar a matar”: el momento más tenso
Fue en ese punto cuando la discusión escaló a su punto más álgido. Visiblemente exaltada, la senadora Valencia le gritó a Cepeda desde su escaño:
“¡No me vaya a mandar a matar! No me vaya a mandar a matar, senador Cepeda”.
Mientras tanto, el congresista del Pacto le respondía:
“Cálmese, cálmese… Oye, cálmese”.
El intercambio generó murmullos, llamados al orden y la intervención de la mesa directiva para intentar bajar la temperatura en un debate que, originalmente, estaba centrado en las presuntas infiltraciones de alias ‘Calarcá’ en la institucionalidad.
El ministro de Defensa defiende al Gobierno y habla del general Huertas
En medio del cruce entre Gobierno y oposición, también intervino el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, citado para responder por los señalamientos de posible connivencia entre militares y estructuras de disidencias.
“El Presidente es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y jamás me ha dado una orden ilegítima o que vaya en contra de la ley. Nunca aceptaré una orden ilegítima ni la daré”, subrayó el ministro, en defensa de la línea que, asegura, ha mantenido el gobierno Petro frente a la Fuerza Pública.
Sobre el caso del general Juan Miguel Huertas, salpicado por los archivos de ‘Calarcá’, Sánchez fue enfático en que, de confirmarse responsabilidades, habrá decisiones:
“Respecto al general Huertas, si se cometieron esos presuntos delitos mientras estuvo retirado (…) si no da la confianza, lo retiraremos sin duda alguna. Tenemos un código ético que respetamos y hacemos respetar”.
Un debate que evidencia la polarización
El rifirrafe entre Paloma Valencia e Iván Cepeda terminó por opacar, al menos de cara a la opinión pública, los aspectos de fondo sobre los que se citó el debate: el alcance de los archivos de alias ‘Calarcá’, las posibles infiltraciones de las disidencias en la Fuerza Pública y los riesgos de la política de paz total para la seguridad nacional.
Lo ocurrido en el Capitolio deja en evidencia, una vez más, la profunda polarización que atraviesa al Congreso y al país: mientras la oposición insiste en que el gobierno ha sido permisivo con estructuras criminales bajo el paraguas de la paz total, el oficialismo responde recordando el legado de la parapolítica y las condenas que rodean al expresidente Uribe y su entorno.
En el centro, quedan preguntas abiertas sobre el manejo de la seguridad, el rol de los “gestores de paz” y el impacto de los presuntos nexos entre actores armados ilegales y funcionarios del Estado, asuntos que –más allá de los gritos en el recinto– siguen exigiendo respuestas de fondo.



