Cuando se adquiere un compromiso, este demanda tiempo, recursos y unión de esfuerzos en pro del objetivo. Así lo entendió el intendente José Alberto Barrero, comandante de la Subestación Irra, cuando un niño de 11 años llamó su atención, se fijó en la cara de Ernesto, quien jugaba con los amiguitos en el parque y supo de inmediato que al problema de paladar hendido y labio leporino, como se conoce normalmente, se ha resuelto con éxito en tantos otros niños.
Para llegar a la felicidad no hay barreras
El intendente Barrero empezó las gestiones: “consulté con una conocida de Comfamiliar si de pronto ella sabía de un programa o algo con el que le pudiéramos colaborar al niño, ella averiguó y me pasó el contacto”. El intendente hace referencia al programa ‘Nace una sonrisa’ de la Caja de Compensación Familiar de Risaralda (Comfamiliar).
Lo primero era enviar al programa los documentos de identificación de Ernesto y algunas fotografías, pero en ese momento la labor se complicó, “no lo pude encontrar, porque él, la mamá y dos hermanitos viven en extrema pobreza. Cuando al fin pude dar con ellos me enteré que ella pensaba sacarlos del pueblo, pues creyó que los buscaba para quitarle la custodia de los niños”, explica el intendente.
Lo siguiente fue pedir los permisos necesarios para transportar al niño en la camioneta de la Institución y los permisos laborales. “Cuando llegamos a la junta médica en Comfamiliar el 21 de marzo, salieron exámenes que no estaban incluidos en el Plan, como una panorámica y modelos, pero ese mismo día hicimos vaca con los médicos para pagarlas y lo seguí llevando a tratamiento odontológico, pues adicional al labio leporino, el niño tenía unas condiciones de salud oral pésimas”.
En medio de todo, un incendio
La casa en la que vivía Ernesto con su familia cuando inició todo el tratamiento, no era más que cuatro paredes y un techo, no contaban con servicios públicos ni de alcantarillado, por este motivo el aseo del niño era muy complicado. La cirugía fue programada para el 27 de abril, pero 15 días antes, al mediodía ‘la casa’ ardió en llamas, la felicidad se opacó.
“No hubo víctimas fatales por suerte, todo quedó en cenizas y la familia a la deriva”. El uniformado por cuenta propia, impulsado por el deseo de servir a la sociedad y dadas las condiciones de pobreza siguió en la lucha por Ernesto sin desfallecer. Según el policial después del incendio la situación estuvo un tanto más complicada, porque se fueron a vivir a un barrio de orden público difícil donde tienen familiares, “por esa misma situación se fueron después a otro barrio que se llama El Aguacate, hasta allá también me tocó ir para hablar con Marlen y que ella firmara las autorizaciones”.


Días después se llevó a cabo la intervención quirúrgica del niño en felices términos, lo que fue un éxito total. “Evidenciamos un cambio físico notable en su rostro, pero, sobre todo en la seguridad de sus emociones, brindándole bienestar en su presente y futuro”. Barrero se encargó hasta de los medicamentos posquirúrgicos y los cuidados propios de todo operado como son conseguirle paletas y gelatinas para ayudarle en el proceso de recuperación.
La familia no duró mucho tiempo en El Aguacate, porque se mudaron nuevamente a una casa en la que rentan habitaciones, pues le iban a prestar una de las mismas por unos días. “¿Por qué eso así? porque en el lugar que se quemó la casa, aunque hubo la intención de varias personas por reconstruir lo que tenían, no era la mejor opción ante la falta de servicios públicos”.
‘Que tu mano izquierda no sepa lo de la derecha’
Ante la pregunta al servidor por qué se sabe de esta bella labor tantos meses después contesta, como lo hacen las personas que saben servir: “esto no era con la intención de que se supiera, ya después de que me pidieron el informe me imagino que lo enviaron al Comando del Departamento y después a Coest”.
Barrero comenta que Marlen es una buena mamá, los quiere y no está desentendida de los niños, simplemente no contó con educación y son pobres. “A pesar de todas estas circunstancias los niños están escolarizados, nos damos cuenta por el servicio que hacemos a la entrada del colegio y los vemos ingresar”.


Lo más reciente que le han practicado al niño es ponerle ‘una especie de retenedor’, para corregir los defectos dentales, pero hay algo que sigue preocupando al intendente José Alberto y es que Ernesto a pesar de la cirugía siguió hablando como cuando tenía el problema, por eso ahora se enfoca en aunar esfuerzos para encontrar un fonoaudiólogo que lo pueda ayudar, porque este tipo de especialista no está incluido en el programa ‘Nace una sonrisa’, por eso si usted que lee esta nota sabe de alguien que quiera atender esta última parte del tratamiento, no habría palabras para agradecer.
Cifra
17 años lleva en intendente Barrero en la Policía Nacional.



