Jarillones en riesgo por invasiones y cultivos

La estructura de protección hídrica más importante del municipio de La Virginia está en riesgo. Los jarillones, diseñados para contener las crecientes de los ríos Cauca y Risaralda, están siendo invadidos, ocupados y utilizados de forma indebida, poniendo en peligro la seguridad de cientos de familias.

Juan Carlos Botero, alcalde de La Virginia, explicó en entrevista que durante una reciente inspección se evidenciaron preocupantes irregularidades. “Hace poco hicimos una inspección en las motobombas en los puntos San Carlos, Progreso, Alfonso López y San Antonio. Vimos que estaban funcionando bien, pero algo nos llamó la atención, en el jarillón del barrio El Progreso encontramos cambuches construidos con guaduas y cultivos sembrados por habitantes de calle”, dijo.

La situación se tornó aún más preocupante cuando el alcalde decidió recorrer personalmente el jarillón. “Soy muy curioso y le pedí a mi equipo que me acompañara a caminar hasta donde terminaba. Al ver los cambuches, llamé a la Policía, a infraestructura y a una cuadrilla para desarticular estos malos hábitos. El jarillón no está para eso. Tiene una funcionalidad específica, ser una barrera contra las inundaciones”, insistió Botero.

Su importancia

Los jarillones no son simples montículos de tierra. Son parte de una arquitectura hidráulica compleja, que incluye compuertas, chapaletas y motobombas. Todo un sistema diseñado para proteger a la población de las crecientes, especialmente en temporadas de lluvia como la que recientemente afectó la zona.

Botero también explicó que aunque han logrado liberar de ocupaciones la zona del barrio El Progreso, no se puede garantizar que estas situaciones no se repitan. “Constantemente hacemos recorridos, pero ellos vuelven. Hay zonas como San Antonio, El Edén, Progreso, Alfonso López, San Carlos, donde hay vegetación alta, caña brava y pasto que facilita que estas personas se oculten. Puede que hoy haya cambuches o puede que no, pero es una constante vigilancia”, señaló.

En este esfuerzo por proteger los jarillones, la administración municipal ha trabajado de la mano con la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder). “La articulación con CARDER ha sido efectiva. Siempre que hay una situación, hacemos la solicitud para que nos apoyen. También trabajamos con la Policía y la Gobernación. Nadie sabía que eso estaba pasando hasta que fui y lo verifiqué personalmente”, puntualizó el alcalde.

Desde Carder

El director de la Carder, Julio César Gómez se mostró preocupado por la falta de conciencia ciudadana frente a esta infraestructura vital. “Es lamentable que todavía en La Virginia la gente no haya interiorizado la importancia de esa arquitectura hídrica. Se siembra sobre los jarillones, se tienen animales pastando, se perfora la estructura. Es muy triste ver cómo algo que ha funcionado perfectamente por 14 años lo estamos destruyendo”, afirmó.

Gómez hizo un llamado a la comunidad: “Pedimos respeto y cariño por esa infraestructura. Los jarillones no son solo montículos de tierra, son la vida misma de los habitantes de La Virginia. Fueron construidos con el propósito de proteger a todos, pero si no hay conciencia, estamos caminando hacia una tragedia”.

El llamado de las autoridades es claro, la comunidad debe asumir un rol activo en la protección de los jarillones. No solo evitando invadirlos o dañarlos, sino denunciando cualquier actividad irregular. “El llamado es a mejorar nuestra cultura ciudadana. Las inversiones públicas son para proteger y mejorar la vida de todos. Pedimos que nos ayuden a cuidar los jarillones. Los operativos con la Policía serán constantes. No vamos a permitir que hagan un mal uso de ellos”, concluyó el alcalde Botero.

En un municipio históricamente golpeado por las inundaciones, los jarillones no son una opción, son una necesidad.

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