El fuego dentro del Palacio: crónica de los días 6 y 7 de noviembre de 1985

Entre disparos, rehenes y llamas, el M-19 irrumpió en el Palacio de Justicia exigiendo un juicio político al presidente.

La mañana del 6 de noviembre de 1985, el centro de Bogotá parecía vivir una jornada cualquiera. A las 10:00 a.m., un comando del M-19 ingresó al Palacio de Justicia por el sótano, sorprendiendo a las autoridades. “Cuando llegué a la Plaza de Bolívar comenzó la balacera. Llamé a la emisora y dije: ‘El M-19 acaba de tomarse el Palacio de Justicia’”, recuerda Julia Navarrete Mosquera, testigo directa.

El comando, compuesto por 35 guerrilleros, tomó como rehenes a magistrados, funcionarios y ciudadanos. A las 11:00 a.m. los disparos se multiplicaban y el Ejército rodeó el edificio. Desde el aire, helicópteros vigilaban mientras los tanques se posicionaban en la Plaza.

El fuego y el caos

A mediodía, los primeros rehenes fueron liberados, entre ellos allegados a figuras del poder. “Sacaron primero a los familiares de altos funcionarios. Después comenzó la ‘fiesta’: todo se volvió fuego y humo”, relata Navarrete.

Hacia la tarde, el Palacio estaba en caos. El fuego se propagó rápidamente por los archivos judiciales del primer piso, consumiendo expedientes cruciales. “Los guerrilleros estaban arriba cuando comenzó el incendio. Eso lo provocaron los militares para borrar procesos en su contra”, sostiene la periodista.

El calor y el humo hicieron imposible el ingreso de los bomberos. Desde la distancia, observaban cómo el edificio símbolo de la justicia se desmoronaba entre llamas.

El amanecer de la tragedia

Durante la madrugada del 7 de noviembre, el enfrentamiento continuó. Los sobrevivientes que salían eran llevados a la Casa del Florero, donde muchos fueron interrogados y nunca regresaron. “Vi cuando sacaban a los de la cafetería, muchachos que conocíamos bien. Salieron vivos, cogidos de la cintura, pero jamás se volvió a saber de ellos”, relata Navarrete.

Al final de la tarde, el Palacio era ruina y ceniza. Más de 130 personas murieron, incluidos casi todos los magistrados de la Corte Suprema, y muchas personas desaparecieron sin dejar rastro.

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