La Catedral que se conoce en la actualidad no era la misma de hace 25 años, fue un arduo trabajo de reconstrucción y de reliquias encontradas.
Amparo Jaramillo de Drews, es una pereirana a carta cabal, su amor por esta tierra la ha llevado a ser una de las figuras más notorias de la sociedad, en ella recayó la responsabilidad de coordinar el equipo interdisciplinario que le devolvió a la ciudad y a los fieles católicos, su templo más importante.
“Días después del terremoto visité la Catedral y vi a un señor resanando una grieta, eso me alertó porque se evidenciaba que el trabajo allí debía ser otro. Me puse en contacto con Monseñor Suescún, obispo de Pereira y me dijo usted es la persona que yo necesito para ese trabajo. Menos mal la Catedral tenía un seguro, porque no sé qué habríamos hecho, este era por $800 millones y con eso arrancamos, después fue la ayuda del Forec y también poníamos la totuma pero no para esas millonadas”.
La iglesia del obispo
El terremoto tuvo nueve réplicas y en cada una de ellas los pereiranos se aferraban a su fe con más fuerza, pero el lugar donde entraban a pedir clemencia, no se encontraba en condiciones de seguridad para recibirlos y la tristeza colectiva no hallaba un bálsamo reconfortante para tanto dolor.
“Después de estudiar con profundidad los daños, encontramos dos grietas muy preocupantes que pasaban de lado a lado a estructura y en esos puntos pude evidenciar que debajo había algo más y les ordené que siguieran quitando el revoque. Para sorpresa de todos hallamos la fachada original, no sabemos por qué pero algún párroco decidió tapar el ladrillo y pintar, a eso lo llamé desvestir la iglesia”.
Fueron 16 años que doña Amparo le entregó a la Catedral, la conoce mejor que nadie, sabe que hay cosas que quedaron a disgusto y que todavía existen pereiranos que extrañan la iglesia anterior. Además, reconoce que quedaron obras estructurales sin terminar, que nunca se han logrado hacer y desconoce si existen los seguros correspondientes.

Desenterrando la historia
Algo en su corazón le decía que buscara, que había algo más. “Es lo más maravilloso que nos ha pasado en mucho tiempo. La iglesia hasta ese momento era un poco extraña, pues en la parte de atrás era un románico muy serio, muy bonito y adelante tenía arquitectura neoclásica que cambiaba mucho su aspecto, pero nuestros abuelos no tenían porqué saber eso, un estilo muy particular para nosotros, porque el románico es muy antiguo”.
Cuando se dispusieron a quitar el zócalo de madera que tenía en todo el derredor, en una columna encontraron los restos del padre Remigio Antonio Cañarte y después las cajas que contenían los de Guillermo Pereira y Jesús María Ormaza, que fueron analizados por el arqueólogo físico de la Universidad Nacional, José Vicente Hernández, quien les informó que el padre y don Jesús María, sí eran efectivamente, pero la caja que decía Guillermo Pereira, correspondían a un esqueleto de mujer. Por voluntad de la familia Ormaza, los restos continúan en el lugar que fueron hallados y no se trasladaron al mausoleo de los refundadores que está en la cripta.
“El cielo falso estaba totalmente agrietado y no teníamos planos, entonces al quitarlos fue que descubrimos la estructura de madera que hoy se puede disfrutar y es una gran joya. Son 12 mil palos de madera de comino traídos desde La Pastora, lo que los hace invaluables, igual pasó con los ladrillos, dos millones de ladrillo Tolete y uno se pregunta cómo tan poquitos pereiranos pudieron recoger tal cantidad”.
Al momento de cambiar el piso hallaron cinco esqueletos, la prueba reina para ella de que Cartago viejo y nuevo son una sola ciudad. Llegaron entonces los arqueólogos Martha Cano, Carlos Eduardo López y Luz Marina Mora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh). “Les hicieron prueba de Carbono 14 que reveló que eran españoles del año 1600, uno de ellos (el vasco) tenía una herida de flecha en la cabeza, pero otra vez había una mujer, se encontró que era una mujer que no había recibido malos tratos, a lo mejor pariente de alguno de los españoles o una encomendera, quizá quien encontró el lienzo de Nuestra Señora de La Pobreza”.

¿Semana Santa sin catedral?
Se acercaba la Semana Santa y la Catedral, en palabras de doña Amparo, parecía una ruina de Egipto. “El Obispo me dijo que necesitaba que estuviera lista para esos días y cuando les dije que lo mejor era buscar otra iglesia, casi le da un infarto al padre Valencia, que era el párroco”. Efectivamente cerraron La Pobreza y doña Amparo vio un lote ahí mismo en la Plaza, viajó a Bogotá y el dueño le dijo: “Se lo presto para que hagan una iglesia, pero no se puede antojar de dejarla ahí, me tiene que entregar el lote como está”.
El reconocido arquitecto Simón Vélez, regaló los planos y la dirección de la obra, Gabriel Germán Londoño gran parte de la guadua y en 60 días, hasta el Miércoles Santo por la noche cuando trastearon las bancas, quedó lista la Catedral auxiliar y los pereiranos hicieron la Semana Santa de 1999, en total tranquilidad. Aquella iglesia duraría en aquel lugar dos años más, tiempo que se tomó poder volver a ocupar La Catedral.
Dato
El 31 de enero de 1906, se registró un fuerte terremoto de 8,8 frente a las costas de Ecuador. A este se le conoció como el terremoto de América y Pereira no fue la excepción, la Catedral perdió la cúpula central.
Cifra
8 meses se tardaron solo en bajar y volver a poner ladrillo por ladrillo, los cuales estaban numerados en negro y rojo para saber qué lado iba hacia dentro y cuál para afuera.



