Otoniel Arango Collazos
Columnista
Cuando estaba en la Escuela Primaria, una profesora me puso a hacer unas planas con la frase ?Estudia y no serás un esclavo más?; en la Universidad Libre me recibi? el Escudo del alma mater que reza Scientia Fons Libertatis, que en resumen reitera lo que desde chico me inculcaron los profesores, la ciencia, el conocimiento, garantizan la libertad del ser humano.
Lo anterior para resaltar, que por allí en el año de 1968, los doctores Rodrigo Rivera Correa, Daniel Becerra Piedrahita y Eduardo Jaramillo Gonz?lez, unos verdaderos quijotes, se impusieron la tarea de brindar a los risaraldenses la oportunidad de acceder a la educaci?n superior a muy bajos costos, porque desplazarse a la capital de la rep?blica o a otras latitudes, implicaba grandes gastos para los padres de familia.
Con el fin de dar plena legalidad a su odisea, entraron en conversaciones con la Universidad Libre de Colombia, cuya Consiliatura autoriz? el funcionamiento provisional de la Facultad de Derecho en diciembre de 1969. En 1973 inici? labores la Facultad de Econom?a gracias a la decidida intervenci?n de los doctores Alberto Mesa Abad?a y Octavio Barbosa Cardona. Posteriormente el doctor Jaime Arias L?pez, propici? la creaci?n de la Facultad de Contadur?a, en el año 1990 y hoy en d?a son muchas las facultades con las que cuenta la institución.
Como egresado y ex profesor de la Libre, puedo certificar que la intenci?n de su fundador el General Benjam?n Herrera, de brindar estudios superiores a las clases menos favorecidas fue una realidad, por lo menos en mi ?poca de estudiante, pues en el año 1979 pagaba algo as? como $13.400 pesos por el año, cuando el salario m?nimo para la ?poca era de $3.450 pesos, lo que significaba que uno pagaba menos en la Universidad, que en cualquier colegio privado. Desconozco los costos actuales, pero en todo caso no debemos olvidar la intenci?n inicial de beneficiar a los más necesitados bajo el principio fundante de Libertad Igualdad y Fraternidad y teniendo en cuenta lo que el mismo General Herrera predicara: ?Ese moderno establecimiento debe ser una escuela universal, sin restricciones ni imposiciones,; ese hogar espiritual debe ser ampl?simo templo abierto a todas las orientaciones del magisterio civilizador y a todas las sanas ideas en materia de educaci?n?. Eterna gratitud con mi alma mater, que me abri? caminos inimaginables en la vida y me otorg? el honor de devolverle en algo como docente, lo mucho que aprend? como dicente, sobre todo en el campo de la honradez y pulcritud en el ejercicio profesional.

