770 mil estudiantes desertados en 2023

Hace referencia a la educación formal: Primaria, Básica y Secundaria. Entre 2019 y 2022, la deserción en primaria aumentó en 1.9 p.p. La reprobación en secundaria aumentó en 1.6 p.p. En 2022, frente al nivel nacional la deserción en secundaria de Risaralda estuvo por encima en 3.3 p.p. y la reprobación en transición estuvo por debajo en 0.5 p.p.
El modelo de Escuela Nueva había sido experimentado con éxito en zonas rurales apartadas de algunos países europeos. La Unesco, en la primera reunión internacional de Ministros de Educación celebrada en Ginebra (Suiza) en 1961, recomendó poner en marcha el programa “Escuela Nueva” en los países del tercer mundo.
La Promoción Automática, hacía del programa, un modelo escolarizado de educación formal, como respuestas a la dispersión poblacional de las zonas rurales y a la heterogeneidad de edades y culturas de los estudiantes (colonos, negros e indígenas), programa que en Colombia empieza a implementarse a partir de 1970, para responder a los problemas de repitencia, deserción y baja calidad de la educación primaria rural.
Después de 54 años, los resultados son agridulces, frente a las expectativas generadas en las variables cobertura y más y mejor infraestructura. Hoy en términos generales, tenemos menos matrículas (urbana y rural) y colegios vacíos.
Son diferentes los síntomas que vienen señalando el fracaso de los anteriores ideales: altas tasas de analfabetismo, deserción y repitencia escolar, y bajos niveles de logros académicos en los aprendizajes básicos (ingles, matemáticas, lectura crítica, sociales y ciencias), entre otros. Lo más grave es que esta problemática, se ubica precisamente en los sectores más desprotegidos de la sociedad, hacia los que supuestamente estaban orientados los mejores esfuerzos de esta propuesta.
El Dane realizó un censo de Educación Formal en donde descubrió que “en 2023 se matricularon 10,27 millones de estudiantes, mientras que al cierre del año pasado se encontraban registrados 9,5 millones de niñas, niños y adolescentes: 7,6 millones pertenecían al sistema público mientras que 1,8 millones hacían parte de instituciones privadas”. Conclusión, 770 mil estudiantes desertados.
Fuera del trauma del estudiante desertado, los colegios han enfrentado a una difícil situación financiera de acuerdo con el Directorio Único de Establecimientos Educativos, que reportan que “en los últimos dos años, 769 colegios privados han tenido que cerrar sus puertas en el país: 170 de ellos en Bogotá y 60 están en el proceso de cierre”. Los más afectados, principalmente estudiantes y colegios de secundaria.
Ante este problema, la institucionalidad no se ha quedado quieta. Ha implementado lo que ha denominado, Estrategias Institucionales. Son varias las causas detrás de este fenómeno, incluyendo factores económicos, sociales y académicos. Se identifican como mayores causas, dificultades económicas (muchos estudiantes se ven obligados a abandonar sus estudios para trabajar y contribuir al sustento familiar); bajo rendimiento académico (falta de motivación y el sentimiento de fracaso escolar son factores determinantes en la deserción) y factores socioemocionales (problemas familiares, violencia y falta de apoyo social incrementan el riesgo de deserción). Ese cuadro trae como consecuencias, el abandono escolar, que no solo limita las oportunidades de desarrollo personal y profesional, sino que también aumenta el riesgo de desempleo y pobreza. Entre las acciones destacadas se incluyen: fortalecimiento de la Infraestructura educativa (mejora de las condiciones físicas y dotación de recursos educativos); corresponsabilidad familiar (involucrar a las familias en el proceso educativo); programas de acompañamiento académico (tutorías y orientación vocacional para estudiantes en riesgo; monitoreo y evaluación (Simpade y Simat).
A manera de conclusión. La deserción escolar en Risaralda afecta a estudiantes de primaria y secundaria. Las estrategias para combatirla deben ser lideradas con políticas institucionales. Las secretarías de educación deben trabajar en conjunto con las comunidades educativas para mejorar la calidad del servicio educativo. Este enfoque institucional es esencial para asegurar que las estrategias implementadas sean sostenibles y efectivas a largo plazo, brindando a los estudiantes la oportunidad de desarrollarse plenamente.

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