Iv?n Tabares Mar?n
Columnista
Es muy lamentable que la campa?a contra el adoctrinamiento se haya reducido maliciosamente a una pelea más entre el uribismo y la izquierda, de la misma forma como se manipul? la discusi?n del plebiscito tramposo. No tiene ninguna autoridad el Centro Democr?tico para presentar un proyecto de ley contra el adoctrinamiento en colegios y universidades, porque ?lvaro Uribe V?lez restableci? la c?tedra de religi?n para ?pagar? los votos de los cristianos que lo apoyaron en su campa?a.
Es como si hubiese habido un acuerdo t?cito entre distintos sectores del magisterio: ?ustedes sigan con sus clases de religi?n mientras nosotros damos un toque marxista a las clases de filosof?a y sociales?. Y todos muy contentos preparando el fin de nuestra democracia.
Todos los colombianos hemos sido adoctrinados en materia religiosa y política en colegios y universidades. Hasta los manuales marxistas hablan de eso cuando plantean que en los aparatos ideol?gicos del Estado se incluyen la familia, la educaci?n y los medios de comunicaci?n; pero en Colombia esos aparatos ideol?gicos funcionan al rev?s pues, en lugar de ser el soporte de la democracia liberal o burguesa, buscan destruirla.
Obviamente, no es un fen?meno exclusivo de nuestro pa?s. En toda Latinoam?rica los sindicatos de maestros hacen lo mismo. AMLO, el presidente de M?xico, llevado al poder por la izquierda, va a derogar la ley de reforma educativa que inclu?a la evaluaci?n de los maestros, algo que se logr? en el gobierno anterior gracias a la colaboraci?n de una ONG que no solo denunci? la corrupci?n de los sindicatos de maestros, sino que también los enfrenta abiertamente.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha iniciado una campa?a para suprimir la ?Pedagog?a del oprimido?, de Paulo Freire, el mejor instrumento utilizado en Latinoam?rica por la izquierda para lavar el cerebro de los estudiantes desde cuando aprenden a leer, muy similar al que se utiliza en Corea del Norte. En Colombia ni siquiera se ha hecho un debate sobre este asunto, como si a los rectores de los colegios y a los ministros de educaci?n no les importara.
En una nota anterior denunci? un manual marxista utilizado para las clases de filosof?a. Para un maestro ignorante es más f?cil ense?ar la lucha de clases de Petro que el ser-ah? de Heidegger, la Fenomenolog?a del Esp?ritu de Hegel o el gran Otro de Lacan. La semana pasada le? una visi?n groseramente marxista de la historia que acaba de llegar de Espa?a: El siglo de la revoluci?n, de Josep Fontana.
Hasta la misma izquierda, si es honesta, debe apoyar la lucha contra el adoctrinamiento religioso o pol?tico en los colegios y universidades en lugar de estar alegando que eso es un ?error garrafal? del uribismo. No se trata de desconocer la libertad de c?tedra; al contrario, se trata de que, además de cristianismo y marxismo, los alumnos conozcan otras ideolog?as. Es por nuestro futuro y por la paz.
